De nuevo a ti ¡querido!

Capitulo cuatro:junji yiu-yin

Pasé toda la tarde encerrado en mi despacho intentando concentrarme, pero era una causa perdida. Cada vez que pasaba la lengua por mis labios, creía sentir el rastro del labial rojo de Naer y el sabor amargo y dulce de su beso impulsivo. Me había dejado paralizado en mi propio escritorio. ¿Quién se creía que era para entrar a mi oficina, tomarme por la solapa y desarmarme de esa manera?

Para colmo, la imagen de Min-jun parado a su lado en el pasillo, entregándole un café helado y mirándola como si fuera la octava maravilla del mundo, me hacía hervir la sangre. Sabía que enviar a Naer al área de archivos a digitalizar carpetas pesadas era una decisión infantil, una excusa barata para castigarla por su descaro, pero necesitaba marcar terreno. Necesitaba recordarle que ella ahora era solo una pasante y yo el CEO de esta compañía.

A las seis de la tarde, la jornada laboral llegó a su fin. Salí de mi oficina con la corbata ligeramente desajustada y el saco en la mano, agotado de pelear contra mis propios pensamientos. Caminé hacia el ascensor privado del piso ejecutivo. Las puertas de acero se abrieron y abordé la cabina vacía.

Sin embargo, cuando las puertas estaban a punto de sellarse en el piso inferior, una mano fina y con uñas pintadas se interpuso en el sensor.Las puertas volvieron a abrirse de par en par. Y allí estaba ella.

Naer vestía un vestido de seda suave de color azul noche con flores blancas que marcaba sus curvas con una elegancia dolorosa, fruto de su cambio de ropa para salir a la calle. Traía el cabello ligeramente despeinado por las horas que pasó entre cajas de archivo, pero sus ojos oscuros brillaban con una intensidad felina. Al verme solo dentro del ascensor, dudó un segundo, pero sostuvo la mirada y dio un paso al frente.

Las puertas metalizadas se cerraron por completo.

El silencio que se apoderó de la pequeña cabina se volvió ensordecedor. El contador de pisos comenzó a bajar lentamente. Ninguno de los dos dijo una sola palabra. El suave aroma de mi loción se mezcló en el aire con su perfume de vainilla y jazmín de prints, ese mismo aroma que solía impregnar las sábanas de nuestro antiguo departamento. Éramos dos volcanes a punto de hacer erupción, fingiendo mirar fijamente el panel digital.

De pronto, un sonido metálico seco retumbó en el cubo del ascensor. La luz blanca parpadeó dos veces, la cabina dio un sacudón brusco que nos hizo perder el equilibrio y se detuvo en seco entre dos pisos. La iluminación de emergencia, de un tono tenue y cálido, se encendió de inmediato.

—Maldita sea —murmuré entre dientes, presionando el botón de alarma mientras me pasaba la mano por el cabello con frustración. Sacó mi teléfono, pero la pantalla marcaba "sin señal".

Me giré hacia ella, apoyando mi espalda contra la pared metálica. Nos quedamos mirándonos en medio de esa penumbra dorada.

—Parece que nos quedamos atrapados, y yo le tengo pánico a los ascensores —dijo Naer con una voz suave, pausada y cargada de una preocupación deliberada.

—El equipo de mantenimiento lo resolverá en unos minutos —respondí intentando mantener mi voz helada, aunque el corazón me martillaba el pecho,al verla así de asustada.

Pero Naer no tenía intenciones de quedarse tranquila esperando. Se despegó lentamente de la pared opuesta. El roce de la seda de su vestido emitía un leve murmullo mientras daba pasos firmes hacia mí. Me quedé completamente rígido, siguiendo cada uno de sus movimientos.

—¿Qué estás haciendo, Naer? —pregunté con la voz repentinamente rasposa, apretando las manos a los costados cuando se detuvo a escasos centímetros de mí.

—Aprovechando el tiempo,ayúdame me estoy ahogando —susurró, levantando la cara para conectar sus ojos con los míos.

Levantó sus manos y las apoyó sobre mi pecho. Sentí el calor de sus palmas atravesar la tela delgada de mi camisa. Con movimientos lentos y calculados, sus uñas se deslizaron hacia arriba hasta alcanzar el nudo de mi corbata. Comenzó a aflojármela despacio, rozando mi cuello con las yemas de sus dedos.

—Estás jugando con fuego —le advertí, aunque mi propia respiración se había vuelto agitada y no hice el menor intento por apartarla.

—A ti siempre te ha gustado quemarte conmigo, demonio —le respondió al oído.

Su aliento cálido me rozó la piel y un gemido contenido se me escapó de la garganta. La bruja sabía exactamente lo que me hacía. Naer pegó su cuerpo al mío hasta que no quedó un solo milímetro de distancia entre los dos. Inclinó la cabeza y comenzó a trazar una línea de besos lentos por mi mandíbula, bajando hacia mi cuello, succionando suavemente en la zona sensible justo debajo de mi oreja.

Perdí la cabeza. Toda mi disciplina, mi orgullo de CEO y mi resentimiento de cinco años se desintegraron en un segundo.Apreté mis manos en su cintura con una fuerza casi desesperada, pegándola contra mi cadera y acorralándola con firmeza contra la pared del ascensor.

—Eres insoportable, bruja… —musité contra sus labios antes de apoderarme de su boca.

Fue un beso hambriento, salvaje y dominador. Nuestras lenguas se buscaron con la urgencia contenida de cinco años de soledad. Mis manos subieron por la tela suave de su vestido, delineando sus caderas con posesividad mientras escuchaba los pequeños ahogos que salían de su garganta. El espacio cerrado se llenó de nuestras respiraciones entrecortadas. La rozaba con rabia y con un deseo desmedido, arrastrándola conmigo al abismo de la tentación.




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