De Miel y Chocolate

Capítulo | 14

Alba

Llego a mi departamento y miro a Tangerine, cada día más gorda, la verdad es que no entiendo como sigue embarazada luego de tanto tiempo. Me quito la ropa, entro a la ducha y estoy ahí por varios minutos hasta que ya me siento limpia. Salgo y me pongo la camiseta que hace cinco días lleva siendo mi favorita al momento de dormir.

Preparo mi cena mientras escucho música, mis hermanas ya se han reportado en el grupo familiar asique no hay más preocupación que alimentarme para luego seguir con mi trabajo. En otras noticias Andy, luego de esa increíble llamada hace dos semanas por fin ha conseguido novio, el que está muy interesado en conocernos a todas incluyendo al esposo de Rox y el prometido de Leigh, por mi parte me quería ausentar de esa reunión planificada para el sábado, es decir en dos días, pero insiste en conocer al supuesto espécimen extraño del grupo.

Los maullidos de Tangerine me desesperan y tengo que darle comida antes de tiempo, la gata se sienta para comer y tomar agua. Podría usarla como excusa para no ir el sábado a esa inminente junta, pero si todavía no da a luz, no tengo como.

Me sirvo el risotto que he preparado, como en el sofá y ella se acuesta sobre mí, miro un poco de televisión y cuando ya me cansó de procrastinar, entonces comienzo a trabajar, no pasan ni cinco minutos cuando mi celular suena.

—¿Hola?

Estoy por irme de la pastelería ¿Quieres roles de canela?

—Eres muy idiota si preguntas eso ¿Seguro que no te cortaron por hacer preguntas estúpidas?

De hecho, te pregunto porque siento que molestaba al ser atento llevando siempre sus cosas favoritas.

—No sigas o pensaré que eres perfecto.

¿Algo más que se te antoje?

—Algo de alcohol.

Dijiste que estabas en abstinencia.

—Ya ves, no soy tan buena como tú en el tema de dejar cosas nocivas para la salud.

El sexo no es nocivo.

—Pero es una adicción, se llama ninfomanía.

Pero no te mata.

—¿Quién dice?

No conozco a nadie que se haya muerto por sexo.

—Ay, yo tampoco.

Llego en unos minutos.

—No tengo cena, ya me la comí.

Me compraré algo por el camino, no te preocupes.

Digo alguna estupidez más y cuelgo, hablar con mi vecino se me ha hecho demasiado familiar, relajado e incluso emocionante. Es una buena distracción de lo que resulta el día en general, sobre todo de los problemas cotidianos, es una burbuja de seguridad y familiaridad aunque se sienta esa extraña cosquilla y electricidad cada que su nombre aparece en la pantalla o cada que ríe o dice algo relacionado a las relaciones. Lo que sí estoy segura es que algo ha cambiado, tal vez la manera en que lo veo, lo hace más interesante, sus gestos, su sonrisa, sus ojos. Y aunque me asusta pensar en que mi cerebro esté cambiando la percepción por él, no tengo miedo y me he dejado llevar porque aunque no lo conozco desde hace mucho, sé que es un chico de bien, alguien en quien confiar.

Termino mi trabajo y bebo un poco de agua porque es más saludable que el destilado de cualquier tipo. Tangerine se acicala de manera ruidosa y no puedo dejar de verla, miro la hora y me sorprende que Aaron aún no llegue. Estoy por marcarle cuando llaman a la puerta, sonriente acomodo mi cabello tras mis hombros y voy a abrir.

—¿Qué haces aquí?

—Alba, necesito que me escuches —mis oídos pitan y creo que hasta me mareo y se que es una respuesta del miedo.

—¿No entiendes que tengo una orden de alejamiento?

—No me importa ¿Por qué haces esto?

—Yo, no te quiero ver, Nate. Incluso ahora me asusta que te aparezcas aquí.

—Pero Alba, tenemos que estar juntos, así lo quieres.

—No, Nate —niego llorando, no me importa que me vea débil, quiero que entienda que me hace mal—. Ya no te quiero. No vengas aquí con este cuento del amor porque tú mismo te encargaste de terminar nuestra relación, te llevaste lo que te pertenecía y no te importó romper mi corazón para luego casarte. Sabías que yo organicé tu boda y te atreviste a venir, me rompiste sin compasión y no te bastó con eso que luego viniste a querer agredir físicamente.

—Es que no lo entiendes y no me escuchas…

—Señor, suelte a la señorita —el policía corre y a su lado viene Aaron que cuando Nate me suelta, me abraza interponiéndose entre mi ex y yo—. Señor, acompáñeme por favor.

—Pero, por qué.

—Está incumpliendo una orden judicial, señor, vamos por las buenas o tendré que hacer uso de fuerza.

—¿Quién eres tú, pobre policía? Alba, esto no se queda aquí.

Suspiro el aroma de mi vecino, quien aún con su loción, su perfume, huele a horneados. Me aferro a los costados de su abdomen mientras lo siento suspirar en mi oído.

—¿Estás bien? Me tardé más de la cuenta, lo siento.

—Descuida, estoy bien.

—¿Segura?

—Sí, gracias por llegar —presiona su frente contra la mía, respiro su mismo aire y aunque mi corazón aún late desbocado, me siento más tranquila.

—Te traje tus roles de canela y una porción de pie de limón.

—Por suerte, con eso se me pasa el nerviosismo —sonríe y ver la curvatura en su rostro me hace feliz, me separo y tomo las cajas que trae.

—¿Cuánto llevas usando esa camiseta?

—Lo suficiente para que aún huela bien.

—Te puedo pasar otras, si quieres.

—¿Seguro?

—Sólo si quieres —asiento mientras tomo una porción de pie con la cuchara—. Dijiste que te gustaba el limón.

—No era mi sabor predilecto, pero me he vuelto fan del limón, un sabor un tanto extraño e intenso.

—¿Te refieres a mi?

—¿Te das por aludido?

—Quisiera decir que no.

Asiento y sonrío mientras sigo comiendo del pie, acaricia a Tangerine que le exige el cariño diario, la levanta y se sorprende de lo pesada que se encuentra, no miento cuando digo que me duelen los pulmones cuando se acuesta sobre mi.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.