Para la última prueba, los posibles chefs tenían que hacer otra prueba desde cero.
Eran otros dos chicos y una chica; un hombre alto y muy delgado con la nariz muy recta y larga; un señor de complexión ancha y con más arrugas que capas de masa tiene un croissant; y la otra mujer era una chica joven, ágil y nerviosa, pero con una seguridad muy tímida.
Cuando se puso ante los fogones, Libertad pudo ver por el ojo de buey de la puerta que Lope se sentaba en ese preciso momento.
Una intuición le recordó el guiso de Paca el viernes por la noche, era parecido al caldo de verduras y le vino otra vez la inspiración.
Gelatina de verduras salteadas.
Libertad buscó patas de pollo para cocerlas y hacer gelatina animal, en la despensa encontró agar agar y lo añadió al agua de cocción; junto a puerro, apio, lombarda, nabo, alcachofas, zanahorias, guisantes, y patatas.
Cuando acabó de cocer, el aroma a caldo de verduras llenó de orgullo las fosas nasales de Libertad.
Apartó las patas de pollo y coló el caldo. Sacó gran parte de los guisantes, la mayoría de rodajas de zanahoria y trozos de patata.
Salteó las verduras escogidas con mimo y delicadeza y las incorporó lentamente en el caldo que quedaba de la cocción que había vertido en un molde clásico de flan.
El abatidor, o frigorífico ultracongelador, se lo hizo bastante sencillo; pues mientras la gelatina cuajaba, Libertad podía esmerarse en el emplatado.
Cuando desmoldó la gelatina, adornó con unos pequeños pensamientos comestibles, pero escogió solo las flores moradas por instinto.
Rodeó el plato de verduras con migas de coliflor y ya lo tenía listo.
El sorteo dejó a Libertad en última posición y tras presentar cada aspirante su plato, se quedaban en el comedor.
Llevó una bandeja con una campana de metal cubriendo el plato. Algo que, al parecer, nadie hizo.
Libertad conocía a las tres personas que iban a hacer de catadores; Lope, Margarita y Paca. Y cual Superman, cogió unas gafas del bolso y se las puso, con la esperanza de que no la reconocieran.
Lope fue el primero en fijarse en la campana.
—¿Crees que, al menos, podrás presentar algo cocinado en el plato? —La cara de Lope sonreía, pero su ceja levemente levantada de la otra, implicaba que le estaba desafiando—. Con tal de que no esté crudo me conformo.
Libertad sonrió satisfecha, con tipos así sabía lidiar muy bien.
—Gelatina de verduras salteadas. —Libertad sonrió ampliamente mientras quitaba la campana.
Partió una pequeña porción para Lope, otra para su madre y otra para la cocinera de la casa. A cada uno le dió su plato y echó un paso atrás para esperar la reacción.
Paca sonrió con el primer bocado, con una mirada de añoranza a ninguna parte.
Doña Margarita quiso atrapar todas las verduras con la primera cucharada y tras comérsela, sonrió y afirmó.
Lope se comió una cucharada, saboreándola. Después vino otra, y otra, y otra; hasta que se terminó la ración de su plato.
Paca hizo el ademán de querer hablar, pero Lope la interrumpió.
—Puedes esperar con los otros aspirantes.
El tono ahora le pareció más cordial, aunque pudieron ser solo imaginaciones suyas.
Libertad afirmó con un movimiento leve de cabeza y se sentó entre los dos aspirantes varones.
Libertad no sabía si alegrarse o no del hecho de que Mauro no estuviera con Lope como guardaespaldas. Aunque seguramente él si la hubiese reconocido bajo unas gafas de pasta que no llevaban cristales.
La puerta que Libertad acababa de cruzar menos de cinco minutos antes, se abrió. Lejos de lo esperado, apareció Paca.
—Libertad Nogales Herrero será la nueva adquisición del imperio Estuardo; gracias a los demás por participar en esta selección y se les desea un futuro próspero.
Francisca entrelazó sus manos y las dejó caer, parecía una madre mayor esperando a sus hijos en la puerta del colegio. Ese gesto le indicó a los otros tres que podían irse por donde habían venido.
Cuando desaparecieron, Paca se acercó a Libertad con ilusión y complicidad.
—¡Que bien cocinas, carabina!
—Llevo más de diez años en el sector, doña Paca.
Libertad contestó sin pensar en si Doña Margarita le habría reconocido de las dos noches que la vio en su casa. Aunque en realidad, le dio igual.
—Es la primera vez que veo a Lope comerse entero un plato que sea solo de verduras.
Libertad sintió que Paca estaba realmente sorprendida.
—Te puedo pasar la receta de los pasos que he seguido. —Libertad se agachó y le dió un ligero apretón en las manos. Pero las noches del viernes y el sábado acudieron a su mente. —¿Don Lope o Doña Margarita me han reconocido?
—La borrachera del señorito le desinhibe, y ha pasado mucho tiempo como para que Doña Margarita se acuerde de tí.
—No te entiendo, Paca.
—¡Anda, pues yo a tí tampoco! —se colocó las manos en la cintura—, ¿Crees que tienes la misma cara que hace casi veinte años, niña?
—¿Casi veinte años, dices? —Era la pieza que faltaba para decidirse a investigar, pero tenía que aclarar ese preciso momento— Me la crucé al pie de la habitación de Lope, ambos días.
—¡Vale, ya te entendí! —Paca relajó la postura y se giró para mirar la puerta—, no me ha dicho nada al respecto. Pero… ¿Qué podría decir estando Don Lope presente?
Libertad volvió a cruzar la puerta para agradecer la opción que le presentaban, y esta vez, ya estaba Mauro en el grupo.
—Soy Libertad Nogales Herrero —extendió la mano a Margarita, con la intención de descubrir algún ápice de reconocimiento por su parte—, la nueva Chef de la plantilla de la empresa.
Margarita se levantó, inclinó la cabeza como si fuera japonesa, y se dirigió hacia la salida.
Lope extendió la mano y fue quien se la estrechó, quizás con un poco de marcaje.
—Lope Estuardo Montenegro, seré el director de este hotel a partir de ahora; y tu futuro jefe.
Libertad pudo ver que lo decía con amabilidad y condescendencia, pero también notó que se sintió algo dolido que ella se dirigiera a Margarita en un principio en vez de a él.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 06.02.2026