Libertad se levantó con energía. Estaba segura de que con esa prueba, podría olvidarse del contrato que tenía.
Se había despertado con la sensación de que esa familia le iba a traer su pasado al presente.
A su mente vino la frase de Dionisio Estuardo, cuando alegó que había “ayudado” al padre para alejar a Lilith de la familia.
El hecho de que sospechara, cada vez más fervientemente, que ella era la propia niñera; le hizo plantearse investigar la empresa de su propio padre, GRACE.INC, por si hace dieciocho años tuvo una inyección de capital desmesurada.
No quiso darle más vueltas de las justas, y preparó un táper con el plato definitivo que iba a presentar.
Desayunó ligero y le puso el cuenco lleno de pienso a Neko, por si se presentaba la ocasión de ser la persona escogida.
—Neko, me voy a una prueba de trabajo, ¡Deséame suerte!
El gato apareció por la puerta interior del zaguán, maulló como un saludo condescendiente y entró a la cocina para desayunar su pienso y su agua.
Libertad tomó un taxi, expectante, y con el repaso de las instrucciones en la cabeza, llegó a la dirección indicada en el anuncio del periódico.
Levantó la vista y leyó el nombre del hotel.
—¿Phalaenopsis Estuardo Hotel? —su enorme sorpresa no era por agrado— ¡Será una broma!
Libertad estuvo realmente tentada de volver a su casa. Pero el peso del recipiente en la bolsa que llevaba en la mano y la esperanza de que por fin podría ser jefa de cocina, le hicieron optar por entrar y hacer la prueba.
Buscó con la mirada a Mauro o a Lope y no les vio. En cambio, había tantos aspirantes, que siguió con la mirada a un grupo que se dirigía hacia un lado de la recepción y entre la gente vio a alguien que conocía.
—¿Teodoro Janeiro en una prueba de chef?
—¡Lili, qué sorpresa! —Su sonrisa sarcástica no se esforzaba por esconderse.
—¿Pero tú no decías que eras un cocinero de solicitud? —Libertad se cruzó de brazos— ¿Ahora quieres ser un cocinero de menú?
—Ha sido una petición del mismísimo Lope Estuardo, no me he podido negar.
Libertad alzó una ceja. No se lo creía ni por asomo, pero le siguió el juego.
—Claro, Teo, ¡como os lleváis tan bien! —Libertad posó su dedo índice en la barbilla— Me pregunto a qué altura de una amistad, le das a tu amiguísimo del alma, un puñetazo en la cara.
—Ese tipo de cosas se las perdono, por eso somos tan amigos. —Teodoro seguía en su ilusión, presumiendo de semejante mentira.
—¿Y si al final se decanta por enchufarte? —Tentó con ironía— ¿Dejarás Janeiro Delivery Gourmet, la empresa que tanto te costó mantener?
—No me pagaron la segunda mitad del trabajo porque tú montaste aquel escándalo.
—Pero tenías más contratos después, ¿Esos irían bien, verdad? —Sonrió ampliamente, con sorna.
Teodoro se dió la vuelta, no parecía querer fingir más.
Libertad no se podía creer que Teodoro presumiera de tener tanta confianza con Lope ante ella, cuando apenas le conoció en la boda en la que Teodoro la despidió.
Ella sabía que alguien como Teodoro podía inventarse cualquier excusa con tal de espantar a cualquier contrincante, pero habiendo vivido la situación en persona, ¿Por qué presumía ante ella? No tenía sentido.
Todos los aspirantes pasaron a la sala del restaurante, se la veía triste y sin nada que indicara que sería el restaurante de un hotel de cinco estrellas.
Libertad se dió cuenta de que era la única que traía muestra previa, y eso le hizo un poco reticente a dejarse ver con el táper que traía.
Una mujer mayor, con aspecto de institutriz austríaca, les fue llamando uno a uno en tandas de seis personas.
A Libertad la llamaron en el tercer turno.
Tenían que crear un plato con los ingredientes que escogieran, pero un plato que no gastara más de media hora en su preparación.
Miró sus ingredientes; Patatas, atún, y por elección propia había añadido gambas arroceras y pimientos de piquillo.
Los ojos se fueron al recipiente y lo vio imposible, o casi. El tiempo no daba para hacer marmitaco.
Improvisar. Eso es lo que tocaba.
¿Con el atún? Picarlo muy fino. ¿Pimientos? Picar un par de ellos y añadirlo al atún. ¿Gambas? Vuelta y vuelta, a la plancha, como adorno. ¿Y las patatas?, como acompañamiento. ¡Listo!
Libertad picó el atún, los dos pimientos; batió un huevo, y con todo hizo una hamburguesa de atún.
Cortó una patata en tiras y las frió. Las colocó alrededor de la hamburguesa como si fuera un nido de pájaro.
Limpió seis gambas y en medio minuto las puso encima del atún.
En otro plato, vació el contenido del recipiente que traía de casa. Iba a presentar ambos platos.
Con la signatura de “Lo que pides y lo que te traen” llevado al contexto del lujo frente al sabor.
Los demás aspirantes estaban un poco perdidos, e incluso una chica muy jovencita no cesaba de temblarle las manos y se acabó salpicando el delantal de aceite.
Libertad y sus dos platos pasaron a la parte del salón donde esperaban los aspirantes de los dos turnos anteriores con sus platos.
Teodoro Janeiro estaba con un plato lleno de bocados de nata agria y salmón ahumado, un canapé insípido que se creía que gustaba, porque lo llevaba a todos los eventos a los que les contrataron cuando Libertad trabajaba para él.
Otro turno más, y con los veinticuatro aspirantes, tocó el turno del jurado.
A la chica de los dedos de mantequilla, junto con Teodoro y cuatro personas del último turno, les echaron los primeros.
—Soy amigo del jefe, no podéis echarme así. —Se quejaba Teodoro, sin éxito.
Los otros cinco del primer turno y dos aspirantes del segundo, fueron los siguientes.
Fueron descartando otros cuatro, y luego tres más. Libertad estaba entre los cuatro que quedaban, y cada vez había menos plato que probar.
La última criba sería el director, y eso no lo tenía Libertad en sus planes.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 06.02.2026