De enemigos a amantes.

Protocolo de Caos.

El Club "Singularidad" era el epicentro de la decadencia de la Ciudad Alta. Un cilindro de cristal suspendido entre dos rascacielos donde los ejecutivos de Aegis celebraban el éxito de sus algoritmos mientras bebían champán sintético.

Vania llegó a las 23:55. No llevaba el disfraz de analista; vestía su armadura táctica completa, con el Cáliz brillando abiertamente en su antebrazo. No buscaba pasar desapercibida. Al cruzar el arco de seguridad, los escáneres chirriaron violentamente.

—¡Firma de energía no autorizada! ¡Cierren las puertas! —gritó un guardia, desenfundando su rifle de pulsos.

Vania no se detuvo. Con un movimiento fluido de su mano izquierda, el Cáliz proyectó una onda de choque estática que frió los circuitos del guardia y los sistemas de seguridad de la entrada. Las puertas de seguridad se fundieron, quedando bloqueadas en posición abierta.

[Image de Vania caminando por la entrada de un club nocturno futurista mientras los sistemas electrónicos estallan a su alrededor]

Al entrar en la pista principal, la música ensordecedora se detuvo abruptamente, reemplazada por una alarma de emergencia roja y rítmica. Vania caminó hacia el centro de la pista, donde el VIP y segundo de su lista, Silas Vane —Jefe de Seguridad Física—, estaba rodeado de sus guardaespaldas.

—Vaya, la pequeña rata de los suburbios ha decidido salir a jugar —dijo Silas, sonriendo con arrogancia mientras activaba su exoesqueleto de combate—. ¿Crees que este club es una trampa para mí? No, Vania. Es una trampa para ti. Los escuadrones de respuesta rápida de Aegis están a sesenta segundos de distancia.

Vania sonrió, una expresión carente de toda calidez. —No lo entiendes, Silas. Yo no vine a escapar de ellos. Vine a que todos vean lo que sucede cuando el sistema falla.

[Image de Vania levantando el Cáliz en medio de una pista de baile llena de pánico, con luces de neón reflejándose en su armadura]

Vania cerró los ojos y se conectó profundamente con el Cáliz. En lugar de atacar a Silas directamente, extendió su conciencia hacia la red troncal del edificio. Inyectó el código viral de Julian en el sistema de soporte vital, en los drones de servicio y, lo más importante, en los implantes neuronales de cada guardia en la sala.

—Protocolo de Caos: Activado —susurró.

De repente, los drones de seguridad que debían proteger a la élite se dieron la vuelta y abrieron fuego contra las mesas de cristal. Los sistemas de iluminación estallaron en ráfagas cegadoras. El pánico fue absoluto. Los ejecutivos gritaban mientras sus propias interfaces ópticas proyectaban imágenes distorsionadas de sus mayores miedos.

Silas intentó disparar, pero su brazo robótico se bloqueó, controlado por el virus de Vania. —¿Qué... qué has hecho? —rugió, forcejeando con su propio equipo.

—He demostrado que vuestra tecnología es vuestra mayor debilidad —respondió Vania, caminando hacia él mientras el club se convertía en una zona de guerra digital—. El mensaje se está retransmitiendo en vivo a todas las pantallas de la ciudad. El mundo está viendo cómo la "seguridad" de Aegis asesina a sus propios dueños.

Vania llegó frente a Silas y puso su mano sobre el núcleo de su exoesqueleto. El Cáliz drenó toda la energía del traje, dejando al hombre paralizado e indefenso.

—Dile a tu CEO que la oscuridad está subiendo desde los niveles bajos —dijo Vania antes de golpearlo con una descarga no letal que lo dejó inconsciente entre las ruinas del club.

Cuando los escuadrones de refuerzo llegaron, solo encontraron escombros, humo y una proyección holográfica gigante en el centro de la sala: el rostro de Julian, sonriendo, con un contador que marcaba el tiempo restante para el colapso total del servidor central de Aegis.

Vania ya se había desvanecido en las sombras, pero ahora tenía a toda la corporación en estado de histeria colectiva. Sin embargo, en medio del humo de la salida, una figura la esperaba. No era un guardia, sino una mujer con un brazo mecánico tosco y una máscara de gas antigua.

—Has causado un buen lío, niña —dijo la desconocida—. Pero has desperdiciado mucha energía. Si quieres llegar al CEO, vas a necesitar más que fuegos artificiales.

Vania apuntó su arma. —¿Quién eres?

—Alguien que recuerda cómo era el mundo antes de que Aegis le pusiera precio al aire. Me llaman "La Arquitecta". Y tengo los planos de la bóveda donde se esconde el Consejo de Administración.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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