Alba
Llego luego de un agotador día de trabajo, entro a mi departamento y me cambio de ropa, me acerco a la pared de la habitación de invitados que es donde coincide con la habitación donde a mi vecino le encanta tener sexo. Me cambio de ropa porque efectivamente ya se encuentra follando y no lo voy a interrumpir, no soy tan mala persona, además el cuidó de la gata durante sábado por la tarde y domingo.
—¿Qué quieres, Tangerine?
La gata se pasea por mis tobillos y sonrío viendo cómo es que camina en un zigzag por entre mi avance. Llego a mi sala y tomo café porque debo continuar mi trabajo, tengo que atender una boda este sábado y necesito estar lista. Termino de ordenar el desastre que la gata ha hecho con los cojines de mi sala y decido que es momento de ir a ver a mi vecino.
—Espérame —la gata me ve y desaparece a la cocina.
Salgo al pasillo y maldigo pensando en que será raro si la chica sigue aquí, pero es que ayer lo escuché hasta tarde y no iba a interrumpir, por lo menos ahora no se escuchan. Llamo a la puerta y espero, no pasa nada así que insisto otra vez más y aparece luego del click del seguro.
—Hola —saluda todo despeinado, tiene una mordida en el cuello, he interrumpido.
—Lo siento. Yo, ayer, em…
—Ya habla, ya interrumpiste, da igual —vuelve a pasar la mano por su cara fastidiado.
—Lo siento, es que te quería agradecer por cuidar de la gata y…Sólo, lo siento por interrumpir —veo a la mujer y me maldigo mil veces por reconocerla y dejar que me vea.
Doy media vuelta y entro a mi departamento, me refugio entre mis cojines y enciendo la tele para no escuchar nada más. La gata se sube y no encuentra nada mejor que quedarse sobre mi pecho, pareciera que me quiere ahogar, pues pesa lo suficiente, pero es su lengua la que acaricia mi mentón mientras ronronea.
—Genial, ahora me quieres comer.
La acaricio y trato de borrar de mi cabeza la imagen de quien me hizo la secundaria imposible, yo no era la nerd, pero si me gustaba estudiar, ser organizada, participar en todo lo que pudiera y era porque si me mantenia ocupada con todo, podía controlar mi alrededor y no hacer nada estúpido como golpear a alguna rubia que estropeaba mis cosas.
Estiro mi mano hasta que cojo un pan de canela glaseado con limón, me he vuelto adicta a estos roles de canela, a mi consideración son los mejores que he probado. No le convido a la gata porque no sé si le puede hacer mal y no quiero matar a la bebé de mi hermana porque de lo contrario no me invitará a su boda. Llaman a mi puerta y maldigo tener que levantarme cuando estoy tan cómoda, suspiro y me encamino.
—Buenas tardes ¿Alba Contreras? —asiento con la cabeza frente al policía que parece más striper que oficial de la ley.
—Sí, soy yo.
La puerta del lado se abre y veo como la rubia cuelga del cuello de mi vecino que le toma la nalga mientras la besa. ¿Será que es un gigoló? Siempre trae a una diferente y tiene una Pastelería, por lo que sería fácil que pueda pasar el dinero como si nada. Me enfoco mejor en el oficial que vuelve a llamar mi nombre.
—¿Viene por mi hermana?
—Así es.
—¿Quiere pasar? Ella no está aquí, pero la puedo llamar.
—No, solo debo tomar su declaración.
—Am, ok.
Lo dejo pasar y cierro luego de notar cómo la curiosidad bailó en los ojos de mi vecino. El oficial camina delante de mí y me agradezco haber ordenado todo. La gata lo ve y se marcha a mi habitación, ella ya se pasea a gusto por mi departamento, se adaptó más fácil de lo que Sunna creía.
—Entonces —se sienta y ahora veo que traía esa cosa donde escribir.
Le relato todo lo que fue de ese sábado, es decir, hace tres días. Trueno mis dedos más veces de las necesarias y por suerte ayer por la tarde fui a terapia porque de lo contrario no podría haber dicho todo sin las ganas de golpear lo que me pasara por delante.
—Bien, de esto le llegará una copia al abogado de usted como el del demandado.
—Entiendo.
—Muchas gracias por su tiempo, Señorita Contreras.
—Gracias a usted, oficial.
Abro la puerta y frente apoyado en la pared del pasillo se encuentra mi vecino mirando al suelo. El oficial se despide otra vez y yo miro a Aaron, tan confundido como yo lo estoy ahora mismo. Veo como el policía llega a los ascensores para luego llevar de lleno mi atención al otro chico.
—Yo, siento si me vi grosero hace un rato, tu ibas a agradecer y…
—Descuida, yo interrumpí y a mi también me molestaría…
—Alba.
—Está bien, de verdad.
—¿Se conocían? —cuestiona abruptamente.
—¿Cómo?
—Tu y…ella ¿Se conocían? Cambiaste mucho cuando la viste y ella luego dijo algo despectivo.
—Sí te lo digo ¿Me traes roles de canela?
—Mañana.
—Trato —asiente en una sonrisa dulce, tan dulce que nadie pensaría que folla todos los días a una distinta—. Si la conocía, cursamos juntas la prepa.
—Mañana sin duda te traeré tus roles de canela.
Asiento y entro a mi departamento, cierro la puerta tras de mí y le escribo a mis amigas para decirles que este sábado no me podré juntar con ellas porque tengo trabajo. Obvio comienzan los regaños y las quejas, según ellas yo ni debería asistir porque soy solo asistente y debería cobrar más porque es algo que en mi contrato no figura.
—Tangerine —la gata llega y se acuesta sobre mí otra vez.
Veo un poco de televisión y estoy por irme a dormir cuando llaman a mi puerta, hoy he recibido a más gente de la que corresponde para ser un día martes. Me levanto con pesar y Tangerine corre a la habitación, se ve muy divertida.
—Alba —yo tengo que aprender a ver por la mirilla antes de llegar y abrir.
—Otra vez tu —suspiro frustrada.
—Alba, es que tu no entiendes —se acerca y retrocedo porque el vaho de su aliento es repugnante.
—Estás ebrio.
—¡No estoy ebrio! ¡Carajos! —me encojo de hombros sintiendo por primera vez miedo de él, por cómo golpea la pared y rompe sus nudillos—. ¿POR QUÉ TODAS DICEN ESO? NO ESTOY EBRIO.