Alba
Llego a mi departamento y suspiro cuando me lo encuentro, lo evité por cuatro días seguidos y debe haberlo notado. La vergüenza se apodera de mi y siento mis manos temblar. Me acerco fingiendo que todo está bien conmigo, aunque no sé si se me está dando bien porque ya en el trabajo mi estabilidad es lo que más se cuestiona.
—Hola, vecina. Ha sido difícil dar contigo.
—Hola —paso por su lado y abro la puerta, Tangerine ya está esperando—. Hola, gorda.
—¿Cuándo va a tener sus bebés? Ya se ve muy gordita.
—No lo sé ¿Necesitas algo?
—Quería saber que tal estabas —dice llegando a la cocina con la gata en brazos.
Tangerine, maldita traidora.
—Estoy bien, gracias. Y por si te preocupa, me prometí que no bebería nunca más.
—¿Segura? —lo miro y está alzando una ceja casi desconfiando de mi.
—Sí, dije, la vida sexual de mi vecino es más importante que mi gusto por el alcohol.
—Gracias —dice sonriendo y lo odio por eso, mi desgracia es su diversión y me siento más patética que Bridget Jones.
—Sí, como sea, igual y es lo mejor para mi hígado ¿Te gustan los ravioles? Estos dicen ser de ricotta y espinaca.
—¿Me vas a convidar cena?
—Ya que estas aquí ¿Quieres que te eche?
—No.
—Serán los ravioles —suspiro quitándome los tacones, odio estos zapatos, pero hoy tenía reunión con una novia, para ver las argollas, debía lucir profesional.
—¿Qué hiciste con la planta?
—Se está recuperando en el balcón —señalo el exterior y él se acerca a la mampara—. Para tu conocimiento, recuerdo todo así que no necesitas decir nada que ya estoy suficientemente avergonzada.
—¿De verdad? Estabas muy ebria ¿que hiciste ese día?
—Fui a una boda —suspiro buscando una olla.
—¿De negro?
—Así vamos las organizadoras o asesoras.
—¿Ahí te embriagante así?
—No, ahí partí mi tour —suspiro y bebo un poco de agua—. Luego me fui a un bar y luego me echaron porque me puse a bailar, un imbécil me quiso tocar y lo golpeé y luego vino su novia a defenderlo y a ella igual la golpeé. Así que no me quedó de otra más que venirme para acá.
—¿Cómo llegaste?
—En mi auto, siempre he dicho que conduzco mejor ebria que sana.
—Irresponsable.
—Ya sé —suspiro y me cruzo de brazos viendo como se lava las manos—. Tengo una duda.
—Dime.
—¿Tu tienes relaciones sexuales a la hora que sea? O sea, era de madrugada, Aaron.
—Bueno…
—Mejor no digas nada —se ríe y Tangerine se sube a la mesada de un salto que casi no le sale por su abultado abdomen.
—¿Por qué tiene pelado aquí?
—Le hicieron una ecografía, mi hermana pensó que estaba enferma del estómago o algo así.
—Si es de tu hermana.
—¿Por qué la tengo yo? —asiente y aunque se lavó las manos, la vuelve a acariciar—. Sunna es sobrecargo, de pronto tiene viajes muy largos y no se sabe en qué momento puede parir la bonita Tangerine.
—Es muy amorosa.
—Tan amorosa que me aplasta la cara cada que quiere comida.
—Va a explotar —dice divertido.
—Sí —susurro terminando de pasar la pasta a la salsa, unos minutos y ya.
Busco los platos, unas copas y busco algo de vino que sirva para la comida, una copa de vino al día es saludable. Le doy alimento y agua a Tangerine antes de emplazar la pasta para Aaron y para mi.
—¿Hoy no tienes a ninguna chica que atender?
—Quiero intentar la abstinencia.
—¿Lo crees tú al menos?
Ríe y sirve las copas mientras que yo me quito el saco que hoy llevé, me siento en el taburete a su lado y recibo la copa.
—¿Cocinas bien?
—Esto no es cocinar, esto es seguir instrucciones —murmuro contra la copa—. Cocinar es desde cero, cómo hacer rol de canela o así.
—¿Me crees si te digo que yo no sé preparar estas cosas así? Se todo de repostería, te puedo hacer un pastel desde cero, pero lo que es almuerzo o cena como tal, soy un desastre.
—Te creo, yo no sé porqué nunca he podido preparar algún bizcocho, ninguno sube o quedan duros como piedra.
—Uff, esto está delicioso —dice al por fin probar una masa, removió todo el contenido del plato antes de llevar una a la boca—. No me gusta la pasta, pero esto te quedó en su punto.
—A mi no me gusta cuando la pasta se siente muy blanda, prefiero que quede un tanto firme, pero no mucho.
—Es un punto que tú entiendes.
—Exacto —sonríe y tengo que llevar comida a mi boca para ocultar mi sonrisa—. Oye, si yo puse la cena ¿No te corresponde a ti el postre?
—Roles de canela ¿Te sirve?
—¿Tienes?
—No sé, siempre tengo porque son los favoritos de mi vecina, pero no sé ahora.
—Puede que tus conquistas se los hayan comido.
—Ellas solo ven el cuarto, nada más.
—Esa es información que no necesito y mucho menos quiero.
Comienzan a llamar a la puerta y suspiro, es imposible que sea Nate porque debe estar disfrutando de su luna de miel, por lo que no me queda otra opción y podría decir que es Calix cansado de su mamá y de que su novia prefiera el trabajo a las salidas excéntricas que el prepara. Abro la puerta y no es ninguno de ellos, es peor.
—¿Dónde está mi hija?
—¿No estabas en un vuelo? —cuestiono impidiendo el paso, frunce el ceño y suspiro.
—Se suponía, pero las condiciones climáticas no están hasta dentro de tres horas así que aproveche y vine a ver a mi hija ¿Algún problema?
—Pues —se hace el paso entre la puerta y yo.
—Huele rico ¿Qué cocinaste y porque no estás con tu sudadera fea? —llegamos al fin a la cocina y mi hermana ve al chico para luego verme a mí, mi vecino deja la copa en la encimera y me mira aún acariciando a Tangerine—. ¿Por qué está acariciando a mi bebé?
—Hola, soy Aaron.
—Sunna, la hermana.
—Oh, la dueña de Tangerine.
—Sí —dice ella mirándome inquisitiva y luego va donde su hija—. Hola bebé. ¿Ustedes?
—Es mi vecino. Le debía una disculpa porque por hacer el ridículo lo interrumpí en uno de sus tantos encuentros sexuales.