Libertad mostró esa sonrisa que tenía tan ensayada para las entrevistas; una que mostraba la seguridad necesaria para no parecer prepotente. Pero la situación era bastante curiosa, y sobre todo, diferente al resto de las veces.
—¿Cuándo empiezo?
—Pues… —Lope mostró momentáneamente cara de sorpresa, pero enseguida se corrigió— teniendo en cuenta que vas a diseñar el menú desde cero, yo te sugiero que vengas desde mañana.
Lope ladeó la cabeza un poco. Esa mujer que tenía delante le desconcertaba. ¿Cómo podía cocinar tan bien, y al mismo tiempo no saber que para trabajar en un hotel de cinco estrellas hay que diseñar un menú por completo?
—Me gusta saber que confías en mí desde el principio. —Libertad mostró una sonrisa sumisa que tenía muy ensayada.
Lope sonrió de manera cordial, se metió las manos en los bolsillos y movió levemente la cabeza, como si estuviera intentando sacar alguna palabra más a Libertad. Como no lo consiguió, habló él.
—Espero que hagamos un buen equipo.
Por la cabeza de Libertad pasaron muchos equipos posibles y su cara de circunstancia cuadraba totalmente con la inoportuna tos que le entró a Mauro.
Tanto Libertad como Lope se preocuparon por Mauro. El guardaespaldas abrió mucho los ojos, mirando a Libertad; y aunque ella retrocedió, Lope también se dió cuenta de la mirada que habían cruzado los otros.
—¿Os conocéis? —Lope nunca admitiría que sintió una pizca de envidia, pero se dió cuenta.
—¡Es una prima lejana, Don Lope! —Mauro fue bastante veloz al improvisar esa mentira.
—¿Lejana, cómo de lejana? —Lope se traicionó a sí mismo.
Libertad había cogido la intención de Mauro al vuelo y se dispuso a improvisar.
—¡Qué alegría coincidir contigo, Mauro! ¿Desde la boda de la prima que no nos veíamos?
Lope suspiró levemente y se enderezó.
Paca, que había visto todo como si de una comedia romántica se tratase, intentó seguir la corriente.
—Pues le voy a tener que pedir esa receta a tu prima, Mauro.
Libertad se encogió de hombros por compromiso.
Lope sacó un maletín sobre la mesa y lo abrió. Tras buscar entre unos pocos papeles, encontró el papel que buscaba, el contrato.
Libertad lo ojeó.
—Es mucho dinero, ¿No tendré que cocinar personas, verdad?
Lope no entendió la broma que intentó soltar Libertad con ese comentario.
—¿Personas?
—Como parece un soborno por mi silencio…
Lope se puso alerta y se mosqueó bastante, aunque intentaba disimular.
—No tienes por qué ofender comparando un hotel con la mafia.
Mauro se acercó a Libertad y, sujetándola por los hombros, la llevó aparte.
—¡Libertad, joder, te he visto mucho más sutil cuando te atacó Dionisio! —Le susurró entre dientes Mauro.
—¿Pero qué he dicho?
—No tienes la confianza suficiente con Lope como para que él te ría las gracias al comparar a su familia con la mafia.
—¿Mafia? Yo lo comparaba con los políticos. —Libertad parpadeó, y como si reseteara su mente, cayó en la cuenta—. Y tienen un mecanismo parecido, cierto. ¡Qué metedura de pata!
—Hoy estás espesita, guapa.
—Sí.
—Mis más sinceras disculpas, Don Lope, suelo ser de carácter afilado, pero no ofendo si no me siento agredida y este no ha sido el caso.
Lope contuvo la respiración, no sabía si Libertad le estaba juzgando, si le estaba bromeando o si solo quería salvar su puesto.
—Eres la mejor, con diferencia, de todos los que hoy han cocinado aquí. —Optó por la última opción—. Y es lógico que quién ocupe el puesto de jefe de cocina, tenga un sueldo a su medida. —Lope hizo una inclinación caballeresca—. ¿Eso te convence?
Como no sabía que esperar, Libertad solo entornó los ojos y apenas afirmó para dar las gracias.
Libertad caminó hacia atrás y sin más cambio de expresión que acentuar su desconcierto, huyó lentamente hacia su bolso y su táper vacío.
—¿Libertad, a donde vas? —Mauro la llamó.
Ella no se reconocía, pero su instinto le pedía mirar la situación con la distancia suficiente. Alzó la mano, levantó un dedo y llegó a sus pertenencias.
Al abrir el bolso, sin moverse, y contemplando el interior; intentó zafarse mentalmente de su propia contrariedad y retomar el rumbo de sus aspiraciones.
Cerró los ojos y aspiró profundamente, convenciéndose a sí misma que seguramente Lope estaba fingiendo una fachada de buen chico. Y se convenció tan rápido, que su actitud tan dubitativa se disipó por completo, sacando a relucir la sarcástica Libertad que siempre mostraba.
Recogió todo lo que aún no había recogido y volvió con su bolígrafo en la mano para firmar el contrato.
—Por un momento pensé que no ibas a aceptar el empleo. —Lope sonrió con amabilidad, pero Libertad no se dejó convencer.
—Soy su chef, Don Lope —Libertad mostró su cara más valiente, o quizás temeraria—, sé que alzaré el nombre del restaurante.
Lope se sintió retado.
—Solo espero que esté a la altura de la cadena de hoteles, no vaya a ser que mordamos la mano que nos da de comer.
Lope le dió el contrato, Libertad lo firmó y él se guardó su copia, dándole a ella la suya.
Libertad entrecerró los ojos, buscando ese hilo de prepotencia de los millonarios.
Cinco segundos, eternos, en los que Lope imitó la cara de Libertad por un instante y volvió a ser la amabilidad en persona.
Desde que Lope había alabado tanto la mano de Libertad en la cocina, la situación se había transformado en un duelo de quien leía a quién.
Paca se levantó y cortó la tensión del ambiente.
—Señorito, cuando quiera, me puede llevar a casa.
Lope se giró y sin cambiar su sintonía, le dijo a Paca:
—¡Claro que sí, Paca! —Le puso una mano en el hombro a la mujer y miró a su guardaespaldas— ¿Te quieres poner al día con tu prima y conduzco yo, o me espero con Francisca en el coche, Mauro?
—Ahora voy, señor. —Mauro se giró hacia Libertad cuando Lope se fue— ¿Pero qué te ha pasado antes, Libertad?
—He exteriorizado lo que le llevo diciendo a mi gato esta última semana, que Lope me desconcierta y eso me incomoda.
Mauro viró la vista hacia la puerta por la que habían salido Lope y Paca.
—Ya te digo yo que es recíproco, porque eres la única que ha conseguido que desconecte de lo que se espera de él y aflore lo que él opina de verdad. —Sonrió de medio lado y comenzó a caminar—. Vete a casa y nos vemos mañana, Chef.
—¡Hasta mañana, guardaespaldas!
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 06.02.2026