De Lilas y Aguamarina

14. Plato del día: Pollo Europeo al limón.

El domingo empezó con una canción como despertador. Pero no era la radio, era Mauro.
Con los ojos como platos, cogió la llamada.
—Oye, grandullón, ¿No es muy pronto para que yo os haga falta?
—¿Qué? —tosió un poco— es una anécdota, nada más.
—¡Hala, Mauro, tú marujeando! —Libertad miró a Neko, desperezándose—, ¡me lo dices y no me lo creo!
—No van por ahí los tiros, listilla —¿Mauro intentaba ser sarcástico con ella?—, es por Lope.
—¿Qué le ha pasado al pijo, ahora?
—Me ha preguntado por Lilith, y me ha dicho que la recuerda vagamente, de anoche.
—Pero... —Libertad se rascó un poquito el cogote— ¿Me ha llamado Lilith o Libertad?
—Ah, Lilith.
—Pues tú dirás, Mauro, porque lo podemos usar para que no te agreda de ahora en adelante. —Sacó una sonrisa, que su gato ignoró— ¿Eh, primo de Zumosol?
—¡Dios, que recuerdos con esos anuncios!
—He pensado que quizás su primo... me refiero al de Lope.
—Libertad.
—Dime.
—¿Tú crees que según se comportó Dionisio contigo, no habrá hecho algo con ellos?
Libertad abrió mucho los ojos.
—Cierto. —Libertad se notó preocupada, más de lo habitual en una circunstancia así—. Pero esta semana tengo una prueba para chef y no creo que sea compatible con eso de ser niñera.
—¡Que rápido, caray!
—No me gusta dejar un trabajo, pero yo soy cocinera, no niñera. —Suspiró por responsabilidad con su posición— Ahora que le habíamos pillado el tranquillo...
—¿Es definitivo? —Quiso saber Mauro.
—¡No, hombre, no! —Libertad soltó una carcajada—; ¡tendría que cocinarte algo y sabrías que mis platos siempre triunfan!
—¡Huy, qué fantasma!
—¿Te apuestas algo?
Mauro tardó en responder, algo raro en él.
—¡Una cita!
Eso la pilló completamente desprevenida.
—¿Es una broma?
—No, si consigues hacer un plato mejor que Paca, haré como si nada; pero si Paca lo hace mejor, quiero una cita.
Libertad pensó que a Mauro se le había pegado la locura de Lope. Y luego pensó que quizás era alguna artimaña retorcida.
—Pero... ¿La cita sería contigo?
—Claro, ¿Con quién iba a ser, si no? —chasqueó la lengua como si se hubiese dado cuenta de algo— ¿O preferirías que fuera con Lope?
—Con él no, gracias. —Libertad puso los ojos en blanco, al verse descubierta— Me desconcierta demasiado para estar cómoda en cualquier situación posible. ¡Quita, quita!
—Pues el beso que me disteis los dos en la mano, no indica que él te sea indiferente. —Mauro le había recordado algo que había olvidado, y para colmo, lo dijo con sorna.
—¡Acepto la apuesta!
—¿Cuándo podrás?
—¿Hoy? —Libertad no se amilanó.
—¿Y si Don Dionisio te ve?
—¿Qué va a hacer, perseguirme con una escopeta?
—No tiene.
—Estoy sola, y a no ser que me corte las manos para que no pueda cocinar... —Libertad rodeó la vista, con hastío.
—Entonces, ¿te voy a buscar ahora?
Libertad miró a Neko.
—Dejémoslo para cuando no me hayan seleccionado.
—¿Cobardía, Libertad? —Le notó algo de sarcasmo en la voz a Mauro.
—Supervivencia, y más con la esperanza de que pueda ser, al fin, Chef.
—¿Podría saber que plato harías?
Libertad sonrió, cayó en la cuenta de las pretensiones de Mauro y quitó importancia.
—Replicaría el mismo plato que hiciera Paca.
—Tengo que llevar a Lope al nuevo hotel que van a inaugurar la semana que viene.
—¿Más trabajo?
—Para tí no, descuida. —Mauro repiqueteó directamente en el micrófono del auricular— Supervisar una puesta a punto es sencillo. Hasta pronto.
Mauro colgó el teléfono.
Libertad, que dejó el móvil sobre la mesa, se acercó a Neko para darle mimos.
El gato se sintió como un segundo plato y la ignoró; no sin antes maullarla con desdén.
No quiso perder más tiempo y se dispuso a prepararse el desayuno. A continuación, y con el estómago lleno, sacó el atún y las gambas para practicar su versión cruzada del clásico plato vasco.
Lo probó y le gustó. A las doce del mediodía ya quedó satisfecha con el resultado y pudo vaguear tranquila.
Libertad se decantó por sintonizar una de las plataformas de streaming y terminar la temporada de la serie favorita de su gato, con la esperanza de que el animal se sentara con ella en el sofá.
Dejó la serie reproduciéndose y se fue a la cocina para preparar unas pocas palomitas de maíz.
Cuando regresó con el cuenco lleno, Neko había ocupado su parte del sofá.
—¡Ah, muy bonito, te has puesto en mi sitio!
El gato respondió con algo parecido a un pique. Libertad tenía la batalla perdida, y se sentó al otro lado del sofá.
Tres capítulos de una hora más tarde, Neko se había acomodado entre las piernas de Libertad y observaba satisfecho el final de la temporada.
—¿Te ha gustado la novela? —Dejó el bol vacío sobre la mesita—. A mí, los demonios, no es un género que me llame la atención. Pero he de admitir que el villano de la historia está bien —Libertad apoyó su cabeza en la mano que reposaba desde el codo en una rodilla y con la otra acarició la cabeza de Neko—, tan manipulador, te hace creer que a las personas malas se las ve venir.
El gato ronroneó al ritmo de la mano de Libertad.
—Voy a calentar un par de alitas de pollo para cenar; te daré una entera para ti, para que muerdas.
Libertad levantó al gato y le sentó en el asiento que antes le había quitado. Se puso en pie y llevó el bol vacío a la cocina.
Allí sacó un táper individual con alitas de pollo al limón y lo calentó en el microondas.
Tras cenar a las once de la noche, se vio la última reposición en una cadena privada nacional de una serie turca. Y cuando se hartó de tanto melodrama, se fue a acostar.
Entre la serie coreana de la plataforma y la reposición turca, Libertad había superado su nivel de pastelones edulcorados del mes.
Al meterse en la cama, su cabeza se dirigió a comparar las telenovelas con su vida, y tras ella, también lo hizo con la de Lope.
—Ríete tú de la ficción, que la vida real siempre la supera. —Lo dijo con total obviedad, pero que le fastidió un poquito darse cuenta de que el pijo ya estaba empezando a ocupar sus pensamientos en su vida privada.




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