De la noche a la mañana... ¿¡soy princesa!?

Capitulo 5

Mi primera noche en el grandioso Castillo Real fue una completa pesadilla, literalmente mis sueños estuvieron plagados de pesadillas

 

Un plan real

 

Mi primera noche en el grandioso Castillo Real fue una completa pesadilla, literalmente mis sueños estuvieron plagados de pesadillas.

En el sueño me podía ver de pie en un enorme salón de esos de baile. Estaba totalmente inmovilizada apenas pudiendo respirar, traía puesto uno de mis sencillos trajes de trabajo, manchado de una tinta profunda negra.

No estaba sola, a mi alrededor había miles de personas mofándose de mí, la gran mayoría sólo eran sombras de personas sin rostros, pero entre la muchedumbre pude ver caras familiares, la del Rey, Ronald, dos cabelleras rubias. Todos burlándose de mi impotencia y frustración. Trataba desesperadamente de librarme de las ataduras invisibles que me rodeaban cuando la imagen cambió.

Ahora tenía puesto un vestido largo de gala, mis brazos estaban decorados con unos delicados guantes, todo de blanco. En mi cabeza estaba incrustada una corona de gemas preciosas. Me hacía daño. Podía sentir como la corona apretaba más y más lastimándome hasta hacer sangrar manchando el vestido blanco con rojo carmesí. Mi madre también se encontraba en mi sueño, estaba enfrente mío, sentada en un trono de hielo. Vestida y coronada como Reina, me miraba fríamente sin inmutarse en mi estado lamentable, con los ojos perdidos más allá, fijándose en un punto perdido.

De repente enfocó los ojos y gritó alarmada, un hilillo de sangre le salió de la boca. Comenzó a toser desesperadamente. Yo me retorcí inútilmente, tratando duramente de soltarme del hechizo que me inmovilizaba, lágrimas ardientes mojaban mi rostro, el miedo, el dolor y la agonía estaban devorándome.

Mi madre necesitaba ayuda. Y yo no podía hacer nada.

Cuando pude despertarme no había siquiera amanecido. Las dañinas imágenes se repetían en mi mente dejándome tensa e incapaz de respirar. Todo mi cuerpo estaba empapado de sudor y temblaba descontroladamente. La oscuridad de la habitación me oprimía haciéndome doler el corazón, me escondí dentro de las sábanas y rodé por la enorme cama sin poder dormir. Controlé mi respiración dando profundas inhalaciones.

Conté hasta tres.

Uno. No fue real.

Dos. Mi madre está bien

Tres. Me calmé. Y así me quedé.

Esperando ansiosamente el amanecer.

Finalmente, cuando el sol decidió salir, yo estaba hecha un caos, con todo el cabello enredado y despeinado, marcas de sueños en todo el rostro y los ojos hinchados y rojos por la falta de sueño. Me dolía horriblemente la cabeza y sentía una increíble fatiga por todo el cuerpo. Me levanté y me arrastré hasta el baño anexo del cuarto para arreglar el desastre que estaba hecha. Cuándo llegué me quedé pasmada, boquiabierta de la impresión.

El lugar era simplemente increíble. Era un lugar muy, muy amplio, con una apetecible piscina que me llamaba a gritos, con decenas de sales y fragancias disponibles. A un lado se encontraba un perchero con unas batas y toallas colgadas. Acostumbrada a baños estrechos en mi hogar, este lugar me atrevía a llamarlo paraíso. Especialmente ahora. En este momento realmente necesitaba un baño relajante. Abrí los grifos y empecé a llenar la tina con agua caliente mientras echaba algunas de las cosas que estaban alrededor. Iba a demorar un rato en estar listo así me quité la ropa que cargaba desde ayer y me puse una de las batas colgadas.

Mientras esperaba decidí salir y explorar la estancia dónde estaba acomodada. Ahora con calma y a la luz de la mañana aprecié con más detalle todo lo que me rodeaba. Todo el suelo estaba cubierto de una mullida alfombra, las paredes no eran sólo rosadas sino además que estaban decoradas con pequeños patrones simples, pero agraciados. No había ningún cuadro y aparte del balcón no había ninguna otra ventana. Mmm.

La mayoría de los muebles parecían bastantes antiguos y aunque se notaba que habían limpiado a profundidad hace poco, todo el lugar tenía un aire de abandono y desuso. Ahora que lo pienso, estábamos a gran altura. Al parecer en una de las torres traseras según las vistas.

¿Era normal que las habitaciones de los castillos se encuentren en lugares así? Algo me hacía pensar que no. Parecía más una cárcel de princesas en los cuentos de hadas. Pero entonces, ¿Quién pudo haber vivido aquí?

Me acerqué con curiosidad hacia la estancia de libros, dando un vistazo a los diferentes tomos de allí.  Aunque realmente no leía mucho pensé que podía encontrar algo interesante ahí. Pero por lo iba viendo eran casi todos viejos libros de historia, política y geografía, con pinta de no haberse usado hace siglos. Puff, ¿Esto es lo que leen la Realeza para entretenerse? Estuve a punto de rendirme cuando algo interesante me llamó la atención.

Escondido entre grandes volúmenes se encontraba un pequeño librillo, con el lomo hecho de cuero. Apenas y sobresalía entre tantos libros ostentosos y lo tomé intrigada. Al abrirlo me di cuenta que era una especie diario, con algunas de sus hojas bastantes viejas, siendo totalmente ilegibles y estando escritas con un alfabeto desconocido para mí. Era increíble que no se desmoronaran al simple toque.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.