EONES ATRÁS, cuando en la Tierra no caminaban muchos mortales y los dioses todavía eran jóvenes, ocurrió el conflicto entre el dios del sol, Apolo, y el dios del amor, Eros. Sus diversos conflictos a lo largo del tiempo empezaron a cansar a los dioses. Y entonces el rey de los cielos, Zeus, decidió actuar.
Mientras que, Apolo prometió que el mundo nunca olvidaría a Eros, lo que se le fue otorgado al dios fue un alma gemela, algo que los dioses nunca tenían. Según las profecías del Oráculo de Delfos, su esposa sería una diosa, una diosa con un papel crucial en el futuro, pero también sería su complemento, quien llenaría su corazón y lo cuidaría.
Y como su fama lo acreditaba, el amor nunca fue sencillo para Apolo y con su alma gemela confirmada no fue diferente. Porque el destino, caprichoso y cruel, provocó que pasaran las décadas, siglos y milenios sin un solo vistazo de aquel amor. Y cuando empieza a rendirse de que ella alguna vez aparecerá, Mariya Romanova entra en su mundo sin pedir permiso.
Esperemos que Mariya no sea un nuevo nombre para una planta ¿cierto?