De enemigos a amantes.

El Vientre de la Bestia.

Vania bajó su arma lentamente, aunque el Cáliz seguía emitiendo un zumbido bajo y amenazante. La Arquitecta no se inmutó; se limitó a ajustar su máscara de gas y señaló un conducto de ventilación masivo que se perdía en la oscuridad del subsuelo.

—Aegis construyó su paraíso sobre los huesos de la vieja ciudad —dijo la Arquitecta, su voz distorsionada por el respirador—. La Bóveda del Consejo no está en una torre. Está debajo de nosotros, protegida por capas de roca volcánica y cortafuegos físicos que tu amigo Julian no puede hackear desde una distancia segura.

Caminaron durante horas por túneles que no aparecían en ningún mapa digital. Eran los "niveles mudos", zonas donde la señal de la red corporativa no llegaba. Allí, la humedad se filtraba por las paredes y el olor a metal oxidado era sofocante.

[Image de Vania y la Arquitecta caminando por un túnel subterráneo oscuro lleno de cables colgantes y maquinaria oxidada]

Mientras avanzaban, Vania notó que la Arquitecta observaba el Cáliz cada vez que este se iluminaba para guiarles el paso.

—Esa tecnología... no es de este tiempo —comentó la mujer de la máscara—. Los antiguos la llamaban "El Motor de Probabilidades". No solo procesa datos, Vania. Altera la realidad a nivel subatómico. Por eso Aegis mató a Julian. No querían una herramienta, querían un dios.

—Solo es un arma —respondió Vania con frialdad—. Y la usaré para borrarlos.

Llegaron a una esclusa de presión masiva de acero reforzado. No tenía teclados, ni escáneres de retina. Solo una ranura circular del tamaño exacto del Cáliz.

—Aquí es donde nos separamos o donde nos unimos —dijo la Arquitecta, deteniéndose—. Esa puerta solo se abre con una descarga directa de energía del Motor. Pero ten cuidado: una vez que introduzcas el Cáliz, el sistema detectará tu firma biométrica. Si el Consejo está dentro, sabrán que su "error de sistema" ha llegado a la puerta de casa.

[Image de Vania frente a una puerta circular gigantesca en las profundidades de la tierra, con el Cáliz brillando intensamente en su brazo]

Vania insertó el brazo en la ranura. El dolor fue instantáneo; una conexión neuronal forzada que la hizo gritar mientras el Cáliz drenaba su propia energía vital para alimentar la esclusa. Los engranajes de mil toneladas empezaron a girar con un estruendo que sacudió los cimientos del distrito.

La puerta se abrió, revelando una sala blanca, aséptica y silenciosa, en contraste total con la suciedad de los túneles. En el centro, cinco cápsulas de criogenia rodeaban una terminal holográfica. No eran hombres en trajes sentados a una mesa; eran conciencias preservadas, dirigiendo la ciudad desde un letargo eterno.

Sin embargo, antes de que Vania pudiera acercarse, la Arquitecta dio un paso al frente y activó un dispositivo en su brazo mecánico. Un campo de fuerza invisible rodeó a Vania, inmovilizándola.

—Lo siento, niña —dijo la Arquitecta, cuya voz ahora sonaba más clara y autoritaria—. Tú quieres venganza. Yo quiero restaurar el mundo. Pero para reescribir la historia, necesito que el Cáliz esté conectado a la terminal central... y tu sistema nervioso es el único puente compatible. No te mataré, pero el proceso te dejará vacía.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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