Daylight

Capítulo 1

"PILOTO"

Omnisciente

Lo primero que ella observó al despertarse fue el póster del conejo de Alicias en el País de las Maravillas con su respectivo reloj. Mariya estaba detestando con todas sus fuerzas haber perdido una apuesta contra sus mejores amigos y ahora tener que ver ese póster todas las mañanas.

Solo dos meses más, se decía cada vez que observaba el póster.

Realizó su rutina diaria para ir a la escuela, y al finalizar esta misma salió de su habitación mientras pensaba en que faltaban dos días para que iniciaran las vacaciones de invierno.

Al entrar al comedor, lo primero que observó fue a su hermanastro -Cadmus Rhodes- comer con una rapidez que Mariya se cuestionaba cómo era que no le dolía el estómago después.

—Nadie te va a robar la comida, Caddie —habló la azabache mientras sacudía el cabello del mencionado.

—Mary, no hagas eso —se quejó el menor de los dos con indignación—. Me cuesta arreglarme el cabello.

—Ambos sabemos que eso es mentira, tu cabello es indomable —replicó la chica con diversión.

—En eso estoy de acuerdo contigo, mi princesa —una tercera voz habló.

Mikhail Romanov era un hombre de cabello completamente azabache, alto y en sus treinta. Su complexión era musculosa debido a su profesión -luchador profesional- y amaba con toda su vida a su familia.

Con solo veinte años había adoptado a Mariya, quien desde entonces había sido su razón de ser y existir. Cuando su todo tenía catorce años, conoció a Eileen Rhodes, y no pudo evitar quedar rendido ante ella también.

La mujer también era madre soltera -en ese entonces Cadmus tenía diez- y aunque se les había complicado mucho el confesarse y aceptar sus sentimientos, ambos terminaron casándose dos años atrás. Ahora Mariya tenía dieciocho y Cadmus catorce, mientras que Eileen se encontraba embarazada por segunda vez en su vida.

—No me hace gracia tu comentario, Mikhail —espetó Cadmus con el ceño fruncido mientras dejaba su comida a un lado.

—Oh vamos, no seas un amargado.

—¿Quién es amargado? —habló otra voz.

Eileen Romanova -embarazada de tres meses- se adentró a la cocina y no tardó en darle un beso en la cabeza a los dos adolescentes, luego su esposo se colocó detrás de ella y la rodeó con sus brazos.

—Cadmus —dijeron padre e hija al mismo tiempo.

—¡Claro que no lo soy! —replicó el adolescente mientras se cruzaba de brazos.

—Lo eres a veces cariño —dijo Eileen con diversión.

Mientras que Cadmus la observó con indignación, Mikhail y Mariya se rieron a carcajadas de la reacción del adolescente.

—Muy bien muy bien —habló Mikhail intentando detener su risa—. En cinco minutos nos vamos, Leen y yo tenemos que ir con el ginecólogo.

Con esas palabras Mariya dejó de reir y Cadmus de refunfuñar, ambos empezaron a desayunar con rapidez, porque ambos conocían a Mikhail y si él decía que en cinco minutos se iban, así iba a ser.

Siete minutos después, los cuatro ya estaban en el auto. Mikhail en el asiento de conductor, Eileen a su lado y los hermanastros en los asientos de atrás.

—Tendremos que ir viendo como se instala la silla para bebés, Andrómeda solo debe tener lo mejor —habló Mariya mientras visualizaba al futuro bebé con ellos.

—¿Andrómeda? —cuestionaron Mikhail y Eileen.

—Si, fue una princesa que tuvo su final feliz —respondió Mariya.

—¿Y está segura de que será una niña?

—No lo sé, pero si es niña, Andrómeda es un buen nombre.

La conversación hacia la escuela de los adolescentes fue trivial, pero Mariya no pudo evitar pensar en el futuro. ¿Acaso ese bebé sería parecido a su padre, o a Eileen?

Cadmus no era parecido a Eileen. Mientras que la mujer tenía un cabello castaño rojizo y unos preciosos ojos azules, Cadmus tenía el cabello completamente azabaches y sus ojos eran verdes, de un verde mar. No eran remotamente parecidos físicamente.

Por otro lado, aunque Mikhail y Mariya no compartían sangre, si se parecían tanto en físico como en personalidad. Ambos tenían el cabello azabache y lacio, al igual que una tez naturalmente pálida, y los ojos de ambos eran de un tono azul grisáceo. Ninguno era particularmente amargado -amaban las bromas- y rara vez se enojaban.

Mariya empezó a cuestionarse si él o la bebé tendría el cabello castaño o azabache, si sus ojos serían como los de su padre o los de Eileen, si tendría pecas o unos cuantos lunares. Si sería niño o niña.

Lo que Mariya tenía seguro es que amaría a ese bebé con toda su alma. Después de todo, sería fruto de las personas a las que más quería, sería su familia.

Cuando llegaron a la escuela, los dos adolescentes soltaron exclamaciones dramáticas, alegando que odiaban la escuela cuando no era del todo cierto.

A regañadientes y un par de amenazas con nada de salidas -lo cual era también una broma por parte de Mikhail- salieron del auto y se adentraron a su fastidiosa escuela.

El lugar era privado, específicamente para los niños ricos, extremadamente intelectuales o con influencias. Debían utilizar uniforme -uno que ambos hermanos detestaban- pero del cual se le podían hacer algunas modificaciones sin que se llevaran un castigo -Mariya utilizaba converse de plataforma y Cadmus se dejaba suelta la corbata-

—Nos vemos en la salida ¿si? —ella se despidió con una breve sonrisa de él antes de adentrarse al lugar y dirigirse a su casillero, donde guardó sus libros y sus cosas con excepción de su lapicera y su cosas para la clase de Química Avanzada.

En el salón de clases ya se encontraba su novio y pareja, Basir Sterling. Su cabello rubio caía de forma que empezaba a tapar sus ojos, lo que seguramente le incomodaba un poco al leer. El joven se encontraba sentado en los asientos de enmedio. Según él, los mejores asientos.

El libro que se encontraba leyendo lo tenía tan atrapado que no notó cuando ella se sentó a su lado, observándolo con un cariño inmenso.



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En el texto hay: mitologia griega, romance, apolo

Editado: 01.04.2026

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