De Miel y Chocolate

Capítulo | 8

Alba

Me despierto nuevamente sobresaltada y con el miedo que ayer sentí. Me levanto de la cama con pesar, necesito contar a alguien lo que ha pasado, pero siento que para mi familia será otro golpe pesado y no es grato para mí darles otro peso. Mis amigas ¿Cómo les digo que sentí iba a morir en manos de mi ex? Sería imposible que me creyeran porque Nate nunca dió señas de ser así. Nadie que conociera a Nate conmigo, creería sobre su violencia.

Me sirvo un vaso de agua y pienso en alguna persona a la que comentarle esto, pero no se me viene nadie a la mente, inmersa en mi mente mi corazón da un vuelco cuando oigo que llaman a mi puerta, para cuando repiten la acción tomo una bocanada de aire y digito el numero de emergencias, observo por la mirilla y me relajo por completo cuando a quien veo es a la mujer que ayer me salvó. Abro la puerta y ella me sonríe amable con el rojo de sus labios, como nunca había visto antes maquillados a la perfección.

—Hola. Venía a ver como te encontrabas y te traje algo para levantar el ánimo.

—Hola. Muchas gracias —recibo una caja de plástico, en la cual hay tres pedazos de diferentes pasteles.

—Mi hijo los prepara, tiene una Pastelería.

—Espere —la información se cruza y la miro buscando el parecido—. ¿Usted es la madre de Aaron?

—Sí ¿Lo conoces? —asiento con la cabeza mientras acomodo mi cabello— ¿A qué es guapo?

—Bueno, depende de la percepción de cada mujer.

—Trae a muchas, lo sé —le resta importancia y Tangerine se aparece pasando por entre mis piernas—. Ay, pero qué gato más bonito.

—Es gata.

—¿Gatita?

—Sí, es de mi hermana, pero la cuido porque está embarazada y mi hermana es sobrecargo.

—Claro, puede parir cuando ella no esté.

—Exacto —suspiro y miro a otro lado avergonzada por lo que pediré—. Oiga, se que es extraño esto que le voy a pedir.

—Dime.

—Es que, verá —le hago pasar y me siento en el sofá, hundo mis manos en mi cabello repetidas veces, hasta que se sienta a mi lado y con cuidado acaricia mi espalda con suaves ascensos. Siento un nudo en mi garganta y suspiro varias veces antes de poder hablar otra vez y ni siquiera soy capaz de mirarla—. El hombre de ayer es mi ex, que quede claro que durante fuimos novios nunca me hizo nada, es sorprendente y no me cabe en la cabeza que esté dispuesto a dañarme. Yo no lo entiendo y nunca en mi vida he sentido tanto miedo, al punto de no querer estar sola porque aun con el seguro de la puerta siento que vendrá y la puede derribar y quizás que hacerme.

—Puedes poner una orden de alejamiento y pedir resguardo. Yo te puedo ayudar.

—¿Está segura que eso funcione?

—Claro, con un solo oficial de policía, funciona —dice segura y asiente con calma, una calma que me transmite y mis manos dejan de temblar.

—¿Usted me ayudaría?

—Si así quieres.

—Sí —suelto rápidamente y ella sonríe de manera que hasta sus ojos brillan.

—Bien, le avisaré a mi hijo que saldré.

—También —paso saliva un poco incómoda—. ¿Le puede decir a él que vaya?

—Bien, yo le digo —asiente y la acompaño a la puerta, inevitablemente la abrazo y ella me corresponde acariciando mi nuca, como sostienen a un bebé.

—Gracias.

Entro al departamento y corro a darme una ducha, pues aún seguía con la ropa con la que dormí, bajo el agua es que pienso en la única de mis amigas que puede acompañarme en este momento, es la única que puede que no trabaje en el día de hoy. Por suerte Roxanne me atiende y gracias a Dios nos podemos escuchar aún con el agua corriendo.

Vale, entonces dime la dirección y voy.

—Gracias. Allá te explico.

—Descuida, para lo que necesites siempre.

—Gracias.

—Te amo.

—Ya.

Cuelga porque yo no puedo. Salgo de la ducha y me seco a una velocidad que nunca tuve antes, me visto usando un short de jeans y una camiseta básica gris, me calzo unas converse que no uso desde hace mucho y con eso estaría lista. Me maquillo luego de lavarme los dientes, aunque en realidad solo utilizo una bb cream, contorno, rubor de mis favoritos, iluminador, máscara de pestañas y gloss labial.

Salgo de mi departamento advirtiendo a Tangerine que no sé de mi hora de regreso. Llamo a la puerta de al lado y la mujer de cabello castaño claro, casi rubio aparece frente a mí, sonríe y sale cerrando con mayor fuerza de la necesaria.

—Vamos, le dije a Aaron que solo necesitaba que fuera, por tu privacidad decidí no darle detalle.

—Gracias.

El camino en el ascensor hasta el estacionamiento es en completo silencio y lo considero lo mejor, así puedo concentrarme en controlar el temblor de mis manos, la presión en mi cabeza, el calor repentino y las náuseas. A mitad de camino tengo que detenerme porque mi trabajo de respiración no está funcionando, hace mucho que no me pasaba algo cómo esto y resisto las ganas de golpear lo más cercano a mi.

Después de mis contratiempos, por fin llegamos a la estación de policía, aunque tuve que hacer una pasada por un hospital para que quede registro de constatación de violencia o algo así dijo la madre de mi vecino había que hacer, aunque las marcas en mi cuello se ven claras y recientes. Luego de que el primer policía tomó mi relato, le envió la dirección a mi amiga mientras que la señora madre de Aaron, le ha avisado hacia donde debe venir. Esperamos en mi auto hasta que ambos llegan y cuando estamos los cuatro, entramos otra vez a la comisaría, dos sin entender qué es lo que pasa.

—Hola.

—Señorita Contreras, necesitamos su relato, alguien que pueda hablarnos del Señor Nathaniel y por supuesto de la Señorita Cavanagh.

Comienzo todo el trámite con la mente en blanco, solo doy la declaración, respondo a preguntas acompañada de un abogado que alguien más me presentó. También me dicen que tengo lo suficiente para la orden de alejamiento, el relato de mi vecina, el papel médico, el relato de mi vecino también e incluso las imágenes de la cámaras del edificio que muestran que incluso está en mi puerta las horas en que yo no estoy.




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