Alba
Muerdo mi uña otra vez y maldigo que mi jefa viva tan cerca de mi, me ha sacado de la cama luego del horrible viaje que tuve que hacer con mi hermana con su crisis de identidad y que quiere aprender a conducir (miedo), luego llego y el hombre que tengo por ex me estaba esperando en la puerta para pedirme la televisión de regreso porque era suya, no me dijo nada que no tuviera relación con el aparato tecnológico, al parecer él ya superó todo lo referente a nuestra relación y ruptura (yo no).
Como sea, nada estaba saliendo bien ese fin de semana. Para rematar por obra del destino me he encontrado con mi vecino, ese que odia a Morat, ayer de hecho, estaba con su novia en el elevador y parece que con toda la intención del mundo la hizo gemir con una habilidad impresionante. La cosa es que ahora estoy esperando fuera de una pastelería a que los clientes más exclusivos de mi jefa, vengan a ver su pastel de bodas.
—Ya estoy aquí —digo en la llamada con mi jefa que espera que supervise esta boda junto con ella.
—Bien, se supone que los novios iban a estar esperando.
—No hay nadie.
—Vale, lo siento.
—Espera, ahí vienen.
Termino la llamada y me acerco a los chicos que quieren unir sus vidas en sagrado matrimonio, esto de seguir trabajando con parejas que viven el amor cuando yo tengo el corazón roto, me está haciendo mal.
—Hola, mi jefa no pudo venir.
—Tranquila, es solo para ver las propuestas del pastelero, sabemos que él no hace pasteles de boda pero esta es nuestra pastelería favorita —dice la chica emocionada mientras su novio solo la observa como si ella fuese el mejor dulce dentro de la tienda—. Como sea, solo accedió porque somos fieles compradores.
—Bien, pasemos.
Me acerco y una chica de labios rojos termina de acomodarse su cabello antes de venir a atenderme.
—Hola, siento haberte hecho esperar —se disculpa limpiando sus manos.
—Descuida —le resto importancia para su tranquilidad—. Busco a Aaron Hassler.
—¿Por el pastel de boda?
—Sí.
—Ven conmigo.
Los tres seguimos a la pelirroja que pasa a nalguear a uno de los chicos que estaba preparando un café. Pasamos por unas puertas dobles y antes de llegar a la cocina como tal, nos detenemos frente a una puerta que dice “Aaron Hassler”.
—Pasen, los está esperando.
Los novios entran primero y los escucho saludar al pastelero, yo escribo a mi jefa informando y luego entro cerrando la puerta tras de mí.
—Buenas tardes.
—¿Serán buenas? —levanto la cabeza reconociendo esa voz, el muy descarado recorre mi cuerpo con su mirada.
—Señor Hassler —me dirijo a él tratando de ser profesional, él sonríe de lado por la pequeña fracción de debilidad que he mostrado—. Soy representante de Faith Bouchard, los clientes que dicen ser frecuentes consultaron por un pastel de bodas.
—Claro ¿Me dice su nombre, señorita?
—Alba.
—Alba —asiente y me tiende la mano que tomo casi con miedo, el es demasiada intensidad—. Hola Dione, Joel ¿Qué tal?
—Muy bien —dice el hombre y mira a su prometida que sonríe ansiosa.
—Emocionada.
—Como hablé con la organizadora, tengo algunas cosas en mente —tiende una carpeta a cada uno y aprecio que sea organizado para esto, no como las miles de fiesta que hace cada fin de semana. Odio escuchar a Drake o DJ Khaled cuando mi corazón está en mil pedazos que por más que trato no puedo unir—. Sería como ustedes pidieron, elegante, alto y pulcro con detalles minimalistas en textura. Tengo algunas muestras de sabor que quieren probar.
—Las muestras de sabor son un buen inicio —musito a mis clientes revisando las propuestas en la carpeta—. No hay nada sobre la estructura.
—Creí que estaba ahí.
—No está —suspiro revisando entre las hojas otra vez.
—Ups, aquí están. Pensaba en algo cuadrado, el redondo siempre es el más común.
—¿Y Octogonal?
—Nos conocimos un ocho de agosto, sería un buen guiño a nuestra fecha.
—Es una buena idea ¿Hay alguna posibilidad?
—Tendría que intentar, el equilibrio cambia y sobre todo la distribución del peso.
—¿Podría intentarlo? —cuestiono al pastelero realmente interesada en saber si podemos cumplir con los deseos de la pareja.
—Sí.
—Eso sería fenomenal —celebra la pareja.
—¿Otra duda o vamos a la prueba de sabor de bizcocho?
—Vamos a esa prueba.
—Muero de hambre —la novia ríe viendo a su futuro esposo.
Salimos de la oficina, yo le tomo fotos a las hojas de la carpeta que no me puedo llevar, necesito llevar la idea porque mi jefa siempre pierde todo y luego tengo que estar haciendo todo otra vez. Llegamos a la cocina, lo sé por las mesas donde muchos trabajan, unas amasadoras funcionando, el olor del azúcar me hace suspirar, unas batidoras preparan los rellenos o glaseado.
—Pasemos por acá.
—¿Siempre es así la inducción a la aventura del sabor? —pregunto porque realmente es buena idea llevar por aquí a los clientes, los hace incursionar en su trabajo.
—Sí, mi mamá tuvo la idea.
Sonrío por el crédito que da a su madre, es de admirar que admita que su mamá sigue estando con él como si necesitará de su opinión. En una mesa hay platillos con cucharas, masas y también cremas.
—Este es de canela, eso de chocolate, por ahí está el de limón y uno nuevo de miel.