La lluvia ácida golpeaba el cristal reforzado del nivel 80, pero Vania no sentía el frío. Vestía un traje de infiltración táctica de fibra óptica, capaz de mimetizarse con las luces de neón de la ciudad alta. En su muñeca, el Cáliz latía con un ritmo pausado, oculto bajo una funda de cuero sintético que bloqueaba sus emisiones electromagnéticas.
Gracias a los últimos códigos que Julian le envió antes de la explosión, Vania ya no existía. Para los escáneres biométricos de Aegis, ella era "Elara Vance", una analista de datos de nivel medio transferida desde las colonias orbitales.
—Bienvenida al Sector de Protocolos, Señorita Vance —dijo la voz sintética del elevador.
Vania entró en la oficina principal. El lujo era insultante: madera real, aire purificado y una vista panorámica de los barrios bajos que ella solía llamar hogar. Su primer objetivo estaba sentado tras un escritorio de obsidiana: Marcus Thorne, el Director de Adquisiciones de Datos. El hombre que firmó la orden de "recolección" de Julian.
[Image de Vania con un traje elegante y tecnológico caminando por un pasillo de lujo futurista]
Thorne ni siquiera levantó la vista de su terminal holográfica. —Llega tarde con el informe de integración, Vance. Déjelo en la nube privada.
Vania cerró la puerta y activó el bloqueador de frecuencias. El silencio en la habitación se volvió absoluto. —No hay informe, Marcus —dijo ella, su voz gélida.
Thorne frunció el ceño y levantó la vista. Sus ojos, reemplazados por ópticas de grado militar, intentaron escanearla, pero solo encontraron un vacío digital. —¿Quién eres? Mis sensores no detectan una firma vital válida.
Vania se descubrió la muñeca. El Cáliz estalló en una luz carmesí, inundando la oficina. —Soy la consecuencia de tus decisiones.
[Image de Vania activando el Cáliz frente a un ejecutivo de Aegis aterrorizado]
Thorne intentó presionar el botón de pánico bajo su escritorio, pero el Cáliz fue más rápido. Una zarcillo de energía pura se conectó directamente a la interfaz cerebral del ejecutivo. Thorne se puso rígido, sus ojos girando hacia atrás mientras su red neuronal era inundada por el código del artefacto.
—No voy a matarte físicamente, Marcus —susurró Vania, acercándose a él—. Eso sería demasiado sencillo. Voy a borrarte. Tu cuenta bancaria, tus títulos de propiedad, tus recuerdos en la red de Aegis... En cinco minutos, serás un ciudadano de nivel cero. Un fantasma en tu propio edificio.
—P-por favor... —balbuceó él, mientras su vida digital se desintegraba segundo a segundo.
Vania observó cómo el nombre "Marcus Thorne" desaparecía de las pantallas de la oficina, reemplazado por errores de sistema 404. Cuando terminó, Thorne cayó al suelo, respirando pero vacío. Para el mundo, él nunca había existido.
Vania salió de la oficina sin mirar atrás. En su lista quedaban tres nombres más antes de llegar al CEO de Aegis. Sin embargo, al llegar al vestíbulo, su terminal privada vibró. Un mensaje de una fuente desconocida apareció en su pantalla:
"Sabemos lo que estás haciendo, 'Elara'. No eres la única que quiere ver a Aegis arder. Tenemos al segundo de tu lista en una trampa. Ven al Club 'Singularidad' a medianoche si quieres ayuda."
Vania apretó el puño. El Cáliz pareció vibrar con una frecuencia de advertencia. ¿Era una trampa de la seguridad interna o un aliado inesperado?