De enemigos a amantes.

Traición y Redención de Acero.

Bosh avanzaba con la pesadez de una sentencia de muerte. Su cañón de riel emitía un zumbido ascendente, acumulando la energía necesaria para vaporizar el parapeto tras el cual se ocultaba Vania. Pero Bosh cometió un error táctico nacido de la soberbia: subestimar el resentimiento de un hombre que ya no tiene nada que perder.

Desde el suelo, entre cables pelados y fluidos hidráulicos, Marcus soltó una carcajada ronca que terminó en un acceso de tos sangrienta.

—¿Ineficacia, Bosh? —gruñó Marcus, apoyando la espalda contra la piedra fría—. Aegis me fabricó para ser un perro de presa... pero olvidaron que los perros muerden cuando los pateas.

Bosh no se molestó en girar la cabeza. —Eres chatarra, Marcus. Quédate en silencio mientras termino el trabajo.

Pero Marcus ya había activado el protocolo de sobrecarga de su núcleo de energía. Sus ojos cibernéticos brillaron con una intensidad blanca, cegadora. Con un esfuerzo sobrehumano, se impulsó hacia adelante, tacleando las piernas reforzadas de Bosh. El peso combinado de ambos hizo que el suelo de la catacumba, ya debilitado por la explosión anterior, comenzara a ceder.

—¡Vania, corre! —rugió Marcus, clavando sus garras de combate en las articulaciones de la armadura de su superior—. ¡Si el Cáliz sale de aquí, que sea con una rata de alcantarilla y no con estos monstruos de oficina!

Bosh golpeó repetidamente el cráneo de Marcus con su puño hidráulico, pero el mercenario no soltó su presa. Una serie de explosiones internas comenzaron a sacudir el cuerpo de Marcus. El calor era insoportable.

Vania no perdió un segundo. Comprendió que el orgullo de Marcus era la única moneda que podía comprarle la libertad. Se lanzó hacia el túnel de drenaje, una garganta oscura que prometía una salida hacia los niveles inferiores de la ciudad, justo cuando una detonación de plasma iluminó toda la cámara.

El estallido colapsó la entrada del túnel tras ella, sepultando a Marcus, a Bosh y el secreto de la cámara bajo toneladas de roca y metal retorcido. Vania estaba sola en la oscuridad, con el Cáliz vibrando contra su espalda y la señal de Julian parpadeando débilmente en su visor.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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