De enemigos a amantes.

El Sacrificio de Julian.

El aire en el muelle de carga vibraba con la estática de los drones de Draxen. Vania sentía la presión del Cáliz en su brazo, una fuerza que rugía por ser liberada, pero sus pulmones ardían por el esfuerzo físico. A su espalda, Julian respiraba con dificultad, apoyado contra una de las enormes baterías de energía de grado industrial que alimentaban el Sector 4.

—No tienes escapatoria, Vania —sentenció Draxen, dando un paso pesado. El servomotor de su brazo hidráulico emitió un zumbido agudo—. Entrega al chico y el Cáliz, y quizás te permitamos volver a los barrios bajos con vida.

Vania apretó los dientes, preparando una descarga. Pero antes de que pudiera actuar, sintió una mano fría y temblorosa sobre la suya.

—Vania... para —susurró Julian. Sus ojos ya no estaban perdidos; tenían la claridad de quien ha tomado una decisión final—. Mientras yo esté conectado a ellos, nos encontrarán. Soy el ancla que te hunde.

—¡No digas eso! —le espetó ella sin mirarlo, manteniendo su vista fija en Draxen—. ¡Te sacaré de aquí!

Julian esbozó una sonrisa triste. Con un movimiento rápido que Vania no pudo prever, el joven se conectó al terminal de mantenimiento de la celda de energía que tenía a su lado. Sus dedos volaron sobre la interfaz táctil con una velocidad que solo un prodigio de la red podía alcanzar.

—¿Qué estás haciendo? —gritó Vania.

—Cerrando el ciclo —respondió Julian.

Draxen se detuvo en seco. Sus ojos rojos parpadearon violentamente. —¡Detente, muchacho! Si sobrecargas ese núcleo, vaporizarás todo en un radio de cien metros.

[Image de Julian manipulando un panel de energía brillante mientras Vania intenta detenerlo]

—Exacto —dijo Julian. Miró a Vania y, por un segundo, ella vio al niño que solía jugar en las plazas digitales antes de que Aegis lo convirtiera en una herramienta—. Vete, Vania. Usa el Cáliz. Protege lo que queda de nosotros.

—¡Julian, no! —Vania se lanzó hacia él, pero una barrera de energía pura brotó de la consola. Julian había usado los protocolos de seguridad de la clínica para aislarse.

Las baterías empezaron a emitir un rugido ensordecedor. La luz azul de las celdas de energía pasó a un blanco cegador. Draxen, viendo que la amenaza era real, ordenó a sus drones atacar, pero Julian ya había tomado el control del sistema de incendios, inundando el muelle con espuma ignífuga y gas denso para cegar los sensores ópticos del comandante.

—¡Vania, corre! —el grito de Julian fue lo último que escuchó antes de que el suelo empezara a temblar.

[Image de una explosión de energía blanca comenzando a expandirse en un muelle industrial]

Vania sintió que el Cáliz reaccionaba al peligro inminente. No fue una orden consciente; el artefacto detectó la onda de choque térmica y envolvió a Vania en una esfera de distorsión espacial. Justo cuando el núcleo de energía estalló en un rugido de fuego y estática, Vania fue impulsada hacia atrás por una fuerza invisible, atravesando una de las paredes reforzadas del muelle mientras el mundo detrás de ella se convertía en un infierno blanco.

Cuando recuperó el sentido, estaba a varios niveles de distancia, en un túnel de drenaje sucio que desembocaba en los niveles más bajos de la ciudad. Estaba cubierta de hollín y sangre, pero el Cáliz seguía brillando, impasible.

A lo lejos, el edificio de la clínica todavía retumbaba por las explosiones secundarias. Julian se había ido. Y con él, la última conexión humana de Vania con su pasado.

Vania se puso en pie, con el corazón convertido en piedra. Miró hacia las torres brillantes de Aegis que dominaban el horizonte. Ya no estaba huyendo. Julian le había dado una oportunidad, y ella la usaría para quemar el sistema desde adentro.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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