De cartas y salidas

CAPITULO 4

Despertar con mi hermano aun evitándome es algo que no se lo deseo a nadie. Las clases están duran una eternidad. Me miento a mis mismo, pero es inútil de convencerme lo contrario. No he hablado con mamá tampoco, aunque esta claro que algo pasó entre ellos dos e ignorarlo es algo que no puedo permitirme esta vez. No si remiendo lo de anoche.

Llego a la clase de inglés arrastrando mis pies. Vuelvo a sentarme en el lugar de siempre. Mis compañeros empiezan a entrar, ¿dónde estará? Intento tranquilizarme, es Iker, ser puntual no es algo que se le dé bien.

Los minutos pasan y la clase sigue su curso normal, Alma nos dijo que tenemos hasta el final de la clase para entregar el trabajo. Y en toda la clase lo único que puedo hacer es mirar la puerta. Nada, ni siquiera ese horrible sonido insistente de él tocando la puerta. Si tuviera su número, su buzón tendría dos mil llamadas y medio millón de mensajes.

La clase llegó a su fin. Me paro para decirle a la maestra. Si no iba a venir, ¡¿por qué carajos se ofreció a llevarse el trabajo?! Inhalo y exhalo. Quizás estoy siendo un poco injusto, quizás se enfermó o paso algo. No suena mejor, pero al menos es más entendible así.

—Maestra—me rasco las manos. Es un tic nervioso que tengo desde siempre— quería decir que mi compañero faltó y él es el que tenia el trabajo. ¿Podría entregárselo mañana?

La maestra se queda en silencio por unos segundos. Ya es todo, no aceptara el trabajo, me bajara la nota y…

—Escucha—me interrumpió de mis pensamientos— comprendo que tu compañero no haya venido. Pero si es importante que tenga algún justificante para que se los pueda recibir. ¿Entendido?

—Pero no es mi culpa que no haya venido— trato de contener mi volumen.

—Y lo entiendo, pero si tu compañero no entrega un justificante no podré aceptar el trabajo. Fue un trabajo en parejas, aún así vere que puedo hacer por ti.

Asiento, me despido y salgo. Nunca pensé que podía odiar tanto a un profesor, hasta que llegó Alma con su “lo entiendo”, no, no entiende nada esa vieja. Ojalá Iker tenga una muy buena razón porque no veo otra forma mejor para solucionar esto.

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La tienda de abarrotes de la esquinita tiene buenos precios. Casi no voy, pero no estuvo mal pagar por un paquetito de mazapán a treinta pesos. Los guardo en mi mochila.

Ya en la casa no me inmuto saludar a mi madre, subo directo a las escaleras. Me detengo afuera de la recamara de Dani, ¿cuál es la probabilidad de que me reciba con almohadazos? Alta, aunque pensándolo mejor no suena tan mal. Toco una vez: nada. La otra, igual.

—Dani, abre o entro yo.

—¡No! Vete, quiero estar solo.

Suspiro. Por primera vez mi mochila pesa más que otras veces.

—Esta bien, pero me quedo con la sorpresa entonces— estoy preparado para simular que me voy cuando abre la puerta. Hago una pequeña sonrisa.

Dani cierra la puerta una vez dentro. Su habitación esta, para mi sorpresa, limpia. Tiro mi mochila y, sin esperar una invitación, me recuesto en su cama.

—Oye— me lanza un cojín que lo tenia en la esquina de la cama—¿cuál es la sorpresa?

Me inclino para poder agarrar mi mochila. Saco con cuidado la caja y lo agito frente suyo.

—¿Qué te parece? — le paso la caja a Dani quien estaba en la silla. La sonrisa en su rostro, acompañada de sus ojos marrones brillando, lo dice todo— Es mi ofrenda de paz.

—Ofrenda aceptada— se apresura a abrir la caja. Me ofrece uno, pero declino.

—Lo siento. Ayer no estaba de buenas, pero no es excusa de haberte tratado así anoche.

Se queda pensativo. Me contengo a darle un abrazo, nunca se me ha dado ese tipo de afecto.

—Está bien— la sonrisa de hace unos instantes es reemplazada por una melancólica— tampoco ayudé mucho anoche.

Ninguno dice algo más. No sé si sea buen momento, pensándolo bien, ¿cuándo lo será? En momentos como estos, la ayuda de un manual sería más que suficiente, pero no existe tal manual. Nunca lo habrá.

—¿Estas bien? — la voz preocupada de Dani me trae de vuelta, debí de estar mirando mucho a la nada para que preguntara. Supongo que es ahora o nunca.

—¿Qué pasó ayer en la tarde mientras estaba en la prepa?

Se sobresalto ante la pregunta, talvez no tuve que ser tan directo, aun así, ya no hay vuelta atrás.

—Dani, hablo en serio. No tienes que decirme ahora, pero para eso están los hermanos mayores. Me tienes a mi y yo te tengo a ti. No tienes que cargarlo solo mientras yo este.

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Mis dedos ya empezaron a masajear con brusquedad el dorso de mi mano. Esta enfrente de mí, distraída en la cocina. Trago saliva. De esto puede salir o mal o terriblemente mal.

—Mamá.

Se mueve para poner unas verduras ya cortadas en la sartén. Me ignoro. Vuelvo a intentar, el mismo resultado.

—¡Mamá!

Se detiene por unos instantes. Hasta acá puedo escuchar su respiración. Mi corazón late tan rápido que siento como en algún momento se detendrá. Y no miento cuando deseo eso.

—¿Es urgente?, ¿no vez que estoy ocupada? — sigue enfocada en la comida. Agradezco eso.

—Sabes perfectamente qué pasó— mi respiración se vuelve pesada en cada respiro—¿Por qué con él? Entiendo tus razones hacia mí, pero nunca entendí las de él.

Se da la vuelta para verme. Siento que en cualquier momento mis piernas van a fallar.

—¿Puedes dejar de hacer preguntas por una vez en tu vida?

—Lo haría si tan solo me respondieras por una vez.

—Lo que haya pasado ayer no es problema tuyo, tú enfócate en tus estudios, eso si es de tu incumbencia— vuelve a girarse para seguir con la comida.

—¡Es mi hermano! ¡Claro que me importa si le dices que es un fracasado inservible como ayer! — Me quedo atónito por lo que he dicho. Nunca le habia levantado la voz. Mi respiración se vuelve a acelerar y a empezar a doler la cabeza.



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En el texto hay: romace, bl, novela junenil

Editado: 26.01.2026

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