—¿De nuevo por aquí? Ya te dije que no te quiero ver— observo fijamente a su supuesto acosante. Tiene exactamente tres semanas y media que lo conoce y aunque aún no sabe su nombre siempre lo encuentra en los momentos más inoportunos, al menos para él.
—¿No me quieres ver? — Ryan le dirigió la mirada una vez más deteniéndose en cada una de sus expresiones mientras alzaba su ceja derecha, esperando la respuesta del chico. Si Ryan pensaba un poco no era nada descabellado, nunca nadie a estado a su lado por mucho tiempo más que él... Así que pensó que era lo que la vida le debía.
—Te lo voy a preguntar de nuevo y quiero una respuesta acertada ¿Por qué me sigues?
—Te sigo porque quiero saber de ti, yo también tengo una madre...
—yo no— al escuchar su respuesta Ryan lo cortó abruptamente, Pero el chico no dió tregua, era de esos chicos insistentes hasta molestar.
—pero la tenías... Y créeme que yo no quiero verla morir. ¡Necesito tu ayuda!— ¿Morir? Se preguntó. Esa era una noticia que nunca salió a flote, nunca le prestaron atención. Su madre no se murió de causa natural, a su madre la mataron. Y si se pregunta quién fue capaz de una bajeza así, todo se lo deben a su padre. El padre que estaba en la cárcel pagando una condena que sí se merecía de princio a fin.
—Lo siento, Pero no puedo ayudar— se levantó del asiento de ceneto de un brinco, mientras acomodaba sus libretas adentro de su mochila.
—¡No me sigas! Quédate ahí.— El rostro de Ryan cansado mostraba las venas de su frente alterada por la insistencia de estar siempre a su lado. Cuando noto que ya no lo siguió quiso verlo y fue en ese momento que se percató que lo habían emboscado como a un cachorro callejero, tres tipos lo rodearon y comenzaron a golpear los de maneras casi inumanas. Ryan después de meditarlo actuó, tal vez fue un poco tarde Pero iba seguro, fue con esos tipos y los golpeó igual, cada vez que podía, en la cara, en el estómago... Los jalonesba e incluso escaló hasta un punto en dónde los apedreo.
—Gra... gracias.— soltó el niño con un quejido.
—Solo que no me gusta quedarme con las manos cruzadas, es todo. ¡Hey! ¿Cómo te llamas?
—Ricardo— dijo sonriendo, fue la primera vez donde Ryan no lo miró con desprecio.. Ricardo le ofreció la mano a cuál dudo por unos segundos y después la aceptó, al fin tocó al sujeto desgraciado que no tenía amigos y el era el segundo en la lista.
—Vamos, te llevaré al hospital. No puedes quedarte así.
—No, no lo hagas. Si mi madre se entera... Posiblemente ya no me deje salir por sobre protegerme. Yo me voy a cuidar por mi cuenta, ¿Ok?
—¡Me voy a ir de aquí! Muy lejos, así que es muy probable que no te vuelva a ver nunca más.
TRES AÑOS DESPUÉS
—¿A dónde iremos?— pregunto un joven al final de las butacas algo irritado y Ryan sabía perfectamente que se trataba de su hermano Ian.
—Es una excursión, visitaremos Abarrancin.
—No es obligatorio, ¿Cierto?— aunque fueran gemelos existía una diferencia enorme en expresiones, acciones y sobretodo mental., cada una pensaba de manera muy diferente.
—Sí, es obligatorio. Una forma de aprender es indagar, analizar y opinar... Además es un paso más adelante, ahí decidirán sus ramas a en las que les gustaría especializarse en un futuro.
—¿Cuando partiremos?— comento Ryan, sí algo le apasionaba era su carrera de medicina mucho más que a Ian, quería ser el mejor médico y que mejor que serlo en un lugar donde la sociedad donde tenían a los doctores muy por arriba, Albarracín era conocido por haber criado a los mejores doctores, y no solo doctores de ahí salieron bastantes personas importantes.
—Dentro de tres días, partiremos el sábado en la noche, para llegar el domingo. Estaremos ahí por medio año.— el sábado casi al oscurecer llegó una gran variedad de estudiantes de esas y otras facultades; ingeniería, artes, derecho... Todos los profesores se unieron con un único propósito, No solo era ir a estudiar su rama en esencial sino abrirse a otras visiones. Trabajaban por su futuro y el futuro que se les otorgaría a ellos.
—Estamos listos— a unos minutos de haber encendido el motor un profesor observo el asiento vacío alado de Ryan.
—¿De quién es este asiento?
—No lo sé, creo que estoy solo— con duda miro la lista de los apuntados.
—¿Que esperamos?— grito Ian desde atrás.
—se supone que no venía por una cirujía a su abuela pero se cancelo, para después de un mes— contestaron los de enmedio. Eso quería decir que ya se había cancelado su solicitud, no obstante el profesor llamo al número de referencia y esperaron por veinte minutos más.
—No es de tu facultad, Michell es de la facultad de comunicación— al subir al autobús entro con pena, sabiendo que había incómodado a algunos de sus compañeros por su impuntualidad.
—HOLA!— le saludo a Ryan a lo que el solo le regreso el saludo con la mano.
—No te sorprende?— Michell se presentó a Ryan como alguien muy amable, la forma en qué se asombro hizo que las defensas de Ryan se ablandaran.
—¿De dónde eres?— pregunto levantando una ceja, arrugando un poco su frente, era como alguien muy raro, Pero le gustó.
—Ciencias de la comunicación ¿Y tú?
—Medicina.
—¿Eso quiere decir que vas por los médicos?— al principio pensó en no responderle, Pero ya tenía tres años viviendo aquí. Su hermano Ian siempre estaba callado, metido en sus asuntos y tampoco es que lo necesitará, al final de cuentas su vida siempre fue separada, ahora no tenía sentido si interactúan o no.
Después de unas horas de viaje, el paisaje comenzó a transformarse poco a poco. Los autos comenzaron a volverse ausentes y a los costados del camino los arboles se hacían más frondosos, más altos, de todas las especies posibles, como si fuera la naturaleza la que nos permitía pasar y no nosotros a ella, tal como sucedía en la cuidad. El pavimento liso del principio fue desapareciendo, dando paso a camino de piedra, tierra y humedad. Más adentro del pueblo se comenzaban asomar las primeras casas, bajitas hechas de adobe. Era como si el tiempo quedó detenido.