De la tierra, se alzaron (un cuento oscuro, #0.1)

13

─Es increíble. Todo esto.

Brianna hizo un gesto con la mano para abarcar a lo que se refería. Awen asintió con la cabeza, sus ojos llenos de emoción apenas contenida ante lo que estaba viendo.

Los sidhe se preparaban para partir. Estaban listos para el comienzo de una nueva vida. Una vida que esperaban que fuese más benévola que la habían llevado hasta ahora.

Eran un grupo grande, más de lo que las sealgair habían planeado. Lo cual, por supuesto, había traído más problemas de los ya planteados. Las Nighean Stiùiridh de la Bruma Roja, el Espino Negro y el Halcón Azul nunca antes habían estado tan divididas en opiniones. Moira no había tenido que enfrentarse a una oposición como la que encaró cuando les transmitió sus deseos y los de Awen al resto de líderes. La determinación con la que defendió sus ideas fue la misma que de costumbre.

No podía decirse que las Nighean Stiùiridh fuesen compasivas o blandas; no podían, pues en sus manos estaba el bienestar tanto de humanos como de las propias sealgiar, o incluso el de todo el mundo de arriba. Eran mujeres que debían tomar decisiones basadas en estos preceptos, lo que era mejor para todos los que pertenecían al reino mortal. Traer hasta él a los sidhe, inmortales del mundo de abajo, era una decisión que prácticamente iba contra su naturaleza. Pero Moira sabía cómo hablar con las demás Nighean Stiùiridh, pues era una de ellas. Awen tampoco se quedaba atrás, a pesar de su corta experiencia. Sabía dónde tocar y cómo hacerlo; Brianna se lo había enseñado sin darse cuenta.

La hija de Moira estuvo presente en alguna de las reuniones previas a la marcha de los sidhe, pero solo aquellas en las que Awen y su familia también asistían. De todas ellas había salido con un dolor palpitante en las sienes y la sensación de que la habían partido en cien pedazos diferentes, cada uno de ellos de acuerdo con cada una de las posturas que se habían tomado.

Tanto los días anteriores como los posteriores a que se anunciase la decisión final fueron complicados. Eran muchas las cazadoras que se oponían a aquel plan descabellado de traer al mundo de arriba a inmortales, feéricos mayores por si fuera poco. Algunas, incluso, se atrevieron a sugerir que la joven sidhe, de alguna manera, había usado su magia y sus poderes sobre la Nighean Stiùiridh de la Bruma Roja; también sobre Brianna, por haberla defendido. Si Moira estaba al tanto de esas habladurías, no lo demostró. Si así era, no le importaban lo suficiente como para acallarlos. Brianna sí los conocía, pues muchas de sus compañeras, mujeres a las que llamaba hermanas lo decían en voz alta delante de ella.

Las sealgair, a pesar de vivir en clanes separados, algunos a cientos de kilómetros de otros, funcionaban como una única unidad, como una gran red de pequeñas colmenas. Existían diferencias a la hora de obrar, por supuesto, pero eran nimiedades comparadas con el dilema que se planteó a raíz de la llegada de la familia de Awen. El malestar se instaló especialmente entre los clanes más pequeños, aquellos que no tenían la influencia de los tres principales, pues en ningún momento se tuvo en cuenta su opinión.

Finalmente, después de largos debates y de lo que Brianna llegó a pensar que terminaría casi en una guerra interna entre ellas, la decisión fue tomada. Se elaboró más brebaje y Awen y su padre, Kellan, fueron los encargados de ir a Elter a rescatar a los esclavos de los fae. Ninguna cazadora los acompañaría en su misión, y eso era algo en lo que absolutamente todas, hasta Moira, estuvieron de acuerdo. Awen tampoco dedicó unas palabras a intentar convencerlas de lo contrario; era su cometido casi personal sacar de debajo de la tierra a los suyos.

Drake se quedó con las sealgair, en el campamento liderado por Moira.

─ ¿No te da miedo dejarlo aquí?─le había preguntado Brianna a Awen cuando supo su decisión.

─Sí ─contestó ella─. Pero no tengo una opción mejor. No pienso llevarlo de vuelta a ese lugar. Tú… ─la sidhe dudó un momento antes de continuar─ ¿podrías…? Si alguien intenta hacerle daño…

─Nadie va a hacerle daño ─dijo Brianna─. Moira ha ordenado que no se os lastime a ninguno de vosotros, siempre y cuando no nos deis razones directas para hacerlo ─puntualizó con una inclinación de cabeza.

Nadie iba a llevarle la contraria a su líder, a pesar de la cantidad de detractoras que se había granjeado entre las suyas desde que anunció su postura. Seguía siendo la Nighean Stiùiridh, una hija predilecta de Morrigan y, aunque muchas no entendiesen el por qué de sus decisiones, estas no se cuestionaban. Ninguna subordinaba iba a llevarle directamente la contraria. O eso quería pensar Brianna.

─Pero si te quedas más tranquila ─había proseguido la guerrera mortal─ me quedaré con él. No lo perderé de vista mientras tú no estás.

Awen se había limitado a hacer un asentimiento con la cabeza después de tragar saliva.

Drake apenas interactuaba con Brianna, a pesar de que todo, absolutamente todo el día lo pasaba con ella. No hablaba más que para lo estrictamente necesario y, si podía hacerse entender empleando señas, excusaba construir frases completas o usar palabras. Brianna tampoco lo forzó a hacer más, a pesar de que la sealgair hubiera preferido que le diesen un poco de conversación que apaciguase el ruido de sus pensamientos. Al igual que su hermana, el chiquillo parecía entretenerse lo suficiente con los caballos como para no pedir nada más.




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