Al otro lado del teléfono, el guardaespaldas respondió inmediatamente.
—Libertad, ¿Llamándome a las nueve de la mañana?
—Neko ha muerto. —Fue pragmática.
—No te noto muy afectada.
—Le han envenenado, con pollo.
—¿Estás segura?
—Voy a llamar a la policía, o al Seprona, quién lo tenga que llevar. Para que levanten parte de defunción, pero estoy segura de que ha sido tu jefe.
Al otro lado del teléfono no hubo sonido alguno.
—Mauro, ¿no dices nada?
—Para proteger a Lope, te he de proteger a tí, carabina. —Mauro intentaba ser cordial, pero el tono era de seriedad apabullante—. ¿Quieres que vaya?
—Que estés aquí es lo de menos, principalmente porque tendrás que llevar a Lope a algún sitio. —Libertad se permitió suspirar—. Y tendrás que trabajar. Ahora solo tengo que saber el motivo de la muerte de mi gato.
—Lo siento, Libertad, de verdad.
—Lo sé, y te lo agradezco, Mauro.
—Estoy seguro de que si le pido permiso a Lope, me dejaría acompañarte.
—¿Y que monitorice Dionisio todos tus movimientos? ¡No, gracias! Mi familia, mi dolor; simple.
—Si no te hubiera ofrecido ese contrato hace diez días, tu gato seguiría vivo.
—Si no me hubieras ofrecido ese contrato, tendría que haberme ido de esta casa.
La voz de Lope se oyó al otro lado del teléfono, tras la voz de Mauro, con palabras inconclusas.
—Estoy hablando con Libertad, señor —Mauro le dijo a alguien que estaba con él—, que ha tenido un problema bastante grave.
Volvió a oírse a Lope con tono de chascarrillo y después la voz de Mauro apagada.
—¡Es que le han envenenado al gato, Don Lope! —Se le entendió tras algo que tapaba su micrófono.
Un par de sonidos roncos, algo parecido a una palmada y un leve gruñido.
—¿Libertad?
Ella reconoció la voz, por teléfono tenía el timbre muy similar a su estado ebrio.
—¿Lo… Don Lope? —¡Casi se traiciona hablándole con la familiaridad de la noche!— ¿Quiere algo?
—¿Tú estás bien?
Libertad sonrió inconscientemente; “jefe comprensivo” pensó.
—En cuanto avise a las autoridades competentes, voy al hotel. —Libertad quiso ser profesional.
Lope tardó un segundo más en responder.
—No esperaba menos de tí. —Carraspeó.
Libertad se sintió un poco desconcertada. ¿Ahora era el heredero prepotente?
—¿Eh?, sí, claro, a eso me refiero.
Libertad puso los ojos en blanco.
—Creo que a quien tienes que llamar es al veterinario —Mauro habló esta vez—, aunque si sospechas de que sea un envenenamiento deberías dar parte a la policía.
—Gracias, no lo tenía muy claro. —Libertad se sinceró al oír la voz del guardaespaldas.
Oyó un quejido extraño y una pequeña risa por parte de Mauro.
—Creo que yo también puedo tener un arma secreta; nos vemos luego en el hotel.
Tras colgar la llamada, Libertad llamó a la policía. No quiso entretener a los agentes con sus sospechas cuando se presentaron en casa; porque su certeza no tenía más base de que un hombre de más de cincuenta años la había intentado intimidar.
Tardó más de cuatro horas en poder prepararse para ir a trabajar, y para colmo, le recomendaron que cerrara la terraza.
Como la casa, en realidad, no era suya, pues vivía de alquiler, tuvo que avisar a su casero por mensaje de texto.
Recogió para ir a trabajar y llegó en menos de media hora más tarde.
Antes de entrar por la puerta trasera, una voz conocida la llamó:
—¡Lili!
—Nunca me gustó que me llamaras así, y lo sabes, Teodoro.
—Y, en cambio, a mí me encanta oírte decir mi nombre. —Estaba desaliñado y con las manos en los bolsillos, pero su pequeña sonrisa no parecía presagiar nada bueno.
—¿Qué quieres? —Resopló Libertad con muchísima desgana.
—Huyamos, Lili, lejos de Madrid y de la familia Estuardo.
—Contigo no vuelvo ni loca. —Libertad no se molestó, no le atacó; ni siquiera mostró gesto de irritación. Simplemente, lo notificó en voz alta.
—¿Libertad?
Ella se giró para mirar. Era Lope desde la puerta de emergencia, abierta por él.
—Buenos días, Don Lope.
—Si entras ya a la cocina, podrás conocer al resto de la plantilla que ya he contratado.
Lope sonrió con comprensión y una pizca de orgullo. Libertad se alegró genuinamente de que el pijo interrumpiera una conversación incómoda antes de empezar.
Eran solo cuatro o cinco pasos, pero según ella caminaba hacia la puerta del hotel, Lope se dispuso a salir.
—¿Te llamas Teodoro Janeiro, cierto? —Oyó de un Lope que parecía recriminar algo que era ajeno a ella.
Libertad se detuvo en el lado interior de la puerta, donde se encontraba Mauro entre las sombras y con una caja entre las manos.
—¡Lope Estuardo Montenegro —Teodoro se mostró en un tono sumiso, bastante ridículo—, cuanto tiempo sin vernos!
—¡No seas tan rastrero, que sé que eres un maldito cobarde!
—Lope, ¿Por qué dices eso?
—Dejé que te enchufara mi padre en la selección de personal, pero al ver tu cara en el currículum y leer que trabajaste tanto en STUART.INN como en GRACE.INC lo tuve bien claro, eres uno de los dos mandados de Dionisio para boicotearme.
Libertad se llevó una mano a la boca, por escuchar el nombre de la empresa de su padre. Miró a Mauro, que estaba algo sorprendido, como ella.
Pero la discusión no se quedó ahí.
—Yo no soy el enemigo, Lope. —A Teodoro se le escuchaba intentando manipular desde el interés —. Solo me he acercado a Dionisio y a Damián para sobrevivir.
Libertad miró a Mauro, que se llevó un dedo a la boca para recomendar silencio.
—¿De qué conoce Teodoro a mi padre? —Susurró Libertad al guardaespaldas, que le contestó encogiéndose de hombros.
Oyeron una palmada.
—¡No me toques! —Gritó Lope.
Mauro salió raudo, dejando la caja en el suelo, que se abrió.
—¡Don Lope ya le puso un ojo morado en la boda de su amigo Evan, lárguese de aquí, Teodoro! —Gritaba Mauro al indeseable que tenía delante.
Teodoro Janeiro, al ver el muro que era Mauro, se acobardó la poca valentía que le quedaba y se fue de allí.
Satisfechos y con el orgullo subido, se acercaron a la puerta; pero Lope cayó en la acusación que Mauro le había recriminado a Teodoro y la lógica hizo su efecto.
—¿Libertad es la mujer a la que defendí?
Unos maullidos provenientes del interior interrumpieron la respuesta y al entrar, vieron a Libertad con la caja en las manos.
Una caja con dos gatos; uno blanco y un negro.
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ceo drama empleada, darkromance y obsesión, tensión emocional intensa
Editado: 06.02.2026