Mauro la observó.
—Eres fuerte. —Dijo.
—Ese día me dije a mí misma que si alguien me atacaba, sería con razones para ello, pero no por algo que no pudiera controlar.
—Libertad…
—Dime.
—La reacción de Dionisio ha confirmado que eres Lilith, no hay duda.
Libertad abrió la boca para replicar, pero en vez de hacerlo, miró a Lope y se contuvo.
—Haré lo que me dé la gana, ese gilipollas de tu jefe se cree muy poderoso, pero no puede quitarme nada porque no tengo nada que me pueda quitar.
—Pues ya tienes más entereza que toda la plantilla junta.
Libertad sonrió y se dispuso a levantarse. Lope le agarraba con fuerza la muñeca.
—Lilith…
Libertad se agachó y se acercó a su oído.
—Te han mentido, Lope, mi nombre es Libertad.
Ella no vio que Lope había entreabierto los ojos y que había levantado la mano. Pero él, acercó los dedos a su cara y le acarició la mejilla.
—Lo sé —susurró Lope en su oído—, pero para mí siempre serás ese ramo de lilas al que huele la libertad de poder elegir.
Libertad se levantó lentamente hasta ponerse de pie.
—¿Qué te ha dicho? —Mauro se mostró preocupado al ver la cara de Libertad.
—Creo que su subconsciente sabe que yo soy la niñera que les defendió.
—Pero sobrio no recuerda nada, Libertad. —Mostró Mauro.
—Pues que no lo sepa. Cuando está borracho, tampoco es que se acuerde que tú también estabas ese día, ¿Verdad?
Mauro ensombreció el semblante y con un mutismo muy triste, extendió el brazo para que Libertad saliera.
El amarre de Lope seguía intacto. Aunque inconscientemente era un niño de once años, Lope tenía la fuerza de veintinueve años que tenía su cuerpo.
—Complicado. —Libertad se volvió a agachar—. Lope, que tengo que volver a casa; suéltame, por favor.
Libertad intentó zafarse de los dedos de Lope uno a uno.
Mauro cogió el bolso de Libertad que se le había caído al suelo.
Lope levantó su otra mano y la puso en el hombro de Libertad, algo que la descolocó y se giró involuntariamente.
Esa grieta en la coraza de autocontrol de Libertad, la aprovechó Lope para acercarla a él.
Mauro intervino con la mano. Recibió un beso fortuito de Lope y un beso accidental de Libertad.
—¡Me debes un beso! —Se quejó el borracho tumbado en la cama.
—¡Joder, pero no en la boca! —Se quejó Libertad, muy ruborizada.
—¿Te gusta Lope? —Disparó Mauro, sin anestesia.
—¿Alguien tan imprevisible como él? ¡Ni loca!
El corazón le iba desbocado. Definitivamente, esa familia era la horma de su zapato, ¿O era la china? Fuera lo que fuese, Libertad estaba fuera de su zona de confort y eso siempre la ponía en alerta.
Intentaron dejar tranquilo a Lope, que soltó a Libertad al fin y puso una cara de bobo que a Libertad le dio mucha grima.
—Al final te robé un beso, Lilith. —Oyeron justo antes de salir de la habitación.
Libertad salió de la casa, escoltada por Mauro. Se sintió observada, pero no le importó hasta que llegaron al barrio donde vivía Libertad.
—Déjame por aquí.
—No seas tonta, te llevo a casa.
—El coche tiene GPS, déjame aquí.
—¿Qué más da?
—¡Qué me dejes aquí, Mauro!
—¿Por qué?
—¡Porque no quiero que mi padre sepa donde vivo, y el psicópata de tu jefe, tampoco!
Mauro frenó en seco. Se dió cuenta del pánico en las palabras de Libertad y sabía que don Dionisio tenía el poder de comprar el edificio entero por especulación inmobiliaria. Y lo haría con total seguridad, por la rabia que había demostrado en la puerta de la habitación de Lope.
—¿Y qué propones? Quiero asegurarme que llegues a casa, Libertad.
—Tendrás que fiarte de mí, lo siento.
Ella abrió la puerta, se bajó del coche, y se alejó hasta la acera; desde donde agitó la mano despidiéndose.
Libertad confió en el cariño que Mauro le tenía a Lope y quiso creer que haría tres o cuatro paradas estratégicas para despistar a ese psicópata si les estaba controlando la posición GPS del automóvil.
Rodeó dos manzanas y atravesó por un pequeño parque hasta llegar a su portal.
Subió andando las escaleras porque temía que, si subía en ascensor, no sería capaz de mover los pies del elevador.
En el último tramo de la escalera, agarró las llaves desde el fondo del bolso y sin pararse, continuó caminando. Cerró la puerta de casa y se tiró en el sofá.
Neko acudió preocupado.
—Estoy agotada, gatito.
Neko se acercó a su cara y la olisqueó, acariciándole con sus bigotes. Le oyó ronronear.
—Creo que me he metido yo solita en la boca del lobo, Neko.
El gato soltó un leve maullido, como si aceptara su certeza.
—Realmente eres listo, porque Dionisio es una mala persona. —Pensó en la reacción del gato con la foto y se acordó de cómo reaccionó con cada varón de la familia—. Aunque si alguien al que bufas un poco es así, preferiría no conocer a Fernando, la verdad.
Por último, pero no por ello menos importante, vino a su mente el momento en el que Lope admitió que siempre supo su nombre.
—Lope me desconcierta, no sé cómo va a reaccionar.
Al nombrarle, Neko se subió encima de Libertad y empezó a retorcerse, como cuando marcaba territorio.
—Tú también me desconciertas ahora mismo. ¿Acaso estás celoso del pijo? —Libertad sonrió por la incoherencia de la pregunta.
Neko se bajó hasta tumbarse frente a frente con Libertad y parecía estar determinado a hablar.
—Miau.
Y pese a no ser Catwoman, Libertad entendió una afirmación en el tono de voz de su gato.
—Eres raro de cojones, Neko.
El gato se mostró conforme, subiéndose otra vez sobre la espalda de Libertad y retorciéndose.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 16.01.2026