Day Z T2 El Comienzo De Un Gran Conflicto

Capítulo 12

Roma: —¿Así luzco bien? —con la punta de un pie, giró hasta quedar con la mirada de su novio, esperando pacientemente su crítica.

Camisa con bolsillo negra, vaqueros sueltos y Vans del mismo color que la prenda superior. Un conjunto básico y muy del estilo de Roma. Tal y como su filosofía mantenía, no hacía falta producirse tanto para aparentar belleza. Lo sencillo termina siendo lo que resalta.

Roma: —¿Qué? ¿Estoy fea? —se alarmó ante el silencio del joven y el análisis que sus ojos hacían de pies a cabeza. En un movimiento tonto, intentó cubrirse con sus manos—. Si es así, decímelo.

Nico: —No, Roma —rio, parándose y tomando sus manos—. No es eso, es que estás muy... linda.

La sangre aceleró su paso por el rostro de la joven, encendiendo sus mejillas y delatando una timidez que Nicolás ya acostumbraba a ver.

Roma: —Gracias —mente y boca no lograron coordinar. Una simple palabra costó salir, y todo por un simple halago de parte del chico.

Nico: —Ahora que lo pienso, yo tendría que cambiarme —revisó su vestimenta, y era agobiante de ver, ya que es la que llevó los anteriores dos días. Esta era una ocasión especial, por lo que, por primera vez, se pasaría, si es necesario, horas frente al espejo—. Es decir, acá el cumpleañero soy yo.

Roma: —¡Puedo ayudarte!

«Oh, no».

Nicolás se arrepintió en lo más profundo cuando notó que Roma casi le salta a la yugular después de haber dicho eso.

Nico: —Me olvidé que ya tengo preparada la ropa —hizo un gesto de sentirse tonto, estrellando su mano contra la frente.

Roma: —¡Déjame que te muestre mis ideas! —antes de que pueda poner un pie fuera del cuarto, se aferró a su brazo y poco más se agarró de sus piernas—. Podría ser tu asesora de moda —formó con la boca una O, pareciéndose a una pequeña inocente.

Entonces, fue ahí cuando se separó de Nico y corrió hasta el armario para buscar prendas masculinas, algunas que combinaran muy bien con la imagen que proyectaba en su mente.

Nicolás empezó a ver prendas volar a través del marco de la puerta.

Nico: —Esto va a tardar mucho —volvió a sentarse en el borde de la cama, aguardando pacientemente a las recomendaciones de Roma.

Podría escapar, pero sabe que si lo hace se despertará con la cabeza despegada de su cuerpo. Y la causante de eso sería una chica con nombre de una ciudad italiana.

[...]

Stacy: —Eso tendría que ir ahí —señaló atrás y por encima de la cabeza de los demás, refiriéndose a la parte superior de la puerta.

Emi: —Tu chica tiene razón —se posicionó al costado de la rubia, para ver como ella, y no se equivocaba en lo dicho—, irá mejor de ese lado —codeó a Briggs, quien hizo un gesto gracioso con la cara, intentando no ponerse rojo por lo anterior.

Se habían puesto a decorar, casi todo el grupo, la zona cercana a la fuente principal, ya que allí festejarían y estaría la pista principal. Otros, mientras tanto, cocinaban o eran encargados de buscar diferentes adornos. Ambiente navideño, terrorífico y romántico se combinaban; la decoración no era específica, sino que variaba en su temática.

La verdad era que no sabían qué festejar. Lo principal era el cumpleaños, pero al haber estado tanto tiempo sin ser invitados en una fiesta donde haya música (si es que encontraban un parlante) y gente bailando con alegría, querían festejarlo todo a la vez: navidad, halloween y hasta año nuevo si terminaba siendo posible.

Un poco irresponsable, pero se pasarían días celebrando si de ellos dependiera.

Mica: —Por cierto, ¿de dónde sacaste estos adornos? —preguntó mientras inflaba un globo rojo con la oración «¡Feliz día de la mujer!».

Emi: —Las encontré en el almacén —contestó, lugar donde Nico quería atrincherar más futuras provisiones—. Al parecer se celebraban muchos eventos acá.

Mica: —Pues, sí, es un club social y cultural —recordó, para que todos se largaran a reír.

Lucía: —Es curioso celebrar un cumpleaños en estos días —añadió, mientras ayudaba a Stacy a colgar un cartel—. Jamás imaginé volver a hacerlo.

Emi: —De hecho, ninguno de nosotros.

Aunque la expresión de todos no se transformó en una de velorio, por dentro sus corazones se quebrantaron al recordar aquello, por más obvio que sea, y transmitieron, indirectamente, la nostalgia a cada uno de los presentes.

Algo que era cotidiano y tal vez molesto en sus vidas pasadas, ahora se les hacía extraño y peculiar. ¿Cómo la naturaleza de un golpe puede tumbar la vida de todos los seres humanos?

Maldita sea ella y el poder que confiere.

Nunca se pusieron a pensar que un evento catastrófico sacudiría sus vidas y menos que tengan que sobrevivir a él, lidiando con un cambio abrupto en su cotidianidad.

Emi: —No está mal despejarse de vez en cuando, aunque siempre estaremos atentos a cualquier cosa —comentó, en un pésimo intento de espantar la tormenta de tristeza que flotaba sobre cada uno de los presentes.

Stacy: —Lucía, ¿cuántos años tenés?

Todos se percataron de que la chica dio el paso para apartar la conversación anterior y dejarla en el olvido, por lo que todos contribuyeron en eso.

Lucía: —Dieciséis —respondió con una sonrisa.

A decir verdad, muchos se sorprendieron al conocer la edad de Lucía. No era madura como para pensar que era mayor, pero la apariencia la hacía ver mayor que ellos.

Stacy: —¿Y vos?, Damián.

Damián: —Igual, dieciséis años.

Cuando la conversación parecía haber muerto y la tristeza aterrizaría de vuelta, a lo lejos Rafael llamó la atención de todo el grupo, corriendo hasta ellos con un objeto en sus manos:

Rafa: —¡Hey, chicos! —vociferó, y todas las cabezas voltearon en su dirección—. ¡Miren lo que encontré! —levantó con las pocas fuerzas que le restaban el gran aparato electrónico.

Era un parlante moderno, posiblemente con luces LED incorporadas.




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