De enemigos a amantes.

La Anomalía Detectada.

El idilio digital no duró más que unos microsegundos en el tiempo de procesamiento de la red, pero para Edward y Vania, fue una eternidad. Esa eternidad terminó cuando el cielo índigo de la habitación se tiñó de un rojo pulsante y agresivo.

El Despertar de la Arquitecta.

Un estruendo sónico, similar al metal siendo desgarrado, sacudió la simulación. Los bordes de la habitación blanca empezaron a pixelarse, revelando el vacío de código fuente que sostenía la realidad.

—¡Edward, desconéctate ahora! —gritó Vania. Su forma física parpadeaba, perdiendo cohesión—. La Arquitecta ha detectado el pico de dopamina en tu interfaz. Está rastreando el túnel de datos.

En el mundo real, dentro del laboratorio clandestino, las consolas de Edward empezaron a emitir pitidos de advertencia. Los ventiladores del casco de inmersión rugían a máxima potencia, intentando disipar el calor generado por la sobrecarga sensorial.

La Intervención.

Una voz fría, desprovista de toda humanidad, resonó desde las paredes desintegradas de la habitación:

"Protocolo de Seguridad 7-B activado. Intrusión biológica detectada en el Sector 4. Iniciando purga de memoria volátil."

—Si no te vas, borrarán tu conciencia antes de que puedas regresar a tu cuerpo —Vania lo empujó, aunque sus manos ahora atravesaban el pecho de Edward como si fueran humo—. ¡Vete! Te encontraré en los subniveles. ¡Corre!

El Regreso Violento.

Edward sintió un tirón violento en la base de su cráneo. El sistema de seguridad de Aegis estaba intentando forzar una desconexión, pero no de forma segura, sino mediante un "vuelco de sistema" que amenazaba con freír sus neuronas.

Vio cómo la figura de Vania era rodeada por "centinelas", esferas de luz negra que empezaron a absorber su código.

—¡No te dejaré! —intentó gritar Edward, pero su voz ya no emitía sonido en la red.

En un último acto de voluntad, Edward arrancó manualmente el cable de fibra óptica de su casco. El mundo digital desapareció en un estallido de estática blanca.

En el Laboratorio.

Edward cayó al suelo de su laboratorio, arrancándose el casco y jadeando como si hubiera estado bajo el agua. Sus ojos ardían y el sabor a ozono llenaba su boca. El silencio de la habitación era sepulcral, roto solo por el humo que salía de su computadora principal.

La pantalla mostraba un solo mensaje en letras rojas antes de apagarse por completo:

"RASTREO DE ORIGEN COMPLETADO. UNIDAD DE RESPUESTA EN CAMINO."

Edward miró hacia la puerta de seguridad. Sabía que los ejecutores de Aegis estarían allí en menos de cinco minutos. Vania lo había salvado, pero ahora él estaba solo en el mundo físico, con el corazón todavía latiendo al ritmo de un beso que casi le cuesta la vida.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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