De Dama A Reina

Capítulo 5 - El Jardín Secreto

Patrizia levantó lentamente la cabeza.

La persona frente a ella sostenía el último libro que había caído del estante.

Era una mujer.

Una mujer joven.

Hermosa.

De facciones delicadas y expresión agradable.

Y cuando sus ojos se encontraron, Patrizia sintió cómo toda la sangre abandonaba su rostro.

La conocía.

Por supuesto que la conocía.

¿Cómo podría olvidarla?

Aquella mujer había estado sentada junto al Emperador el día de la ejecución.

Había observado la muerte de Petronilla.

Había visto morir a Patrizia.

Y en su anterior vida, su nombre había terminado asociado a prácticamente cada desgracia que había caído sobre la familia Grochester.

Rosemond Mary la Phelps.

Rosemond.

La mujer sonrió.

—Tienes que ser más cuidadosa.

Extendió ligeramente el libro hacia Patrizia.

—¿Estás bien?

Patrizia abrió la boca.

—Ro...

Se detuvo.

El nombre murió antes de abandonar completamente sus labios.

Su corazón comenzó a latir con violencia.

No.

No podía hacerlo.

No podía llamarla Rosemond.

No podía reconocerla.

En aquel momento, la relación entre la baronesa Phelps y el Emperador no era de conocimiento oficial.

Los rumores existían.

Naturalmente.

Pero Patrizia jamás había conocido personalmente a Rosemond antes de que Petronilla se convirtiera en reina.

Mucho menos había tenido motivos para reconocer su rostro.

Si decía su nombre ahora...

Rosemond preguntaría cómo lo sabía.

Quizá informaría a Lucio.

Y entonces Patrizia tendría que explicar algo imposible.

No.

Debía actuar como una desconocida.

Como Lady Patrizia Le Grochester de diecinueve años.

No como la mujer que había muerto tres años en el futuro.

Patrizia respiró suavemente.

Una vez.

Dos.

Controló su expresión.

Después tomó el libro de las manos de Rosemond.

—Estaba intentando alcanzar un volumen sobre el príncipe heredero Gilde.

Inclinó ligeramente la cabeza.

—Muchas gracias, mi señora.

Rosemond observó el libro.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—No hay problema.

Patrizia esperaba que aquello terminara allí.

No lo hizo.

—Aunque...

Rosemond señaló el volumen.

—Creo que te refieres al príncipe heredero Rogilde.

Patrizia miró rápidamente la portada.

Maldita sea.

—Ah.

Rosemond soltó una pequeña risa.

—No hay muchos nobles que conozcan ese nombre.

Sus ojos adquirieron un brillo curioso.

—Es una figura bastante oscura de nuestra historia.

Patrizia sintió inmediatamente que debía tener cuidado.

Rosemond no parecía hostil.

Todo lo contrario.

Su tono era amable.

Casi amistoso.

Pero Patrizia conocía demasiado bien el futuro como para relajarse frente a ella.

—Me interesa la historia imperial.

Respondió.

—Aunque parece que mi memoria no es tan buena como creía.

Sonrió con cierta vergüenza deliberada.

—Es un poco embarazoso confundir el nombre mientras busco un libro sobre él.

Rosemond volvió a reír.

—No creo que sea tan grave.

Patrizia sostuvo su sonrisa.

Por dentro solo quería marcharse.

Era extraño.

Durante años había imaginado cómo reaccionaría si pudiera volver a encontrarse con aquella mujer.

Había pensado en odio.

En furia.

Tal vez en acusaciones.

Ahora que Rosemond estaba realmente frente a ella...

No podía hacer nada.

No debía hacer nada.

La mujer todavía no le había causado ningún daño.

No en aquella vida.

No existía crimen por el cual Patrizia pudiera juzgarla.

Ni siquiera podía demostrar que Rosemond hubiera sido realmente responsable de la tragedia de Petronilla.

Todo lo que tenía eran sospechas.

Recuerdos.

Fragmentos.

Y un futuro que todavía no había ocurrido.

Rosemond bajó ligeramente los ojos.

Entonces reparó por completo en el vestido blanco de Patrizia.

Su expresión cambió.

No mucho.

Solo una pequeña pausa.

Un destello de reconocimiento.

Patrizia lo notó.

—Ese vestido...

Rosemond recorrió a Patrizia con la mirada.

—Debes ser una de las candidatas a reina.

Patrizia sintió una incomodidad inmediata.

—Así es.

Rosemond sonrió.

—Qué interesante.

Patrizia no respondió.

Durante un segundo se preguntó si Rosemond habría memorizado ya los nombres de las cinco candidatas.

Probablemente sí.

En su vida anterior había aprendido que aquella mujer prestaba mucha más atención a las cuestiones de la corte de lo que aparentaba.

Rosemond inclinó ligeramente la cabeza.

—Pero ¿Qué haces aquí?
—¿Aquí?
—En la biblioteca.

Señaló vagamente los estantes.

—Creía que las candidatas estaban realizando la segunda prueba.

Patrizia guardó silencio durante medio segundo.

¿Cómo sabía eso?

Naturalmente, no resultaba imposible.

Los habitantes del palacio hablaban.

Los sirvientes escuchaban.

Los rumores circulaban con una velocidad impresionante.

Pero seguía siendo información suficientemente específica para una mujer cuya posición oficial Patrizia supuestamente desconocía.

—Parece bastante informada, mi señora.

Dijo con suavidad.

Fue una frase cortés.

Nada más.

Pero Rosemond entendió la pequeña pregunta escondida detrás de ella.

¿Quién eres?

La mujer sonrió serenamente.

—Cuando vives en el Palacio Imperial durante suficiente tiempo, terminas escuchando muchas cosas.
—Comprendo.

Patrizia dio un pequeño paso hacia un lado.

No demasiado rápido.

No quería parecer ansiosa por marcharse.

Rosemond continuó observándola.

Patrizia decidió tomar la iniciativa.



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En el texto hay: mentiras, renacimiento, amor celos

Editado: 05.09.2026

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