De Gitana A Princesa

Otra Vez Tú.

El duque  y yo llegamos  a una gran mansión, con una hermosa fuente en medio de un enorme jardín el cual no tenía ni una sola flor, el lugar era precioso  por tanto verdor  aunque mucho más pequeño que Miraz. Ambos tenían algo en común ni una sola flor adornaba los jardines de las tierras del duque de Azair. 

 

—Melodía quiero que te portes a la altura, no tolerare ningún intento de escape, ni otra travesura ¿Entendido? —advirtió Eriol anticipando las intenciones, de la muchacha. 

 

los sirvientes del duque me advirtieron de los correctivos tan crueles de aquel hombre; Bastián llegó a mi mente. Eriol amenazó con hacerle algo a mi hermano, aunque a estás alturas él debería ya estar a salvo en la aldea con mis padres, o al menos eso era lo que yo quería creer, mi corazón latía con la fuerza de un caballo desbocado al imaginar que a mí hermano estuviera herido, o algo peor y todo por mi causa, mi amiga Clara tampoco dejaba de preocuparme aún no sabía nada de ella. 

 

El duque me tomo por sorpresa de nuevo sujetando mi barbilla para mirarle a los ojos; no quería verlo, pero endureció más su agarre y ya me estaba lastimando al grado de hacerme musitar un casi inaudible quejido de dolor —me está lastimando excelencia. —Susurraba aguantando el dolor. Eriol sin previo aviso tomó mis labios en un hosco y corto beso que me desagradó de sobremanera, en otro momento habría hecho algo, pero ahora debía ser más astuta que el duque no debía perder está oportunidad estaba atenta a una abertura y esa sería mi oportunidad. En cualquier momento Eriol bajaría la guardia y yo aprovecharía eso para huir y nunca volver. 

 

—Tienes prohibido decir que eres mi esclava, ¿entendido? —Susurraba de manera retadora sin soltar el rostro de la cautiva pelinegra —un atisbo de valor invadió mi cuerpo y le sostuve la mirada a aquel duque, ya estaba harta de sus amenazas y sus tratos, mis impulsos podrían costarme la libertad aunque ese hombre me sacaba de mis casillas, sentir sus manos tocar mi piel me generaba temor y repulsión en partes iguales, quería quitar sus manos de mi y en momentos así ya no me importaba lo que me ocurriera, no sabía si era valentia o estupidez pero mi paciencia se agotaba—. ¿Y si digo algo qué pasará? —Eriol usó más fuerza y me quejé del dolor una vez más susurrándo en mi oído:

 

—No querrás saberlo preciosa, además esa piel tersa que tienes, se vería muy mal con las cicatrices de un látigo Melodia ¿No crees? —dijo el duque con una sonrisa lasciva alejándose mirando a la muchacha de esmeraldas lagunas cristalinas llenas de terror. 

 

Eriol me soltó de mala gana ambos  bajamos del carruaje, mi mirada iba perdida hasta  que entramos a la mansión, allí estaba esperando una anciana regordeta y de baja estatura junto a ella habían dos mujeres y un hombre, a juzgar por su vestimenta eran trabajadores de ese sitio. 

 

—Buenos días excelencia. 

—Saludaron todos a una sola voz haciendo una reverencia al duque. 

 

—Tal como lo ordenó, todo está listo para su estadía amo Eriol bienvenido. —Dijo la anciana adelantandose unos pasos frente a Eriol la mujer observaba a la joven pelinegra de ojos verdes, abrió sus ojos con sorpresa pues la muchacha compartía muchas similitudes con la antigua duquesa. 

 

—Gracias Madeline por favor, lleven a mi acompañante a su alcoba. —Ordenó el duque a sus mucamas. 

 

La anciana hizo una seña y una de las mujeres se acercó —Lea, lleva a la jovencita a su alcoba, debe estar cansada por el trayecto del viaje desde Azair. 

 

La doncella hizo una reverencia y me pidió seguirla y así lo hice.

 

—Camile, Dorian lleven los baúles del señor y su acompañante, a sus respectivas alcobas.

 

—Si señora. —Ambos sirvientes se retiraron, para hacer sus tareas. 

 

—El pedido está listo amo Eriol. —Dijo la anciana, entregando un sobre al duque. 

 

—Magnífico Madeline no pensé, tener respuesta tan rápido. —Decía Eriol tomando el sobre de manos de la anciana.

 

—Señor no quiero parecer indiscreta, pero me parece impresionante, el parecido de esa jovencita con la difunta ama Rosella. —Mencionó Madeleine con nostalgia arriesgándose a un reclamo de Eriol pues el recuerdo de la duquesa lo ponía de mal humor. 

 

—Si, bueno Madeline preparala está noche la llevaré al baile en el palacio, dile que no salga de su habitación. 

 

Madeline asintió y fué a hacer diligente su pedido, dejar lista a Melodía para el evento de esta noche. 

 

..........

 

El ama de llaves subió a la habitación de la muchacha, con un alajero en sus manos, tocó la puerta al escuchar una respuesta afirmativa, entró y allí estaba ella sentada en el alféizar de la ventana. Su mirada se encontraba cristalina y sus mejillas mojadas, al verla Madeline pensó que a la muchacha le había ocurrido algo y dijo: 

 

—Jovencita está noche habrá un baile y el amo Eriol, me ha pedido alístarte, irás con él. —Pensó que al mencionar aquel baile la pelinegra decaída dejaría su semblante triste atrás. 

 

Miré a la anciana que venía con un cofre, «ahora entiendo porque en esa habitación había un vestido en la cama», era hermoso no podía negarlo, pero no quería ir a ningún lado, solo quería irme a mi aldea nunca debí alejarme, no debí insistir en venir a la ciudad con Bastián, él tenía razón y yo no estaba lista para salir de Celestia. 

 

—Niña no debes llorar —dijo Madeleine dejando el alajero en una mesa redonda de madera en medio de la alcoba—, está noche debes lucir impecable y fresca como un girasol blanco Alkaryo al alba muchacha, el baile de esta noche no es cualquier evento. —Hablaba Madeline en un intento por animar a la jovencita. 

 

Miro con la esquina de mi ojo a la alegre anciana llamada Madeline se que intenta animarme pero eso ahora no es importante, lo único que quiero es salir por esa puerta y nunca volver a mirar a mi carcelero. 




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