Siete años después de su partida, Liam regresó no solo con un título, sino con una compañera de vida, Maya, y un proyecto bajo el brazo: transformar la economía del valle mediante prácticas sostenibles sin destruir su alma. El regreso de Liam fue como una primavera tardía que inundó la casa de piedra con una energía renovada.
Maya era arquitecta, una mujer de ojos vivaces que inmediatamente conectó con Vania. Juntas pasaban horas en el jardín, planeando cómo integrar invernaderos inteligentes que permitieran al pueblo cultivar durante todo el invierno. Edward encontró en Liam a un igual. Ya no era el niño que cargaba cestas de mimbre, sino un hombre que discutía sobre tensiones estructurales y eficiencia térmica mientras ambos trabajaban en el taller.
El capítulo del "Regreso" fue una celebración de la continuidad. Vania veía en Maya la juventud que ella misma había tenido, pero sin el peso del miedo que marcó su propia huida. La felicidad ahora tenía nuevas voces y nuevas risas. La mesa larga de la terraza, que una vez pareció demasiado grande, ahora se sentía pequeña para las cenas que incluían a los nuevos amigos y colaboradores que Liam y Maya traían consigo.
Fue durante este tiempo que Edward sufrió su primer aviso de salud. Un pequeño desvanecimiento en el huerto que asustó a todos, menos a él. —La tierra me está llamando a descansar un poco, eso es todo —decía con terquedad. Pero el incidente cambió la dinámica. Liam asumió más responsabilidades en la propiedad, permitiendo que su padre se dedicara a labores más livianas, como la talla de madera. Edward comenzó a crear juguetes para nietos que aún no existían, figuras de animales del bosque que parecían cobrar vida bajo sus dedos.
Vania se convirtió en la guardiana de la paz familiar. Sabía que la llegada de la nueva generación traía consigo cambios, y se aseguró de que la esencia de la casa —el respeto por el tiempo y el silencio— no se perdiera. El valle estaba cambiando; más jóvenes regresaban, inspirados por el trabajo de Liam y Maya, pero el corazón de la familia seguía siendo ese porche donde todo comenzó.