Alba
Me levanto de la silla y la actividad de la noche repercute, maldita sea mi idea de coger como salvaje si hoy tenía que trabajar. Aunque mi despertar fue muy bueno, entre los brazos de Aarón que dormía plácidamente aún en la cama sucia como decía que no le gustaba, e incluso la ensucio una vez más cuando sus dedos me acariciaron antes de ir a la ducha.
—¿En qué piensas? —miro a Calix y le sonrío con inocencia.
—Eso no es tu asunto —paso a la oficina de mi jefa, quien suspira y me pasa otra carpeta.
—Aprobado el pastel de esa pastelería donde compras tus roles de canela. Dale la fecha exacta.
—Claro.
—Y pregúntale si le ha gustado esto y quisiera continuar trabajando en nuestras bodas.
—¿Por qué yo? —cuestiono sospechando de que realmente me vigila.
—Porque eres cliente frecuente —responde con simplicidad mirándome por sobre sus gafas.
Asiento y le dejo mi avance del día sobre la mesa, el hijo de mi jefa aún está en mi escritorio y revisa mi celular.
—¿Por qué todas tus amigas preguntan por tu vecino?
—No seas entrometido —le quito el celular y él se ríe cómplice.
—Es que todos los mensajes se resumen en él ¿Se refieren a tu vecino? ¿Ese que llegó ese día? —no entiendo cómo es que su mente pudo procesar todo tan rápido y creo que mi rostro lo delata.
—Ya deja de molestar.
—¡Oh! Yo creí que nunca te ibas a atrever con él, es que da la sensación de ser muy lindo, muy atento, muy demasiado para algo serio.
—Calix —advierto porque está llamando la atención de los demás.
—¿Te vas a casar?
—Calix, ya cállate.
—¿Te vas?
—Es viernes, salgo temprano —ladea la cabeza y me mira de una manera que no sé distinguir.
—No se vale, yo tengo que esperar a mi prometida hasta más tarde.
—Espera —me vuelvo y lo veo sonriendo—. ¿Dijiste prometida?
—Por estar pendiente de un hombre, no me prestaste atención a mi, tu mejor amigo —dejo mis cosas sobre el escritorio y lo abrazo fuertemente.
—¿Las moscas se casan?
—Claro, yo soy el ejemplo. Estás invitada, por supuesto.
—Gracias. Iré de blanco.
—A tu boda —niego y ahora si me marcho.
Sonrío y entro al ascensor, muevo la carpeta entre mis manos ansiosa por ir a la pastelería, por suerte tengo el boleto de no incomodidad gracias al trabajo que nos une. Conduzco hablando con mis hermanas, Sunna está en Turquía y su prometido ha ido a visitarla, Nara ya está a nada de cumplir las 36 semanas, lo que significa que de un momento a otro puede parir, Kaya sigue en casa aunque el lunes regresará al colegio, obviamente es uno nuevo pero asegura que por instagram conoce a chicas que estudian allí.
—¿Tú? ¿Qué tal?
—Tu gata me provoca ataques cada que queda colgando de todo porque sus saltos ya no le dan para subir por completo.
—Me refiero a tu vida, no a la de mi gata.
—Cierto, Alba, siempre usas a Tangi para no decir nada de ti.
—¿Qué tal tu vecino?
—Bien, ahí está. Pidió uno de los hijos de Tangerine.
—¿No te pidió uno a ti?
—Para eso tendrían que practicar el hacerlo.
—Soy muy joven.
—No dijo que no.
—¿Ya tienes algo con él? Es guapo, mis sobrinos saldrían muy bonitos.
—Pero, papá no lo ha aprobado aún.
—Es cierto.
—Chicas, es un amigo.
—Los amigos no se besan en la boca.
—No se conocen todo el cuerpo.
—No duermen en la misma cama.
—Los amigos no se hacen el amor —cantan las tres y niego divertida, antes podría haberlo negado, pero después de ayer.
—Tengo que colgar.
—Las amo —gritan al unísono, lanzando besos.
—Ya —cuelgo divertida de sus caras.
Bajo del auto y tomo la carpeta en última instancia, me pongo los lentes de sol y acomodo mi short. Me acerco a la entrada, de donde salen varias parejas sonriendo, algunas madres con sus hijos y me parece asombroso como el dulce sana corazones, para mi, esos roles de canela fueron la luz en la oscuridad.
Empujo la puerta y una campanillas suenan por el contacto. Hay dos chicas y un chico atendiendo ¿Tendrán contrato? Me acerco a ver qué hay de interesante para probar, por desgracia uno de los que están antes se lleva los últimos dos roles de canela. Me molesta hasta que recuerdo que mi vecino me los puede preparar, incluso a las cinco de la madrugada.
—Hola ¿En qué le puedo ayudar?
—Hola. Necesito hablar con Aaron.
—¿Motivo?
—Soy representante de Faith, por el pastel de boda.
—¿Quién va a la cocina? Para que le digan al jefe que lo buscan —la chica pelirroja de la vez anterior se gira con la bandeja en la mano, sonríe y un brillo en sus ojos más la mordida a su muy rojo labio inferior me da una extraña sensación.
—¿Vienes por el pastel de boda?
—Sí.
—Ven conmigo —la otra chica abre la boca confundida y asustada, más no dice nada y abre una pequeña puerta.
Sigo a la pelirroja que canturrea divertida, no reconozco la canción, por lo que ni puedo generar tema de conversación, pasamos por unas puertas dobles blancas y el sonido me señala que es la cocina, aunque el aroma hace lo suyo también.
—Está allá —miro hacia donde señala y lo veo.
—Gracias.
—Deberías atarte el cabello —me tiende una pinza y le paso momentáneamente la carpeta que yo traía.
—Gracias.
—Ve.
Tomo mis papeles y camino por entre las mesas con demasiados dulces deliciosos, es como el paraíso. Llego a su lado y levanta momentáneamente la mirada, sonríe y luego sigue con lo suyo.
—¿Hola? —murmura y no puedo ocultar la sonrisa, si lo extrañé durante el día.
—Vengo exclusivamente por trabajo.
—¿Ya? —alza una ceja curioso.
—Pero me da curiosidad eso que estás haciendo.
—Es una flor —termina de hacer lo que creo es un pétalo. Con una especie de espátula con cuidado la desliza por debajo de toda la crema y la acerca al pastel rosa pálido, la monta ahí con cuidado—. ¿Ves?