Libertad entró en el portal como si fuese un fantasma. No gesticuló nada en su casa cuando se cruzó con la vecina del bajo al saludarla.
Llamó al ascensor y cuando el elevador la dejo en su nivel, abrió la puerta de su casa y pasó.
Tras cerrar la puerta, Libertad dejó la bolsa con el recipiente en la cocina y se sentó en el sofá.
Neko acudió a su encuentro y la olisqueó.
Ella se había dejado caer en el sofá con la inercia de alguien cansado, pero ella miraba al vacío.
—¡La madre que le parió! —A Libertad le dió por patalear con rabia—, ¡mi madre al menos me recordaba, joder!
El gato, que se había asustado en un principio, prefirió ignorarla al respecto.
Libertad sacó el contrato del bolso. Echó una mirada fugaz a la cifra, y luego miró la firma.
—¿Qué eres, di? —Empezó a increpar a la rúbrica, como si fuera el propio Lope— ¿Eres el prepotente heredero de una cadena de hoteles?, ¿Eres un niño traumatizado que se niega a crecer?, ¿Eres un borracho pegajoso?, ¿O eres el jefe perfecto que todo empleado quisiera tener?
Se oyó una zarpa rascando el cuenco. Neko quería comer.
—Creo que hablarle a un papel no me va a dar respuestas. —Libertad le vació una tarrina de mousse de pollo en el comedero—. Voy a buscar la empresa de papá, con un poco de suerte, puede que aclare algo.
Buscó con el móvil algo sobre la empresa GRACE.INC y solo halló la página web corporativa.
—Papá ¿De qué conoces a Dionisio Estuardo? —Comentó al aire— En la Bolsa no hay movimiento y en la web solo habla de las cualidades de la empresa. ¡Genial!
Deslizaba el dedo hacia arriba, esperando alguna pista y no encontró nada.
Decidió entonces regresar a sus libros de cocina. Se estudió algunos pasos del libro de cocina internacional y se le echaron las nueve de la noche encima.
Libertad sintonizó una serie nueva en la plataforma, y su intento de maratón se quedó en dos capítulos. Le había entrado sueño.
Al día siguiente, una llamada de un número desconocido le despertó.
—¿Quién es? —No se había despertado del todo.
—¿Cómo puedes ser tan hija de puta?
Le reconoció al instante.
—Te tengo en la agenda, Teodoro, ¿Por qué me llamas en número oculto?
—¿Sabes lo que has desencadenado apareciendo en el hotel?
Libertad sabía lidiar con la prepotencia de Teodoro, pero su tono acusador distaba de su carácter.
—¡No! —Libertad bostezó ante esa persona que quería eliminar de su vida—. Y ni ganas.
—¿Por qué te piensas que me arriesgué a perder Janeiro Delivery?
Libertad resopló, sabía que lo iba a contar de todas maneras.
—¡Ilumíname!
—¡Porque te quiero! —Lo soltó a palo seco.
—¡Vete a la mierda! —Se sintió ofendida por sus palabras; eran excesivas, incluso para su manera de manipular.
—¿No me crees?
—Es que me da igual, sinceramente. —Libertad sintió que debía frenar la locura transitoria que cegaba a Teodoro.
—¿Te ha dicho algo Dionisio?
El cerebro de Libertad hizo clic. ¿Hablaba de Dionisio Estuardo? No quería mostrar sus sospechas y prefirió divagar.
—¿Qué crees que me ha dicho Don Dionisio?
—No debería decírtelo por teléfono, ¿Podemos hablar en persona?
Libertad sopesó las posibilidades, Teodoro Janeiro tenía la clave para descifrar la incógnita de Lilith. Pero, por otro lado, la personalidad parasitaria de Teodoro le llevaba a pensar en una emboscada de Dionisio. Y este punto le llevó a preguntarse si Teodoro Janeiro y Dionisio Estuardo se conocían realmente.
—¿Temes a Dionisio? —Libertad creyó dar en la tecla correcta.
—Sería un kamikaze si no fuera así.
Libertad sintió que la afirmación de Teodoro era sincera.
—Dímelo por aquí. —Pidió ella.
—Solo te advierto de que Dionisio es muy vengativo.
Libertad suspiró con hastío.
—Teodoro, no tengo el horno para bollos, ¿A dónde quieres ir a parar?
—Huyamos juntos, yo te puedo proteger de Dionisio.
Libertad se dió cuenta de que Teodoro estaba siendo sincero, de una manera abrupta y descolocada, pero sincero.
—Mira, Teo, yo no huyo y lo sabes. —Libertad intentó ser lo más cortés posible—. Si me quisieras de verdad como dices, no me hubieras ninguneado el año y medio que trabajé para tí. —Cayó en la cuenta de lo que Teodoro sabía del día anterior—. Y el único Estuardo que estuvo en la cata final fue Lope, las otras dos personas no tenían ese apellido.
Le oyó suspirar de alivio, pero Teodoro no se olvidó de lo que había admitido.
—Me desquicia no tenerte cerca, eso es amor, ¿No?
—¡Como si estuvieras muy cuerdo al lado mío! —le increpó Libertad—. No digas gilipolleces.
La llamada se colgó de repente.
Libertad se volvió a tumbar, soltó una carcajada y se levantó de la cama de un salto.
Se preparó el desayuno como siempre y le quiso dar algo jugoso al gato.
—¡Neko, el desayuno!
No apareció.
Le buscó por toda la casa.
No estaba en la cocina, ni en el baño, ni en su torre y rascador. No estaba siquiera en la habitación que usaba de biblioteca y ropero, y que tan poca gracia le hacía al gato.
—¡Neko, sal, no tiene ni puta gracia!
Abrió la puerta de la terraza y estaba tumbado en el suelo de una manera extraña.
—¿Neko?
Libertad se acercó al animal, que no se movía. Le posó la mano y no sintió ni un atisbo de respiración en su gato.
La primera prueba fue intentar levantar el rabo y al soltarlo, cayó inerte.
Neko había muerto.
Libertad se puso en pie y miró al horizonte. Su terraza estaba abierta y abría la puerta las noches de calor para que el gato durmiera al raso.
Pero algo debajo de la cabeza de Neko le llamó la atención, un pequeño trozo de pollo, que brillaba de tono metalizado y eso no era normal.
Entrecerró los ojos, con rabia. Pero no se permitió llorar.
—Pues sí que tenía algo que perder.
Entró y cogió el teléfono, solo podía llamar a una persona, Mauro.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 06.02.2026