Despierto con mi cabeza palpitando. A duras penas logro sentarme. Un quejido sale de mi boca cuando un dolor agudo se hace presente en mi espalda. No sé cómo soy capaz de alistarme para ir a las clases. Después, me dirijo a la habitación de Dani quien sale con su mochila negra cargado de un hombro. Esta vez soy yo quien lo llevará. Su secundaria está relativamente cerca de mi preparatoria, aun así, salimos de casa más temprano de lo habitual. Podría pasar algún contratiempo y eso no es negociable.
La ciudad aún esta oscura. Se puede oír el leve andar de los autos, me pregunto a dónde se dirigen, probablemente al trabajo, pero aún así es inevitable no preguntarse eso. Una ráfaga de viento me hace estremecer, no me quejo, lo prefiero más que al calor, ¿quién en su sano juicio preferiría el calor?
Esperaría que Dani preguntará si le compro algo de comer de cada local de comida que cruzara sus ojos, pero no lo hace, en cambio se queda callado todo el camino. Nunca pensé que sería yo el que iniciara la conversación.
—¿Se te antoja algo? — digo al pasar en frente de una pequeña panadería. Solo se limita a negar con la cabeza. No digo más.
A veces me pregunto si estoy siendo un buen hermano mayor, si lo cuido bien, o si lo hago sentir querido. ¿Debería preguntarle sobre sus pensamientos? No quiero sonar insistente con él, Dani aprecia su privacidad aunque no lo demuestre. Suspiro. ¿Qué hago yo tomando un papel que no me corresponde? Y no me refiero al rol de un hermano.
Llegamos tras unos minutos más. Dejo a Dani en la entrada y nos despedimos. Me doy la vuelta para irme cuando oigo unos pasos venir con rapidez. Me giro, Dani me envuelve con sus brazos. Tardo unos segundos en reaccionar, talvez es uno de esos días para Dani. Levanto mis brazos para corresponder a su abrazo, puedo sentir como tiembla un poquito por el frío.
—Gracias— su voz suena entre cortada—. Gracias por quererme.
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Las horas pasan en un borrón. Voy a mi locker a dejar un par de libros, talvez mi espalda decidió protestar por la sobreexplotación al cargar con mi mochila. Y no me quejo, lo último que quisiera es cargar con más peso y hacer enfadar más a mi espalda.
Ya hay algo de gente cuando llego al salón, tomo asiento y me percato que la persona quien habla con la maestra es Iker. Cruzamos miradas cuando Iker se dirige a su lugar al fondo del salón, aunque la desvía algo avergonzado al instante.
No sé en qué momento empecé a despellejar la yema de los dedos.
La clase llega a su fin, todos se retiran dejándome solo con Iker quien está recogiendo sus cosas. Me acerco hacia él. Cierra abruptamente su mochila al percatarse que estamos a un metro de distancia. Miro su mochila algo extrañado, mejor no saber. A veces la ignorancia te hace feliz.
—Perdón, es solo que tengo un basurero— hace una sonrisa un poco forzada. Para ser francos, no me importa lo que sea que esconda, es libre de ocultar lo que sea que tenga ahí adentro.
—Solo quería saber qué pasó con el trabajo de inglés—digo con un tono neutral, aunque esbozo una pequeña sonrisa.
Desvía su mirada al suelo. La palidez de su piel deja muy en visto sus mejillas teñirse de rojo. Para nada me está guastando esto.
—¿Entonces? — insisto al notar que no dirá nada.
Vuelve a levantar la mirada, aprieta sus labios. Algo me dice que lo voy a matar.
—Digamos que se me olvido en casa.
—¿Al menos tienes justificante? — trato de contenerme—. Así podemos decirle algo a la maestra o al menos conseguir que se apiade de nosotros.
—¿Cómo te digo que no tengo justificante? — suelta una risita nerviosa.
—¿Qué?
—¿Lo explicaría si te dijera que falte porque me quede dormido?
—Pero puedes entrar a la hora que sea al campus.
—Digamos que se me olvido que teníamos esa entrega—su voz baja de tono con cada palabra que dice.
Me quedo observándolo fijamente. No digo nada. Voy a matar a este hijo de-
—Pero ya veré que puedo hacer y-
—¡Mi calificación me importa!—Mi respiración se volvió más rápida—. Si a ti te da igual, ¡Perfecto! ¡A mí no!—Siento un poco de calor subir por mi cuello—Mínimo me hubieras avisado que te vale un carajo.
—Oye, de verdad lo sien-
—Traté de entender tu falta, ¡pero tengo una beca que mantener!, ¡y no pienso perderla por alguien irresponsable como tú!
Su boca esta levemente caída. Está a punto de decir algo, pero no lo hace. Vuelve a cerrar la boca y mirar el suelo. Salgo a paso rápido del aula antes de que siquiera pueda desquitarme más. Que los trabajos en parejas o en equipo se vayan a la mierda.
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Mi estómago no ha dejado de rugir desde hace unas horas. Llevo estudiando desde que regresé de la escuela, no voy a perder tiempo en el que puedo estudiar para comer. Es mejor esto que pensar en lo ocurrido de hace unas horas, ¿por qué me tuvo que tocar con él? Mi vida hubiera sido mil veces mejor. Reviso los apuntes por octava vez, cuando alguien abre la puerta.
—¿Algo qué quieras decirme?
Siento mi corazón dejar de latir por un microsegundo. Mi piel se vuelve de gallina. Volteo con algo de lentitud hacia la entrada.
—Primeros días de septiembre, bonita forma de iniciar el ciclo—dice con sarcasmo.
Lo olvidé, ¿cómo pude hacerlo? Cada inicio de cada mes... Y las calificaciones se actualizan a diario... Dios, soy yo de nuevo. Por favor, que esto termine rápido.
—Solo tienes una obligación, ¿necesitas que te la repita? — su voz aparenta una calma forzada— ¡Mírame cuando te hablo— escucho sus pasos venir hacia mí. Levanto la mirada para verla, su cara es de color rojo, hasta acá se puede sentir su respiración—¡Solo tienes una obligación y no la cumples!, ¿tan difícil es o tú no puedes hacer algo simple, eh?
Mi corazón late tan rápido que siento que explotará. Toco las yemas, siento un cosquilleo leve, como si tuvieran mis temas un corazón propio. Quiero defenderme, decirle que se equivoca o al menos explicarle, pero el nudo en la garganta me lo impide.