De enemigos a amantes.

El Vuelo del Aprendiz.

La partida de Liam hacia la universidad fue el primer gran silencio que habitó la casa en casi dos décadas. El día que cargaron el viejo todoterreno de Edward con las cajas del joven, el aire en el porche se sentía pesado, saturado del aroma de los manzanos que ya empezaban a dar sus frutos de fin de verano.

—No olvides cómo huele la tierra después de la lluvia —le dijo Edward a su hijo mientras se daban un abrazo que rompió cualquier rastro de la vieja reserva del hombre. Vania le entregó un pequeño cuaderno de cuero. —Aquí están las recetas del pan y las notas sobre cómo calmar la mente cuando el mundo sea demasiado ruidoso —susurró ella, besando su mejilla.

Los primeros meses sin Liam fueron una reexploración del "nosotros". Vania y Edward volvieron a ser dos, pero no eran los mismos que habían llegado al valle años atrás. Sus cuerpos tenían nuevas marcas, sus movimientos eran más lentos, pero su conexión era casi telepática. Se encontraron redescubriendo el placer de las cenas largas sin interrupciones, pero también el vacío de la habitación de arriba.

Vania se sumergió en su obra más ambiciosa: una memoria sobre la educación en libertad. Edward, para combatir la soledad, comenzó un proyecto de restauración en la vieja capilla del pueblo, convirtiéndola en un centro comunitario. Fue una época de "soledad productiva". Se escribían con Liam semanalmente. Sus cartas eran crónicas de un mundo que les resultaba ajeno: la velocidad de la ciudad, la frialdad de los edificios de cristal, la ambición de sus compañeros.

Sin embargo, Liam también escribía sobre cómo aplicaba las lecciones del valle. Contaba cómo sus profesores se asombraban de su capacidad para observar los materiales antes de usarlos, una paciencia que solo se aprende viendo crecer un huerto. Vania lloraba de alegría al leer esas líneas; su hijo no solo estaba aprendiendo a ser un ingeniero, estaba llevando la esencia de su hogar al mundo exterior.

Una noche de invierno, una tormenta eléctrica cortó la energía en todo el valle. Vania y Edward se sentaron en el suelo, frente al fuego, como hacían en sus primeros años. —Lo logramos, ¿verdad? —preguntó Edward, mirando las llamas. —Lo logramos —confirmó Vania—. El amor no se rompió con la distancia, se estiró hasta hacerse infinito.



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En el texto hay: romancethriller

Editado: 27.01.2026

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