De Miel y Chocolate

Capítulo | 16

Alba

Despierto gracias a las caricias que recorren mi columna, sonrío contra su pecho y dejo un beso pequeño en la zona.

—Buenos días.

—¿Qué hora es?

—Las 9.

—¿Por qué me despiertas tan temprano si es sábado?

—Porque me tengo que ir a trabajar y no me quería ir sin despedirme.

—No lo sé, ya no quiero que vayas —paso mi pierna por sobre su cuerpo y aprieta mi muslo ocasionando cosquillas—. Te obligaré a quedarte conmigo.

—¿Cómo?

—No sé, puede ser un poco de cariño aquí o allá —beso su cuello y me sorprende abrazando mi cintura al tiempo que se sienta conmigo sobre él.

—Así no funciona.

—¿Seguro? —Aún besando su cuello meneo mi cadera.

Toma mi mandíbula y me obliga a verlo, me besa haciendo a un lado mi cabello que amaneció más rebelde que de costumbre. Suspiro contra él, sus manos subiendo de mi trasero a mi espalda por debajo de su camiseta.

—Ya voy tarde.

—Eres el jefe —debato dispuesta a convencerlo de que se quede.

Sonríe y me obligo a mirarlo aun cuando mi entrepierna moja la suya. Suspira y muerdo su mandíbula, arañando su espalda desnuda.

—Alba, no me hagas esto.

—Puedes levantarte e ir a la ducha, ya quedó claro que no peso tanto —sonríe sabiendo que es un buen argumento de mi parte—. Solo te haces el que no quieres.

—¿Qué quiero?

—Sexo mañanero —susurro y el ríe.

“Miau, miau”

El exagerado maullido de Tangerine me obliga a detener el beso, la busco y la encuentro al lado de la cama, maúlla mirándonos y luego se acuesta bruscamente, cuando se sienta y lame sus partes nobles es que lo notó.

—Oh por Dios ¿Justo ahora Tangi?

—¿Eso es un gato? —pregunta Aaron, mientras me levanto de un salto y busco alguna frazada donde acostarla más cómodamente.

—Es la bolsa —Aaron levanta a la gata y sin importarnos un comino que yo estoy sólo en camiseta y sin ropa interior y que él lleva solo bóxer, corremos al living y la dejamos en la improvisada sala de trabajo de parto—. Sunna está en el aire.

—¿Cómo sabes?

—Mira el calendario.

—Ya salió el primero —vuelvo a ver a la gata y suspiro cuando lo comienza a limpiar, es tan pequeño que parece un ratón—. ¿Cuántos crees que tenga?

Así nos volvemos esclavos de la gata, tenemos que acariciarla cada que maúlla, tenemos que acomodar al único gato que ha dado a luz apenas de que todavía tiene contracciones. Nuestro desayuno ha sido un café y unas galletas porque más que eso no podemos hacer.

—Viene otro —miro a donde Aaron señala.

Por suerte, los gatitos que tiene son blancos idénticos a ella, así con las orejas naranjas al igual que la cola pero por lo demás son blancos, muy blancos.

Tangerine es buena madre y para las dos de la tarde, ya ha finalizado su trabajo de parto y tiene cuatro pequeñas criaturas idénticos a ella. Son gritones y supongo que es su herencia, los alimenta sin problema y duerme como siempre. Les tomo una foto y se las envío a la familia y a mis amigas.

—¿Crees que podemos hacer nuestra cita aquí?

—¿Por?

—¿Quieres que salgamos a algún lado cuando tienes a estos bebés recién nacidos?

—¿La cena de ayer no cuenta como cita?

—Estabas prácticamente desnuda justo como ahora, no cuenta.

—Oh. Entonces la hacemos aquí, hoy y vestidos.

—Me parece bien —suspiro recostando mi peso contra su pecho, sus manos acarician mi abdomen y hasta mis piernas—. Tengo hambre.

—Le diré a mamá que nos traiga comida. Me iré a duchar y vuelvo ¿Te parece bien?

—Sí. Y quiero roles de canela.

—Como gustes.

—Gracias.

Besa nuevamente mi hombro y luego se levanta del suelo, sale vestido solo con su pantalón pero llevando sus zapatos en la mano, su camiseta me pertenece. Miro a los gatos bebé dormir tan tranquilos mientras su madre toma agua y come un poco, es una buena madre.

Luego de asegurarme que se alimenten, voy corriendo al baño y me doy una ducha, me agrada el olor de Aaron sobre mi, pero si mi posible suegra vendrá a visitarme no quiero verme desalineada. Estoy frente a mi tocador cuando mi hermana me llama.

¿Cómo que nacieron mis nietos?

—Pues sí, ahí tienes las fotos. Son cuatro.

Qué cosas más bellas.

—Sí, son adorables —cambio de una simple llamada a una de video, me acerco a la sala donde Tangerine ronronea alimentando a sus hijos—. Ahí están.

Son tan pequeños. Ay. Aún me queda una semana acá. Cuidalos, por favor.

Obvio. Aaron ya los vio y pide…

—¿Te estás maquillando un sábado? ¿Vas a salir y dejar a mis nietos solos?

—No, es que no pude cocinar y Aaron le pidió a su mamá que nos trajera comida, entonces tengo que estar presentable.

—¿Tu vecino? ¿Dijiste que estaba contigo cuando Tangi estaba pariendo?

—Sí.

Necesito más detalles.

No le digas a nadie más, Sunna.

Lo prometo.

—Y sin cruzar los dedos —mi hermana enseña ambas manos a la cámara—. Anoche se quedó aquí.

¿En qué sentido?

—No lo sé ¿Sí? La cosa es que hoy íbamos a tener una cita, pero como no puedo dejar a Tangerine sola, entonces no lo sé.

¿Te gusta tu vecino?

—Sí.

Bien, dile que puede escoger un bebé.

—¿Qué?

Dile que escoja al que quiera y si me haces el favor de ver algún veterinario que sea bueno, quiero esterilizar a Tangerine, asique pregunta cuándo sería lo más oportuno y pregunta también por las vacunas de los niños.

Claro. Oye ¿Me puedo quedar uno también?

Obvio

—Gracias —la dejo hablando con su gata, quien le maúlla en respuesta, es interesante de ver mientras voy a abrir la puerta—. Hola.

—Querida, mi hijo dijo que les trajera el almuerzo.

—Sí, muchas gracias. Yo sé cocinar, pero es que con todo esto de la gata entonces no tuve tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.