-Dime... ¿Tú me dejaste ir? -ni siquiera se dio cuenta, pero ya lo estaba tuteando-; porque si me dejaste ir, entonces...
Angustiada, Sylvia se detuvo a la espera de su respuesta. Y Mijaíl se quedó en silencio con el corazón acelerado, con los ojos cristalizados conteniendo sus lágrimas. Las lágrimas causantes del sentimiento de desesperación por intentar entender lo que estaba aconteciendo a punto de asomarse.
-Nunca quise que te fueras, no quería vivir sin ti -confesó, abatido-. A pesar de todo lo que hice, aguardaba la esperanza de que me dieras una oportunidad para enmendar mis errores.
Las lágrimas de Sylvia se abrieron paso de una manera incontrolable.
Se encontraba muy confundida y perturbada. El hecho de creer que pasó tanto tiempo inmersa en una mentira le robó la poca tranquilidad. Si aquello era la verdad, entonces quien decía ser su esposo era capaz de todo.
Sintió un leve cosquilleo en su estómago; eran aquellas mariposas que revivieron conforme él le hablaba con ternura. Sin embargo, le provocaba pavor, porque todavía no podía dejar de sentir que lo que estaba sintiendo estaba mal por la razón de que estaba casada con Dmitri.
Por una vez creyó que podría ser una especie de equivocación; sin embargo, había algo que fue incapaz de ignorar: sus lagunas mentales y la sensación que le provocaba ese hombre con tan solo su presencia.
-¿Entonces qué hiciste? -insistió, limpiando sus lágrimas.
-La última vez que estuvimos juntos en la casa de Mabel, creí que entre los dos todo estaba bien -explicó.
¿Mabel?
Pensó, intentó recordar ese rostro, pero solo pudo escuchar el timbre de su voz. Los recuerdos estaban ahí, solo debían esclarecerse, esas lagunas que estaba teniendo deberían desaparecer para darle lugar a los recuerdos más claros.
-Pero me dijiste que no querías saber nada de mí. Esa noche me fui y al día siguiente te busqué, pero Mabel me dijo que te fuiste.
-¿Entonces me fui por mi cuenta?
-Sí, porque cuando perdiste al bebé por el estrés que te generé, me odiaste -confesó.
–¿Perdí un hijo? -preguntó sin poder creerlo.
Sylvia no pudo evitar sentir un vacío en el pecho. Sus ojos azules se cristalizaron, y él se entristeció más. De repente, algo terminó de quebrarse dentro suyo, y Mijaíl no dejó de sentirse culpable cuando recordó lo que le hizo pasar.
No pudo evitar pensar en la vez en la que el doctor le dijo que ella esperaba un bebé; no fue capaz de dejar de imaginar cómo su adorada esposa se sintió cuando una noticia tan hermosa se convirtió en un motivo de dolor.
Y cuando lo negó, cuando admitió que él no era el padre, se le rompió en añicos, y esos añicos volvieron a quebrarse, terminando de destruir las esperanzas en Sylvia cuando le pidió la prueba de ADN.
-Sí, lo perdiste -sollozo.
Silencio.
-Aún recuerdo lo triste que fue -continuó él después del silencio sepulcral-; yo sostenía tu mano y tú llorabas con desconsuelo.
-Entonces mi rabia estaba justificada, ¿no? -su seriedad lo paralizó, pero no por mucho tiempo.
A pesar de que no podía recordarlo, un sentimiento de impotencia creció en su interior: Mijaíl le demostraba con esa confesión que no confiaba lo suficientemente en ella para creer en su palabra.
-Sí. Quiero que sepas que no deseo justificarme, pero estaba confundido.
-¿Confundido? -esbozó una sonrisa amarga-. ¿Y decidiste que era más fácil no creer en mí?
-Intentamos tener un hijo por cinco años, el conteo de mis espermas estaba muy por debajo, Sylvia, y por eso no quedabas embarazada -argumentó-. Me volví loco, me sentía impotente y no medí lo que dije.
-Pero estaba embarazada, dije que era tuyo. ¿Por qué habría de mentir? -interrogó con la desesperación-. ¿Por qué haría eso? ¿Tan poco fiable era mi palabra?
-No, no, mi vida, tú no eras así... Tú eras una mujer perfecta y yo... te lastimé. Yo fui quien lo destruyó todo, tú siempre querías estar conmigo, pero por querer pretender no ser un egoísta me convertí en un estúpido.
-No sé... Esto ha sido muy fuerte de digerir... Este matrimonio del que hablas estaba roto.
-Estuvimos pasando por cosas difíciles, pero estaba dispuesto a arreglarlo todo. ¿Me escuchaste?
-No quiero recriminar nada, sé que este no es el momento, pero no te detuviste a pensar en la situación tan delicada en la que me encontré.
¿Cómo puedo confiar en ti?
Mijaíl sabía que lo que le dijera a Sylvia aquella noche podría alejarla de su lado, pero aún así estaba dispuesto a contarle todo, aun si eso significaba recibir una bofetada de su parte.
-Sé que no tengo ninguna excusa, pero... ¿No tuve suficiente castigo? No te imaginas las noches que pasé pensando en si era una buena opción continuar sin ti.
El corazón de Sylvia latió apresuradamente una vez más. Era como un imán, como si las palabras de Mijaíl estuvieran destruyendo el desconocimiento. Incluso el olor masculino de ese hombre le estaba afectando de una manera incomprensible; se sentía completa, e ignoraba las ganas de besarlo con un gran esfuerzo. Sin embargo, cuando le decía esas palabras la hipnotizaba tanto que sus mejillas ardían cruelmente.
-Yo siempre te amé -le confesó, volviendo a tocar su mentón-, y te seguí amando a pesar de que creí que la distancia era del cielo a la tierra... Tanto, que deseaba morir para poder llegar a ti.
Elevó su mano para posicionarla encima de la suya para sentir tan solo el tacto de su piel contra la suya. La inseguridad de pensar que estaba haciendo algo indebido al acariciar a otro hombre que no era su esposo la hizo dudar, pero no por mucho tiempo, porque su voluntad era más fuerte que todo. Deseaba desmedidamente tocarlo, tal vez así tuviera aquella capacidad de recordar por completo su antigua vida.
-Sylvia, te juro que intenté buscarte, te lo juro. Hice lo imposible... Ese día que me dijeron que estabas muerta por la explosión... fue el día más horrible de mi vida. Pero más horrible fue verte en la morgue. Esa desesperación que sentí de ver que ya no respirabas me mató en vida.
Recordó aquel sueño que la perturbaba, ese sueño que tanto creyó que era una pesadilla. Ese sueño donde escuchó con más claridad la voz de Mijaíl. Pero no pudo recordar nada más, y eso era algo que la desesperaba.
#2215 en Novela romántica
#764 en Novela contemporánea
darkromance, secretosdefamilia, relación tóxica/odio-atracción
Editado: 07.10.2026