Alba
—¿Ya vienes?
—Llego en unos minutos, es que me distraje.
—¿Con tu esposo?
—Sí.
—Date prisa, tengo hambre.
Sigo acariciando a Tangerine, quien vino a desayunar a la hora que yo desperté y sigue molesta conmigo. Cuando desperté era más de medio día, así que es entendible que esté molesta, además de que si no hubiese sido por la madre de Aaron, ninguno hubiese despertado.
Por otro lado, también fue incómodo porque como nos quedamos viendo la película, entonces así mismo nos quedamos dormidos, yo casi sobre él, con mi cabeza sobre su hombro aspirando el olor de su perfume. Su mano en mi cadera abrazándome por la espalda y mi mano sobre su abdomen, por suerte tenía las piernas flectadas porque sin ropa interior cualquier cosa se podía interpretar.
Mi celular suena y atiendo a Rox. Busco mi chaqueta porque que me llamé solo significa que ha llegado.
—Estoy afuera.
—Voy.
Tomo mi cartera y las llaves, salgo luego de despedirme de Tangerine. Entre que corro y camino por el pasillo, a pesar de ir con tacones, llamo al ascensor y las puertas se abren.
—Ay no, por favor, si vas a beber no conduzcas.
—Oye, me ofendes —sonríe y me mira de pies a cabeza descaradamente—. Para tu información, es Rox quien pasa por mi y luego me traerá.
—Ojalá ella tampoco beba.
—Lo dudo, vamos donde Leigh y ella es la mala influencia del grupo.
—Creí que esa eras tu, ya sé cerró la puerta.
—Ush. ¿Más tarde puedes ver a Tangerine?
—Bueno.
—Gracias. Nos vemos, vecino.
Niega divertido y se cierran las puertas de la caja metálica. Salgo del edificio y corro al auto del esposo de Roxanne, me monto y ella me besa la mejilla efusivamente.
—¿Ya parió Tangerine?
—Sí así fuera no hubiese venido, Sunna se muere si se entera que dejo sola a su gata.
—Entonces vamos.
Llegar al departamento de Leigh es toda una odisea, habían demasiadas calles cerradas por reparaciones y así, incluso el tráfico estaba cambiado y Rox no es experta en investigar rutas antes de salir.
Leigh y Andy ya estaban empezando la fiesta antes de que nosotras llegáramos, por lo que tuvimos que beber tres shots seguidos para darles alcance. La comida son ñoquis hechos por ella misma, no entiendo cómo tiene paciencia para cocinar si nunca le ha gustado.
—Te quedaron buenos —dice Roxanne realmente sorprendida.
—No los hice yo, se los compré a la vecina de al lado.
—Eres una tramposa.
—No te quejes Andrea, tú siempre compras pizza.
—Porque es la tradición —se defiende mientras que yo sirvo el vino en las copas.
—Bueno, en todo caso, deberías decirle a tu vecina, que cocina muy bien.
—Ya sé, le pago para que me haga mis colaciones diarias, así no me intoxico yo misma.
—Sí, tienes un prometido que es chef —dice Andrea sin entender.
—Ya sé, pero es que él fue a una conferencia a ni puta idea donde y vuelve mañana.
—¿Por qué no nos habías dicho? —pregunta Rox mirándome, ella sospecha que algo va mal.
—Claro, así te dejaba a cargo de Tangerine. Cancelé bodas por no saber con quién dejarla y ahora me pagan por asistir a bodas.
—Pues, no nos dijiste, yo pensé que te seguían explotando.
—Ay.
—Igual la puedes dejar con tu vecino y tienes otra excusa para estar con él —dice Rox bebiendo su copa para ocultar la sonrisa.
—Ya dejen su temita con él.
—Yo no le veo nada de malo, es guapo el condenado —dice la casada ahora moviendo su anillo de matrimonio.
—Ya. Vinimos para hablar de Andy y Andrew —insisto para cambiar de tema.
—No, vinimos porque es nuestra reunión semanal.
—En la cual el principal tema eres tú y no Aaron.
—¿Quién es Aaron? —cuestionan Leigh y Andy.
—Mi vecino, ese es su nombre.
—Ahh —dicen las tres a coro.
—¿No habían pensado en su nombre?
—No —admiten como estúpidas para mi diversión
—Por eso son mis amigas.
Terminamos de comer y ayudamos a lavar y limpiar antes de ir a jugar al nuevo juego que Andy ha comprado, ella es fanática de los juegos de mesa.
—¿De qué se trata?
—Ni puta idea.
—Ay no, que genial.
—Tiene instrucciones Andy —tomo el folleto y comienzo a leer mientras ellas revisan las tarjetas y demás—. Está bueno.
—¿Aaron?
—El juego, estúpidas.
—Pero Aaron igual, admitelo —dice Roxanne sonriendo de medio lado.
—No.
—Deberíamos conocerlo todas, para así poder opinar mejor.
—Debe tener redes sociales.
—Alba —las ignoro por mi bien.
Acomodo todo en la mesa y espero a que estén listas para escucharme, pues siguen tratando de encontrarlo en redes sociales aún sin saber su apellido y solo con la información que Roxanne tiene, su apariencia.
—Chicas, me voy a embriagar antes de que ustedes quieran jugar.
—Estamos en algo más emocionante —se defiende Andy.
—¿Es enserio?
—Oye, no nos insultes que somos mejores que el FBI.
—Ya quisieran. Voy a jugar sola.
—No puedes.
Así es como dejan los celulares y se concentran en mi explicación. Comenzamos a jugar pero vamos por la mitad y la risa contagiosa de Leigh no nos deja avanzar, ha bebido demasiado para saber adivinar lo que sea que Andy haya dibujado, que si no dibuja bien estando sobria entonces es inútil que haga algo con alcohol en su sangre.
—Nosotras tenemos que ser mejores —dice Rox aplastando su estómago de la risa.
Me seco las lágrimas y respiro para no seguir riendo, ya me duele el abdomen de tanto reír. Estas son las cosas que no cambiaría nunca en mi vida.
—Verde —grita Andy cuando es mi turno y el de Rox.
—Ya, saca tarjeta —estiro la mano al centro de la mesa y tomo una carta de color verde y se la tiendo a Andy.
—Adimimo —lee más sería hasta que lee lo que Rox tendrá que interpretar.
—Allá tú —dice Rox tomando otro shot.