Lope se despertó con dolor de cabeza.
Ya conocía la situación, era resaca.
Se dispuso a revisar los daños junto a Mauro y le halló en el pequeño palacete que tiene en el jardín y que utiliza como residencia del servicio.
—Mauro, ¿a cuántos tengo que indemnizar esta vez? —Preguntó en cuanto le vio.
—A nadie, señor, solo hubo un damnificado; y créame cuando le digo que se lo merecía.
—¿Y no me va a denunciar por daños y prejuicios?
—Hable usted con el otro novio, al parecer es abogado y observó todo. —Comentó el guardaespaldas mientras se echaba la cuarta cucharada de azúcar.
—¿Me puedes explicar por qué dices que se lo merecía?
—El chef estaba discutiendo con su ayudante y la despidió de muy malas maneras. Usted la defendió, don Lope.
—¿Yo defendiendo? Eso es nuevo.
Mauro se tomó el café con leche de un trago. Y se puso a fregar el vaso.
—Claro, don Lope, no siempre iba a ser usted quien ataque. —Se encogió de hombros.
Lope se pasó la mano por el pelo y la dejó en la coronilla. Estaba cavilando algo.
—Y la mujer a la que defendí, ¿Ella no se sintió agredida?
—¡Curioso que lo pregunte, don Lope! —Mauro, alegre, le miraba con una ilusión infantil algo desubicada para él.
Lope soltó su cabello y preocupado, dió un paso atrás al mirar a su guardaespaldas.
—¿Qué he hecho?
—Ronronear como si fuera un gatito. Don Lope. —Mauro sonreía con ilusión—. La cubrió con su chaqueta, la abrazó, se aferró a sus costillas, ¡Incluso se quedó usted dormido sobre su hombro!
—¿Yo he hecho eso?
Mauro afirmó con energía.
—Señor, me he permitido buscar el contacto de esa mujer ¿Se lo doy?
Lope giró todo su cuerpo y miró directamente a Mauro.
—¿Crees que debería tenerlo por precaución?
—Por precaución no, señor, por algo más profundo.
—¿Qué hay más profundo que el miedo?
Mauro ladeó la cabeza un poco y no pudo mantener el contacto visual con su jefe sin desarmarse, porque le apreciaba como si fuera el hijo que nunca podría tener.
—Es solo una intuición, don Lope, esa mujer es valiosa para usted. Aunque aún no sabría decirle cómo.
Lope abrió mucho los ojos y su cara se tornó hacia una expresión de intuición irónica.
—Espera, ya sé lo que pasa. Tú crees que esa mujer me hará olvidar a mi niñera, ¿Verdad?
Mauro hizo el amago de contestar, pero no emitió ningún sonido. Solo pudo darle la espalda.
—No es tan descabellado, don Lope.
Lope se sintió ofendido y se acercó a la puerta por la que había entrado. Aunque con la mano en el pomo de la puerta se giró.
—No me voy a volver a enamorar jamás, Mauro, ella fue mi único amor.
Lope abrió la puerta y salió de la casita del jardín, dando un portazo.
Dentro, Mauro caminaba hacia su habitación pensando que eso aún estaba por ver.
Fuera, Lope atravesaba el jardín pensando que ninguna mujer podría sustituir a la chica que había ocupado su corazón desde los once años; aquella chica que sus padres contrataron para cuidarle mientras ellos acudían a una fiesta protocolaria y no volvieron igual.
Una mujer de más de cincuenta años se cruzó con Lope al entrar en casa por la puerta trasera.
—Buenos días, hijo. —La mujer habló en un hilo de voz.
Lope mostró su lado más amable con su madre, besándola en la frente.
—Buenos días, mamá.
Lope siguió caminando y se alejó de la mujer, que le miraba con lástima.
Cuando llegó a su habitación, Lope escogió cuidadosamente su traje negro y su camisa celeste mejor planchados.
Hoy había que escoger al nuevo director de la cadena de hoteles de la familia. La junta de accionistas quería que el heredero del imperio supervisara las entrevistas personalmente y López quiso imponer respeto y consideró que el negro daba miedo y por eso lo escogió.
Cuando ya tenía la indumentaria puesta, se acordó de que no había desayunado y bajó de nuevo a la cocina para tomarse un vaso de leche.
Allí estaba su madre con una mujer algo más joven en los fogones.
—Buenos días, señorito Lope. —Dijo la cocinera.
—Buenos días, Paca. —Lope saludó mostrando su mejor sonrisa, luego se giró hacia su madre— papá va a escoger al nuevo director.
—¿Cuándo me vas a perdonar, Lope?
Lope suspiró y se acercó a su madre, abrazándola.
—Mamá, yo no tengo que perdonarte nada porque no has hecho nada malo —Besó su frente—. Es él y Don Fernando quienes se portaron mal contigo y con la abuela Aurora.
—¿Perdonarás a Dionisio algún día siquiera?
—Prefiero dejarlo estar, a tener que odiarle.
—Pero somos una familia…
—La familia que somos no la voy a destruir, pero eso no evita que tenga rencor hacia Dionisio o Fernando. —tomó una tostada de las que había hecho Francisca, la cocinera, y le dió un mordisco con una sonrisa— si aparentamos ser una familia, eso es lo que debo ser, el hijo perfecto de Dionisio.
—Sabes que yo le amo, Lope, no eres justo con él. —La mujer tiró de la mano de su hijo—. Dionisio no se lo merece.
Lope se volvió a acercar a su madre, susurrándole al oído.
—Dionisio permitió que su padre te violara para poder tener descendencia porque él es estéril. Nadie que ame de verdad, vende así a su amada, mamá. —Lope se puso derecho, con seriedad en su rostro y dulzura en su mirada— No me sale llamarles papá a ninguno de los dos, lo siento.
Lope le dió un último abrazo fugaz a su madre, y, con una segunda tostada en la boca, salió de la casa.
Mauro le esperaba al pie del coche, con la puerta trasera abierta.
—¿Doña Margarita no va a venir?
—Hace años que mi madre no es más que un florero en la empresa, a veces pienso que sus acciones son falsas. —Comentó Lope al abrocharse el cinturón.
—Eso no es impedimento para que la señora haga el papel de amante esposa. —Ironizó Mauro desde el asiento del conductor.
—Ella sabe lo que pienso de nuestra oscura familia, le duele verme fingir ante el comité de accionistas. Por su salud mental, es mejor que no sufra por mí.
Llegaron en veinte minutos al aparcamiento para empleados del hotel principal del complejo. Un largo recorrido entre descansillos y pasillos donde cada vez que se cruzaba con un empleado era de mayor rango.
Todos le saludaban con cariño, y a Mauro también. Lope era querido por todos los empleados del hotel, aunque al director Dionisio le tuvieran miedo.
Llegaron ambos ante la enorme puerta abatible de la sala de juntas, Mauro se posicionó detrás por su posición; Lope inhaló hondo y abrió las puertas, como único heredero debía de recibir instrucciones de dirección.
Indicaciones de su padre, que ante todos era su abuelo; y de su hermano, que ante todos era su padre.
#4994 en Novela romántica
#1442 en Chick lit
ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 16.01.2026