El aire en la sala del núcleo es casi irrespirable. Con el sistema de supresión de oxígeno al 90%, Edward y Vania se lanzan hacia el pasillo, esquivando ráfagas de plasma. No hay tiempo para el elevador; la única salida es hacia fuera.
El Balcón del Piso 90.
Tras derribar una pesada puerta reforzada, el viento gélido de la estratosfera inferior los golpea. Están a más de 400 metros de altura. Abajo, la ciudad es un tapiz de luces de neón borrosas bajo una capa de nubes tóxicas y lluvia ácida.
Edward se lanza hacia un panel de emergencia en la pared del balcón. Sus manos tiemblan por la falta de oxígeno, pero logra abrir el compartimento.
—¡Póntelo, rápido! —le grita a Vania, lanzándole un arnés metálico compacto.
Los Paracaídas Gravitatorios.
A diferencia de los paracaídas de tela, estos dispositivos son pequeños propulsores de iones fijados a la espalda y los tobillos. Controlan la caída mediante un campo de repulsión magnética que se activa al acercarse al suelo.
El Descenso.
Sin mirar atrás, Vania se lanza al vacío. Edward la sigue un segundo después, justo cuando los guardias irrumpen en el balcón disparando sus rifles de larga distancia.
La Caída Libre:
Maniobras en el Aire.
—¡Edward, los drones están encima! —comunica Vania por el canal interno. —¡No abras los propulsores todavía o seremos blancos fáciles! ¡Sigue en caída libre!
Edward hackea los arneses para forzar una maniobra de "tirabuzón". Girando sobre sí mismos, logran que los disparos de los drones pasen de largo, impactando en los rascacielos circundantes.
Aterrizaje en el Sector D-7.
A solo 50 metros del suelo, los propulsores gravitatorios se activan con un estallido sordo. La desaceleración es tan violenta que Edward siente que sus pulmones van a colapsar, pero el sistema funciona.
Impactan sobre el techo de metal oxidado de un mercado ilegal. El sonido de su aterrizaje es ocultado por el estruendo constante de las máquinas de vapor de los barrios bajos.
Estado Final: