Mientras Vania se movía entre las sombras de la catacumba, Julian, a kilómetros de distancia en su búnker, sentía que sus dedos volaban sobre el teclado mecánicamente. Su misión era simple: inutilizar el visor táctico de Marcus y bloquear las comunicaciones de los mercenarios de Bosh.
—Vania, estoy dentro de su red local. Voy a cegarlos en tres, dos, uno...
Julian ejecutó el comando de sobrecarga. Esperaba ver cómo los iconos de los enemigos se volvían grises. En cambio, su pantalla se tiñó de un rojo violento y un mensaje apareció en el centro de su terminal:
> HOLA, JULIAN. HACE TIEMPO QUE NO JUGÁBAMOS.
Julian sintió un escalofrío. Esa sintaxis, ese estilo de ataque... era inconfundible.
—No puede ser —susurró Julian—. "Aegis".
—¿Julian? —la voz de Vania sonaba agitada por el auricular—. No han perdido la visión. Al contrario, parece que saben exactamente dónde estoy cubriéndome.
—¡Vania, aborta el sigilo! —gritó Julian mientras abría frenéticamente nuevas pestañas de terminal—. No estoy luchando contra un firewall básico. Bosh ha contratado a Aegis. Fue mi mentor en el MIT antes de que se vendiera al mejor postor. Él conoce todos mis protocolos.
En la pantalla, Julian vio cómo Aegis empezaba a rastrear su IP de origen a través de catorce servidores proxy en menos de tres segundos. Era una velocidad sobrehumana, una eficiencia letal. Marcus no era solo un soldado; era una extensión física de un algoritmo de caza diseñado por Aegis.
—Julian, Marcus está a diez metros y mi arma se ha bloqueado electrónicamente —dijo Vania con una calma aterradora—. ¿Es él?
—Sí. Aegis ha tomado el control del bus de datos de tu equipo. ¡Tira el arma inteligente, usa la de reserva! —Julian comenzó un contraataque de fuerza bruta, sacrificando sus propios servidores para crear una cortina de humo digital—. Vania, voy a intentar sobrecargar el sistema de refrigeración de la cámara para crear niebla, pero eso me dejará fuera de combate durante un minuto. Estarás sola contra Marcus.
—Hazlo —respondió Vania.
Julian cerró los ojos y ejecutó el "Script de Tierra Quemada". Sus monitores parpadearon y se apagaron uno a uno mientras el hardware se quemaba para forzar la apertura de las válvulas de vapor de la catacumba. Lo último que vio antes de que su búnker quedara a oscuras fue la respuesta final de Aegis:
> JAQUE MATE, ALUMNO.
El silencio en el auricular de Julian fue absoluto. En la profundidad de la tierra, Vania estaba ahora a ciegas, sin apoyo, frente a un cazador que aún podía ver a través del vapor.