No han pasado ni tres semanas de clases cuando ya están dando fechas para los exámenes parciales. Las primeras horas son tranquilas, en la mayoría de las veces es solo tomar nota y prestar atención a la explicación del maestro. Ahora estoy en la biblioteca echándole un vistazo a mis apuntes, llevo leyendo el mismo renglón varias veces. Mis ojos empiezan a entrecerrarse y, aunque trato de mantenerme despierto, me dejo llevar por el sueño.
Vuelvo a abrir los ojos, mi cabeza da vueltas, pero mi primer instinto es revisar la hora en mi celular. Son las 12:52 ¡Perdí dos clases! Tomo mis cosas a la vez que dejo caer la silla al levantarme ¡Lo que me faltaba! La vuelvo a poner en su sitio y corro como si mi vida dependiera de eso. Talvez, en cierto modo, si lo hace. Ignoro las miradas de los demás, si me apresuro, aun podre llegar a inglés. Subo los escalones de dos en dos, por fortuna no hay gente. Llegue al salón, jadeo y siento mi boca algo seca, valió la pena la caída por el pasillo. Mi lugar de siempre ya está ocupado, no importa, me dirijo a uno de la otra fila hacia las ventanas.
La clase empieza normal, pero mi mente esta en blanco. Nunca pensé que contener un bostezo fuera muy difícil. Estoy a punto de quedarme dormido (o talvez me dormí un poco) cuando siento que alguien me toca el hombro. Alzo la vista, trato de enfocar mi visión. Cuando diviso mejor, me doy cuenta que se trata de un chico de cabello castaño ondulado, de tez clara, ligeramente pálido. Tardo en procesar.
—Lamento interrumpir tu siesta— se sienta en el mesabanco en frente de mi lugar—pero somos pareja en un trabajo.
Lo miro por un par de segundos más. ¡De ninguna manera! Es el mismo chico que llegó tarde la primera vez, lo reconozco porque siempre usa la misma sudadera negra. Pero, la extraña sensación de haberlo visto antes no se va.
—¿De qué era? — digo con un bostezo, mi voz suena un poco más apagada de lo que esperaba
—Nada del otro mundo— aprieta sus labios, por supuesto que se iba a contener una risa—. Hay que hacer una investigación sobre no sé qué cosas del impacto de la IA.
Supongo que me lo merezco por haberme quedado dormido.
—¿Cuál era tu nombre? Perdón, — me acomodo mejor— es solo que me lleva tiempo aprender todos los nombres.
—Iker. Y entiendo, no estaba muy seguro de que fueras Alex, pero si eres y no hice el ridículo— esboza una pequeña sonrisa.
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Nos reunimos al final de clases en la cafetería de la preparatoria (aunque Iker llegó media hora tarde), ventajas de que otros estudiantes tengan cosas que hacer aquí después de clases. Ninguno iba a poner casa. Iker, dijo que su casa es un caos; y yo, propuse quedarnos aquí, realmente no iba a traer a un tipo que no me cae y, mucho menos, que viera cómo es mi mamá.
Las horas podrían ir mejor. Nos repartimos el trabajo, aunque Iker se la pasa divagando o mirando al vacío. Ahora, se supone que se fue al baño, pero desde aquí se ve que está hablando con alguien. ¿Por qué me tuvo que tocar con él?
—Volví— dijo Iker volviéndose a sentar—. Perdón, me topé con alguien y me distraje por unos minutos.
—Esta bien— trato de sonar lo más calmado posible— solo enfócate en tu parte.
—Sin problema— vuelve a escribir en su libreta, su voz sonó energética. Envidio un poco esa energía.
El sol se empieza a meter tras unos minutos. Suspiro. Empiezo a dudar si acabaremos hoy el trabajo que se entrega mañana.
—Oye— dice con suavidad— ya es tarde y me tengo que ir— se queda observándome como si tratara de buscar las palabras—. Te propongo algo, tú hiciste más que yo, así que me llevare el trabajo a casa, mañana se lo damos a la maestra y podremos morir en paz. ¿Qué dices?
Dudo. Quisiera ofrecer más opciones, pero mis fuerzas no opinan lo mismo. Acepto. Recogemos nuestras cosas y nos despedimos.
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Me aviento contra la cama esperando sentir el sueve colchón, pero lo que sentí fue algo duro acompañado de un quejido. Me incorporo un poco adolorido. No sé a quién le dolió más, si a él o a mí.
—¿Qué haces en mi habitación? — levanto un poco mi voz confundida. Me agarró de malas.
—¿Puedo quedarme a dormir contigo? — se acurruca más contra mis cobijas.
—Lo siento, pero no. Largo.
—Solo te pido eso, como antes— casi me convence, el problema es que quiero esta noche a solas.
—¡Ya estas grande para eso, madura! — intento quitarle las cobijas sin éxito.
—No.
—¡Vete a molestar a otro lado!, ¡¿Qué no vez que no estoy de humor para aguantarte a ti y a tus babosadas?!
Daniel se quita las cobijas con brusquedad. Sus ojos están algo rojos y las lágrimas están asomándose. Se para tan rápido que tambalea, me acerco para ayudarlo, pero me rechaza.
—Dani— no pude terminar, se fue de mi habitación. ¿Lloró toda la tarde? Hasta ahora me percato de eso, todo tiene sentido ahora: solo quería consuelo y yo solo lo empeore. El solo pensamiento me revuelve el estómago.
Salgo de mi cuarto para dirigirme al suyo. Toco la puerta. Silencio.
—Dani, lo siento, déjame-
—¡Largo! — su voz suena quebrada.
No insisto. Quiero abrir la condenada puerta y decirle que todo estará bien, aunque sea una mentira que apenas y yo me crea. No lo hago, en vez de eso me quedo contemplando la puerta.
¿Qué he hecho?
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Nota de la autora
Feliz inicio de año. Solo me queda desearles a todos un increible 2026. 🤎