De Miel y Chocolate

Capítulo | 12

Alba

Salgo de la casa de mis padres porque mi hermana sí cumple con sus amenazas, voy tarde a la revisión previa a la boda y tengo que acelerar más de lo permitido para llegar a tiempo para recibir al novio, quien parece más nervioso que de costumbre.

—¿Me puedo morir del nerviosismo? —me pregunta y sonrío relajada.

—Espera —nos alejamos hasta donde tengo mi bolso de mano, tomo dos shot de los que siempre traigo para los nervios de la novia—. Brindemos por tu boda.

—Ay Dios, gracias.

Le tiendo uno de los vasos y los chocamos antes de beberlo, el chico sonríe y me regresa mi vaso antes de marchar donde sus amigos ya más relajado. Me comunico con la encargada de la novia y los ordeno a todos avisando la inminente llegada. Las personas ya sentadas, el novio en su lugar siendo arreglado por su madre y yo en la puerta esperando para dar la señal a los músicos.

La novia llega, las luces bajan, los músicos tocan la extraña mezcla de Cars y Piratas del Caribe. Los novios no aguantan e incluso se besan antes de que la ceremonia comience, una ternura. Me siento casi al final y presenció una de las tantas ceremonias del mes. No sabía que luego de diez años podrían sentir las mismas mariposas en el estómago, pues hasta sienten vergüenza de mirarse a los ojos frente a todos.

Termina la ceremonia y me encargo de llevar a todos a la fiesta posterior, estos juntaron demasiado dinero para abastecer el consumo alcohólico de tantos invitados, además de la comida. Mis asistentes se despiden luego de la media noche y yo me quedo porque tengo que seguir hasta que los novios se vayan, en caso de que necesiten algo, yo debo dar solución a ese algo.

—Hola.

—Hola —saludo a la mujer que se me acerca.

—Te vi en otra boda —dice un poco incómoda, creo que la recuerdo y quiero zafar tan pronto como pueda.

—Debe haber sido alguna otra a la que mi jefa me envió.

—¿Hasta que hora te quedas?

—Hasta que los novios se van. ¿Por qué?

—Porque en la boda de mi hermana desapareciste demasiado rápido.

—Me surgieron unos problemas familiares —carraspeo tratando de no incomodarme más—. Pero dejé a otra chica a cargo.

—¿Tu familia tenía problemas en un bar?

—Bien —suspiro, ella sabe más de lo que creo—. ¿Qué necesitas de mí?

—A mi parecer, tú conocías al novio.

—Conocía a tu hermana también.

—No es ese sentido, yo sé que tú eres inteligente.

—Mira, actualmente a él le tengo una orden de alejamiento —declaro y ella parece sorprendida—. Fue mi novio por casi dos años, al mismo tiempo que estuvo con tu hermana y yo no tenía idea de ella hasta que me terminó y luego asistí. Ni siquiera me había dicho su nombre real y tampoco me había presentado a su familia ¿Feliz?

—No, porque mi hermana está hospitalizada desde el día después de su boda, tratando de recuperarse de los traumatismos que Nathaniel le ocasionó.

—¿Qué?

—Así como oyes —se seca una lágrima.

—Pero…

—Está bien, o sea, está mejor. Ahora que puede hablar vamos a denunciar a Nate, pero necesito que no quites esa orden de alejamiento.

—Ni que fuera tonta, ayer fue y anoche pasó la noche en la estación de policía.

—Bien. Eso es todo, gracias. Ustedes dos deberían juntarse a compartir relato, sería una charla sobre “Cómo botar la basura”

—Ya lo hice.

—Por suerte.

La hora no pasa nunca y ya me estoy fastidiando, aburriendo y mucho más, los pies me duelen porque las sandalias que estoy usando son demasiado incómodas.

—¿Una copa, señorita? —la recibo y al primer sorbo ya se siente relajante.

***

—Espera, freno de mano. Apago las luces. Apago el motor. Me quito el cinturón y ya —me relato para saber que hago las cosas bien.

Tomo mi bolso, mi carpeta y salgo del auto moviendo las llaves. Cierro con cuidado y me quedo quieta cuando las luces de un auto me ciegan. Suspiro y espero, mi vista sigue en negro.

—¿Alba?

—Hola —reconozco su voz aun sin verlo.

—¿Llegaste en tu auto?

—Sí. Conduzco muy bien.

—Eres muy Irresponsable.

—Oye —me quejo y tambaleo, el suelo se mueve.

—Ven conmigo.

—Espera, es que aun no veo.

—Sí abres los ojos puedes ver —pestañeo y efectivamente, tenía los ojos cerrados—. Ven.

—Espera, es que me duelen los pies.

—Sube a mi espalda —hago eso y juego con su cabello mientras que él nos lleva al ascensor.

El camino es lento y ya me está dando mucho sueño. Llegamos a nuestro piso y abre la puerta con cuidado, entramos a su departamento, me obliga a sentarse en el sofá y me quita mis tacones.

—¿Ahora qué te pasó?

—La esposa de Nate está hospitalizada desde el día después de su boda, el infeliz le dio una paliza —lloro mirando mis pies.

—¿Cómo sabes eso?

—Me lo dijo la hermana de ella.

—¿No andabas en una boda?

—Sí, ella estaba invitada y me reconoció —seco una lagrima y levanto la mirada a sus ojos—. También dijo que yo miraba de una forma especial a Nate.

—Puede ser —mi miedo se materializa y niego insegura.

—¿Sí? —cuestiono aterrada, no quiero sentir nada por él.

—Sí, lo miras con temor —sus manos secan mis lágrimas con suavidad—. ¿Por qué no te das una ducha para que se te baje el alcohol y luego vienes a comer algo?

—Porque es tu departamento.

—Ya has estado aquí, Alba, por lo menos ahora no has vomitado.

Le lanzo un cojín y me levanto, para perder el equilibrio y caer otra vez en el sofá, escucho su risa y luego un cojín me golpea. Se acerca y me ayuda a levantarme, no creí que estaba tan ebria ¿Cómo conduje hasta acá?

—Ven.

Me deja en el baño, con una toalla y una de sus camisetas. Me quito la ropa y entro a la ducha, el agua sale fría y ayuda a mi cerebro a pensar claramente. Salgo de la ducha con la cabeza congelada, me seco con la toalla y luego me pongo la camiseta, guardo mi ropa en una bolsa y amarró mi cabello en la toalla.




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