De cartas y salidas

CAPITULO 2

Mamá ya se ha llevado a Daniel a clases. El día es nublado, así que me pongo una chamarra para el frio. Podría tomar el bus, pero me decido a caminar esta vez. El aire frio golpea mi rostro, ese mismo frio calándome en los huesos. Lo ignoro, esa sensación, de cierta manera, me hace sentir vivo.

Vuelvo a hacer una lista mental asegurándome de no haber olvidado nada. Aunque no lo admito, estoy ligeramente nervioso. Me sacaron de mi otra preparatoria para cursar este último año aquí. Fue difícil hacer los tramites por lo mismo, pero lo hice, así que no me puedo andar con tonterías ahora más que nunca.

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En las primeras clases me doy cuenta lo diferente que funcionan las cosas. Debí suponerlo desde un inicio. Nada de tiempo para adaptarse. Solo espero tener las fuerzas suficientes para hacer los deberes que nos dejaran, incluso si no.

En la hora de descanso me dirijo a la biblioteca. Tenía pensado en ir a la cafetería, pero de camino no pude ignorar como todos se reunían con sus amigos, el hecho de que todos ya tienen sus grupitos definidos. ¿Qué se supone que haga? ¿Y si me vuelve a pasar lo de la ultima vez? Paso, suficientes humillaciones ya tengo. Además, distracciones es lo último que necesito.

En la penúltima hora me dirijo a la clase de inglés avanzado VI, la única materia que te acomodan de acuerdo a tu nivel (claro, sin contar las materias opcionales que te dan a escoger). Me siento al frente, en la fila pegada a la puerta. El lugar perfecto: visibilidad y sin distracciones al ver el pasillo o la ventana.

La clase se va llenando de poco a poco, la maestra Alma llega puntual. Después de veinte minutos alguien toca la puerta, lo ignoramos, la maestra sigue con su explicación. O eso intentamos, los golpes son cada vez más insistentes. Alma da un suspiro y se dirige hacia la puerta. Me es inevitable no escuchar un poco.

—Sabes que si llegas tarde no entras a la clase.

—Lo sé y por eso lo siento, pero-.

No pude oír lo demás luego de que saliera y cerrara la puerta. La maestra volvió con la clase unos segundos después y, ahora también, con el chico quien se sentó en el único lugar libre. Me resulta un poco familiar. Descarto ese pensamiento tan pronto como llegó y lo remplazo por otro. Dios me libre de trabajar con alguien así, lo último que necesito es trabajar con gente no comprometida.

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No sé cuánto tiempo llevo estudiando, supongo que fue lo suficiente como para que Daniel me dejara la comida en mi habitación sin decir ninguna palabra. Quería preguntarle cómo le fue, pero algo me dice que mamá le apagó su energía. Mejor no entrometerse.

Mis parpados empiezan a cerrarse tras unas horas, miro el reloj: 10:43 pm. Guardo mis cosas en la mochila, debería seguir repasando, pero mi cuerpo empieza a protestar. Me dirijo al baño con la intención de lavarme los dientes, aunque me quedo contemplando el espejo. Lo abro y saco de ahí un pequeño frasco de pastillas. Sin pensarlo, las tomo, el dejo amargo me hace hacer una mueca. Me pregunto cuánto tiempo pasara hasta que me acostumbre a ese sabor.



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En el texto hay: romace, bl, novela junenil

Editado: 02.01.2026

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