El barman la observó quieta y mirando a los Estuardo y los demás hombres y mujeres de la directiva de la cadena hotelera.
—¿Te gusta el jefecito?
Libertad se giró hacia él, levantando una ceja.
—No, curiosidad. —Mintió con soltura al mover la mano.
—Entonces ¿Vas a pedir algo, o solo vas a calentar el taburete?
—Insistes, ¿eh? Pues ponme un Gin tonic sin ginebra.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque solo puedo servir alcohol, sencillamente.
—Oye, te estoy pidiendo un Gin tonic y lo quiero con los dos líquidos separados; ¿Tan difícil es de entender?
El barman se dió la vuelta y se puso a preparar el pedido de Libertad.
Mientras tanto, ella se abstraía girando sobre el taburete y mirando la sala.
Volvió a observar al grupo de la élite del hotel.
Dos caballeros y una señora trajeados hablaban entre ellos y Libertad supuso que eran los socios minoritarios.
Algún hombre del mismo aspecto que Mauro le acompañaba; hablando distendidos entre ellos, como los minoristas de la junta.
Y luego estaba Lope Estuardo Montenegro, con Dionisio Estuardo a un lado y Fernando Estuardo al otro. Le dió la sensación de que le dirigían como un antifaz de los caballos de rejoneo, quitándole la panorámica.
Se volvió a girar, y tenía una copa delante de ella, con una aceituna pinchada con un palillo.
—¿Qué es esto?
—Tu Gin tonic.
Libertad puso los ojos en blanco y le extendió un billete de diez euros.
—Cóbrate.
—Son quince, lista. —ironizó el barman, extendiendo la mano por la diferencia.
—Pues habérmelo servido como te lo he pedido, por separado. —Libertad le miraba con ironía.
Una mano en su hombro asustó a ambos. Libertad se giró y era Mauro.
—Rai, es abstemia, sírvele lo que te pida. —El guardaespaldas miraba con severidad al barman.
—Solo servimos alcohol, Mauro.
—Pues a ella no, ¿entendido?
Libertad resopló.
—Déjalo, Mauro —Libertad recogió el billete rojizo—; si lo ha mezclado, que se lo beba; yo no lo voy a hacer.
Se levantó del taburete y se instaló en un rincón. Buscó en su bolso una piruleta de violetas que tenía empezada y se la metió en la boca.
Mauro la observó mientras lo hacía y acabó sonriendo de satisfacción. Admiraba su determinación y su entereza.
Desde su posición, Libertad pudo ver cada detalle de las personas que celebraban esa reunión. Se dió cuenta de que cuando hablaban Dionisio o Fernando, Lope bebía un trago más largo de la bebida de turno.
Al cabo de hora y media, Lope ya no rendía ninguna fachada y llamaba a su padre y a su abuelo por el nombre y con tratamiento de Don; como si les hubiese perdido todo respeto o miedo.
Los socios ya se habían ido, hacía un buen rato. Solo estaban los Estuardo y sus protectores; y hasta ellos se querían marchar.
Fernando se fue con la excusa de ser un hombre mayor, y Dionisio no aguantó ni una copa más con su hijo, pues se levantó de la mesa en cuanto vio que Fernando ya no estaría a la vista.
Cuando Dionisio y su guardaespaldas desaparecieron, Mauro pudo relajarse y levantar a Lope.
Lope levantó el puño e intentó golpear a Mauro, aunque la inercia de ese movimiento perdió la fuerza como un globo de caucho sin atar.
—¡Déjame solo!
—Don Lope, vayamos a casa. —Dijo el guardaespaldas con cariño.
Mauro levantó la vista, dispuesto a indicar a Libertad que se aproximara para que obrara su magia; pero se sorprendió gratamente al ver que ya estaba al pie.
—Lope… —Libertad le tocó el hombro.
Él se derrumbó, derrotado. Estiró los brazos hacia ella, abriéndose paso entre los vasos de las bebidas.
—¡Lilith!
Libertad frunció el ceño contrariada; siempre odió que la llamaran Lili, pero no era el momento de replicar.
—Lope, vámonos a casa, ¿Vale?
—¿Has venido a buscarme? —Lope tenía la cara enrojecida por el alcohol, pero las córneas empezaban a humedecerse y enrojecerse por algo más.
—No deberías estar aquí, te llevaremos a casa. —Libertad intentaba que Lope se pusiera en pie con su ayuda.
Un Lope ebrio, pero no tonto, al escuchar el plural se puso algo celoso y miró a Mauro.
—¿Eres el novio de Lilith?
—¡No, por dios, para nada! —Mauro se rió con la ocurrencia del Lope infantil.
—¡Lope! —le llamó la atención Libertad, para que la mirara a ella, de nuevo—, él es Mauro, mi primo de zumosol; es grande y fuerte, y te puede llevar a caballito, si quieres.
—¿Cómo se te ocurren estás cosas, Libertad?
—Me costeé la escuela de cocina con lo que ganaba de niñera en mi adolescencia. —Libertad mostraba una cara sincera y consecuente—. He lidiado con mucho niño pijo en mi vida y sé tratarlos.
—Creía que no te gustan los niños.
—No es incompatible. Puedes odiar a un tipo de persona y tratarla todos los días. ¿No crees?
—Tocado.
—¡Lilith, no me dejes! —Lloró.
—Lope, estoy aquí, no me he ido a ningún sitio —Libertad le acarició la cabeza, con genuina comprensión—, ¿mi primo Mauro te puede coger? ¿No le vas a pegar, verdad?
—¡Prometido!
Mauro cargó a Lope a la espalda, con las piernas a horcajadas y sus brazos al cuello, agarrándole de las rodillas.
Pudieron ir tranquilos hasta el coche, si Libertad le estaba tocando, fuera cual fuera la zona.
—Esta vez he salido indemne. —Bromeó Mauro en voz baja.
—¿Esta vez, dices? —Preguntó Libertad.
—La semana pasada consiguió tirarme al suelo y se lió a darme puñetazos en el abdomen —Mauro se señaló como pudo el vientre—, no me hizo más que hematomas, pero no puedo soltar una carcajada sin que me duela.
—¡Joder! —exclamó Libertad tocándose el abdomen.
Lope soltó un gruñido leve; se había quedado dormido.
Entre los dos consiguieron meter al niño grande en el coche, pues se revolvía si no sentía el tacto de Libertad; que se sentó junto a él en la parte trasera.
—Lilith, no me dejes. —Lope hablaba en sueños— ¡No quiero volver con ellos!
Mauro arrancó el coche y no puso ni la radio. Quería que lo que se dijera en el coche, no saliera de ahí.
—Hay que volver a casa, Lope, con papá y mamá. —Mauro se atrevió a entonar desde su asiento de conductor.
—¡No es mi papá, Dioni es mi hermano, no le quiero! —Lope pataleaba, lloraba y dormía—; ¡Mi papá es Fernando, y tampoco le quiero! ¡Es malo!
Libertad se llevó la mano libre a la boca, atónita.
Pensó que, tal vez, un padre abusivo y una madre alcohólica no eran el colmo de una infancia infeliz.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 16.01.2026