Alba
Apago el motor del auto y salgo cargando la bolsa del vestido para mañana, así como también la caja de los zapatos. Llevo mi bolso y la carpeta de organización de la boda. Entro al ascensor luego se cerrar mi auto, marcó mi piso y espero a subir, el ascensor cada día es más lento y me preocupa. Llego y para tomar las llaves del bolso tengo que dejar la caja en el suelo junto con la carpeta.
—¿Necesitas ayuda?
—No, gracias —digo acomodando mi cabello tras el hombro—. ¿Qué haces aquí?
—Me aburría con mamá y Lily está insoportable.
—No me interesa, eso no explica que me hayas seguido —al fin encuentro las llaves, abro la puerta y me agacho a recoger mis cosas.
—¿Puedo pasar?
—No —de igual manera pasa delante mío.
Suspiro con pesadez y juro que cada día lo odio mucho más, es otro imbécil. Es que no hay ni un solo hombre que se salve en este mundo. Yo debería haber tenido los mismos gustos que Nara y todo sería más fácil, al menos las mujeres tenemos más inteligencia emocional.
—¿Qué es eso?
—Un gato.
Dejo la bolsa del vestido y los zapatos en mi habitación, mi bolso y la carpeta sobre la mesada de la cocina porque ahí suelo trabajar. La gata me sigue maullando y le sirvo comida, pronto la música retumba en mi departamento, le bajo volumen arruinando el momento y la diversión del invitado no invitado y tampoco bien recibido.
—Oye. Así que el divertido era tu novio.
—Gracias, vete.
—No.
Maldigo en silencio cuando llaman a la puerta, si es Nate esto se volverá un caso total, aunque sería la excusa perfecta para descargar la ira contenida. Tengo la frase lista para mi terapeuta “Ellos empezaron a pelear y tuve que intervenir con golpes para que no me lastimen”. Abro la puerta y está mi vecino.
—Hola, escuché la música. Te debía los roles de canela, estos días tuve que ir donde mi mamá.
—Descuida, igual pedí delivery, llegan muy bien al trabajo.
—Me alegra que así sea. Pero estos son especiales.
—¿Alguna canela de otro tipo?
—No, es que estos son de los que preparé yo.
—Vale, gracias —susurro con calma y el imbécil aparece tras de mí.
—Hola, soy Calix.
—Aaron —estrecha la mano que mi amigo le tendió.
—Uy, otra vez de estos, son deliciosos.
—Los prepara él.
—¿De verdad? —asiento con la cabeza mientras veo como toma uno del plato—. Wow, son una ricura, me encantan, les robe unos a Alba y se molestó, pero son los mejores que he probado.
—Ya me fastidiaste, Calix.
—Lo sé, pero ya me voy, mi mamá me llamó.
El chico pasa por entre nosotros y yo vuelvo a ver a Aaron que mira al chico que se ha marchado, espero a que diga algo y cuando abre la boca es para saludar a la gata que maúlla en sus pies, sonríe y se agacha.
—Hola, linda —le acaricia la cabeza moviendo su pelaje naranjo—. ¿Me das uno de tus bebés?
—Espera —corro a tomar mi celular y contesto notando que es mi jefa—. Dime.
—¿Has visto a Calix?
—Se acaba de ir, dijo que se había aburrido contigo y Lily estaba algo molesta.
—Hijo de su madre.
—Tu eres su madre, jefa.
—Lo sé ¿Te llevaste el vestido?
—Sí y la carpeta igual.
—Bien, asegúrate de todo a primera hora, llega dos horas antes también.
—Ya lo sé, jefa.
—Ah, tienes que hablar con esa pastelería, la nueva, esa que los novios escogieron.
—¿Por qué?
—Es que quieren cambiar el sabor de uno de los rellenos.
—¿A qué sabor?
—Avellana y chocolate.
—Bien, nos vemos, jefa.
—¿Por qué recibes llamadas si no estás en horario laboral? —cuestiona alzando una ceja confundido.
—Porque me llamó para preguntar por su hijo.
—¿Era el que estaba aquí?
—Sí. Pero también, los del pastel de boda, quieren cambiar el relleno al de Avellana y chocolate.
—Vale.
—Así no tengo que llamar mañana a tu pastelería.
—Adiós, vecina.
—Adiós, vecino.
Entro al departamento y voy a desvestirme para una ducha más que necesaria antes de cenar o cualquier cosa. Yo no sé si a ustedes les pasa, pero cuando hago estos procesos más automáticos como es desvestirse, entonces mi mente repasa información y acabo de caer en cuenta que la excusa que dio Calix para irse fue que su madre lo llamó, pero Faith me llamó porque no sabía dónde estaba su hijo. Me falta una parte de esa historia y es raro.
Como cada tarde, me quedo solo en una camiseta o sudadera que me cubra hasta al menos la mitad del muslo, pues así puedo ir sin ropa interior con la confianza de que nada se verá. Como un rol de canela y me preparo para leer toda esa carpeta de la boda de mañana, de esta boda solo conozco a la novia, pues, el novio por trabajo no estuvo involucrado en la mayor parte del proceso.
Termino de evaluar la carpeta y me preparo para hacer la cena, el pollo es una carne que no sale de mi día porque es lo más simple y rápido de cocinar, al menos para mi. Unas cuantas verduras y como siempre, unas tostadas con queso le van de maravilla. Me siento a comer mientras veo algo en la televisión, La ley y el orden nunca ha sido mi programa favorito, pero el hecho de que sea un capítulo de desaparición de un cuerpo, me da ideas para desaparecer uno por mi cuenta, sin cometer errores.
—Tangerine, sale de esa maceta —pido a la gata que ahora sacude la tierra de sus patas, trae una hoja de mi planta en el hocico—. Oye, que tu madre vea esto.
Le tomo una foto y se la envio a Sunna, no me responde y lo más probable es que siga en el aire, nunca me atiende cuando está en algún vuelo. Apago la televisión para irme a dormir y a todo volumen se escucha Dj Khaled, no había organizado fiesta hace dos o tres semanas y justo cuando necesito dormir mi vecino enciende los parlantes.
Abrazo a Tangerine, quien se acomoda casi a la altura de mi pecho y comienza a mover sus manitas, sacando y metiendo las uñas. Al mismo tiempo ronronea y mueve su cabeza contra mi mano para que la acaricie, esta gata me da hasta el amor que no quiero.