De Miel y Chocolate

Capítulo | 10

Alba

—Alba ¿Estás viva? —me remuevo en la cama.

Un aroma varonil me llama la atención, me envuelve en todos los sentidos y no es necesario abrir los ojos para ubicarme, pues como es costumbre, mi memoria es buenísima aún con mi razón nublada por el alcohol.

—Buenos días —contesto aún con los ojos cerrados.

—Buenas tardes, querrás decir —su tono divertido me hace querer desaparecer de la faz de la tierra.

—¿Cuánto he dormido?

—Ocho horas —me siento y por fin lo veo, sonríe divertido y bajo la mirada al plato que me tiende—. Tu almuerzo.

—Al final ni los probé en la mañana y tenía muchas ganas de comer.

—¿Qué pasó?

—¿Por? —cuestiono acomodando mi cabello, debo parecer bruja.

—Habías dicho que no ibas a beber nunca más —señala mordiendo uno de los roles.

—Pues, tuve una reunión con mis amigas y se nos pasaron las copas.

—Dime que no condujiste así como estabas —se alerta y niego, parece más aliviado.

—No, nos fue a buscar el novio de Leigh.

—Bien.

—Sí.

—Hijo, ya me voy —escuchar eso me hace querer sepultarme aún más.

—Sí mamá.

—¿Tu mamá estuvo aquí?

—Sí.

—Ay no. Eso quiere decir ¿Está es tu cama?

—Sí.

—Iugh —miro a mi alrededor y sí parece de él, huele como él.

—¿Por qué?

—Por lo menos las sábanas huelen a limpio.

—Si lo que te preocupa es que haya tenido sexo aquí, pues no, por algo tengo la otra habitación. No me gusta dormir en algo sucio.

—No sé cómo interpretar eso —entrecierro los ojos y se ríe, comienzo a odiarlo por burlarse de mí, pero luego me arrepiento cuando recuerdo que hizo roles de canela a las cinco de la madrugada sólo para mi.

—Eres la primera mujer en mi cama, interpretarlo así.

—¿Y Tangerine? —me asusto buscando a mi gata, se que dormí con ella.

—Adentro, le acabo de dar su almuerzo, por la mañana le fui a buscar comida y su arenero.

—Gracias por eso.

—Sí. Tu hermana debería reconsiderar con quien deja a su hija a portas de dar a luz.

—Tienes un punto.

—Te daré tu espacio, puedes usar el baño.

—Gracias.

Sale de la habitación y yo quiero darme cabezazos contra la pared, esto es más que vergonzoso. Me levanto más perezosa que como de costumbre, entro al baño y veo el segundo cepillo de dientes, y la razón por la que huelo completamente a él.

—Ahora sí, Alba, no vuelvas a beber alcohol nunca más —me digo sin energía.

Salgo ya con la cara y los dientes limpios otra vez, busco mi ropa y no la encuentro, pero si encuentro a la gata que se me acerca maullando. Abro la puerta y voy al resto del departamento, busco a Aaron y lo encuentro en la cocina.

—¿Mi ropa?

—En la habitación, por cierto, no sé dónde está tu celular.

—Debí haberlo dejado en el departamento —digo tratando de pensar si ayer lo traía o no.

—¿Vas a quedarte así? —pregunta mientras me siento en un taburete y él revuelve algo en una olla que tiene un aroma exquisito.

—Tengo más hambre, no me molesta seguir con tu camiseta, ya me has visto vomitar dos veces.

—Tiene sentido.

Me sirve un plato de carne de cerdo con algunas verduras y patatas. Se sirve a él también y se sienta en el taburete a mi lado, Tangerine se queda en el sofá.

—Gracias, por tolerarme —digo un tanto arrepentida por mi comportamiento.

—No me queda de otra —se encoge de hombros mirando a mi plato.

—Cocinaste roles de canela para mi a las cinco de la madrugada.

—Decirte que no estando ebria es una pérdida de tiempo —suspira dramáticamente alzando las cejas de manera divertida.

—No sé cómo interpretar eso.

—Piensa –insiste riéndose de mí—. Ten un rol de canela.

—Gracias.

—¿Quieres vino o cerveza?

—Prefiero agua —digo sonriendo por la manera en que me propone lo que yo juro no querer nunca más.

Sonríe y sirve agua en un vaso, me lo tiende y bebo un poco, la sed significa que me he deshidratado considerablemente.

—Huelo mucho a ti —digo luego de suspirar al dar el primer bocado al almuerzo.

—¿En qué sentido?

—En qué mi piel tiene el mismo olor que tu cama, tu habitación y tu depa en general.

—¿Será porque usaste mis cosas para ducharte?

—Puede ser —digo entrecerrando los ojos porque se burla de mí, lo sé.

—Igual podías oler a mi por otro sentido.

—¿Por?

—Piensa —niego con la cabeza, no quiero imaginar más.

—¿No dijiste que no sabías cocinar?

—Cocinó mi mamá. Me preparó la cena, el almuerzo y cena para mañana también.

—Tu mamá es un ángel —gimo mientras pruebo más comida.

—En realidad lo hizo porque según la comida delivery no trae lo mismo que un platillo casero.

—¿Delivery en qué sentido?

—En el sentido de pedir almuerzos —responde divertido y blanqueo los ojos.

—¿Cómo pizza?

—No.

—Pero la pizza en una comida.

—Es más como un bocadillo —debate y yo le puedo dar la razón, solo por esta vez.

—No lo sé. En todo caso yo prefiero las pastas y eso no es lo mismo cuando uno las pide por delivery.

—Ya lo dijiste, por el punto.

—Uno que solo yo encuentro.

—Claro —lleva comida a su boca y noto que trata de no sonreír, primer hombre que entiende lo que quiero decir.

—¿Cómo entraste a mi departamento? —cuestiono viendo los platos de la gata acá.

—Con tus llaves.

—Yo no sé que me dió, te lo juro —admito, es que fue una idea loca desde el principio.

—Trajiste a Tangerine y casi se te cae.

—Estaba muy ebria.

—Tendré que tener Roles de canela para todos los días ¿Quién sabe se te antojan a mitad de la noche?

—No lo digas así, se me antojaron porque tengo una especie de adicción. Es que, la canela de los roles y la masa perfecta, en combinación con el frosting de limón que preparas. He probado muchos roles de canela y solo los tuyos me han gustado al extremo que he llegado.




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