Un hijo. Naer tiene un hijo, y es mío.
Un calor repentino me recorrió el pecho, quemando el frío amargo que me había dejado nuestra separación. Sentí un vuelco en el corazón, una mezcla explosiva de alivio, culpa y una alegría tan intensa que me costó respirar por unos segundos. Durante todo este tiempo, mientras creía que la había perdido para siempre entre los pasillos fríos de mi propia empresa, ella llevaba consigo lo más sagrado que podríamos haber construido juntos. No soy un hombre que demuestre debilidad fácil, pero en ese instante, en la soledad de mi oficina en Enterprise, apreté los puños sobre el escritorio de cristal y juré en silencio que recuperaría a mi familia. No me importa lo que me tome, los errores que deba redimir o las montañas que tenga que mover: los voy a recuperar a los dos.
Sin embargo, el golpe de realidad no tardó en llegar. Naer no quiere saber nada de mí, y mucho menos de seguir trabajando bajo mi techo. Su primera reacción fue presentar su renuncia inmediata, dispuesta a tirar todo por la borda con tal de no respirar el mismo aire que yo. Afortunadamente, su mejor amiga —siempre la voz de la razón entre las dos— logró frenarla a tiempo. Le aconsejó que fuera inteligente, que mantuviera la cabeza fría y cumpliera el contrato hasta el final en lugar de arriesgarse a demandas o cláusulas de penalización que pudieran complicarle la vida ahora que tiene a nuestro hijo a su cargo. "Solo aguanta hasta que termine el contrato y espera lo que tengas que esperar", le dijo.
Un mes. Eso es exactamente lo que le queda de contrato a Naer en Enterprise.
Treinta días. Treinta días enteros en los que ella estará legalmente obligada a cruzar esa puerta todas las mañanas, a recorrer los mismos pasillos y a responder ante esta compañía. Para ella será una cuenta regresiva hacia su libertad, pero para mí es la ventana de oportunidad perfecta. Si cree que me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo los días se agotan para verla marchar, no me conoce en absoluto.
Sonreí para mis adentros, sintiendo cómo la determinación reemplazaba por completo la culpa. Un mes es tiempo más que suficiente para reestructurar todo a mi favor. Si Naer piensa que este mes será una simple transición pacífica hacia su renuncia, está muy equivocada. Voy a usar cada recurso, cada reunión, cada proyecto y cada pretexto profesional para estar cerca de ella, para demostrarle quién soy realmente y para hacerle la vida imposible a todos los que intentaron interponerse entre nosotros... empezando por su dichosa "amiguita" metiche que cree que puede aconsejarle cómo alejarse de mí.
Ellas juegan a la defensiva y cuentan los días; yo juego a largo plazo y acabo de descubrir que tengo el motivo más grande del mundo para no darme por vencido. Este mes en Enterprise no será su escape: será el comienzo de cómo las voy a acorralar hasta que Naer entienda que su lugar, y el de nuestro hijo, sigue estando a mi lado.No me importa cuanto me cueste la recupersre.
.....
El frío del cristal bajo mis nudillos era el único ancla que me impedía perder la cabeza. Un mes. Treinta días exactos en los que Naer estaría obligada a ingresar a Enterprise, a checar su entrada y a estar bajo la misma estructura organizativa que yo lideraba. Para cualquiera, un mes era un suspiro, un parpadeo en el calendario corporativo. Para mí, era una vida entera para rehacer las reglas del juego.
Me levanté despacio de la silla de piel y caminé hacia el ventanal de la oficina. Desde aquí, toda la ciudad parecía un tablero perfectamente diseñado, pero nada de lo que había construido en estas cuatro paredes valía un solo centavo si ella cruzaba esa puerta al final del día treinta para no volver jamás. Un hijo. La sola palabra resonaba en mi mente con el retumbo de un trueno. Había un niño con mi sangre, con la mirada de Naer, creciendo lejos de mi alcance mientras yo gastaba las horas firmando balances y autorizando presupuestos.
El dolor de la separación se transformó, en cuestión de segundos, en un cálculo helado y absoluto.
—Treinta días, Naer... —murmuré contra el cristal, viendo el reflejo de mi propia determinación—. Crees que estás contando el tiempo para liberarte de mí, pero solo me estás dando la ventaja de saber exactamente cuándo debo actuar.
Mi mirada se volvió más firme al pensar en la intervención de su amiga. Sabía perfectamente quién le había llenado la cabeza de ideas sobre cláusulas y estrategias legales. La "voz de la razón" creía que había ganado una pequeña batalla al convencerla de quedarse a cumplir el contrato para evitar penalizaciones, pero en realidad, le había tendido la trampa perfecta sin saberlo. Al evitar una salida abrupta, la mantuvo dentro de mi alcance, dentro de mi terreno. Y en Enterprise, yo dictaba las normas.
Caminé de vuelta al escritorio y presioné el intercomunicador. La voz de mi secretaria resonó casi de inmediato.
—Señor Yiu-Yin, dígame.
—Quiero el expediente completo del departamento de Naer en mi escritorio antes de que termine la hora. Todo: los proyectos en curso, las asignaciones pendientes, las evaluaciones de desempeño y, sobre todo, el cronograma de entregas de este mes.
—Entendido, señor. ¿Pido alguna revisión especial con Recursos Humanos?
—No —respondí con frialdad—. De Recursos Humanos me encargo yo. A partir de hoy, cualquier ajuste, reunión o informe relacionado con el área de Naer deberá pasar primero por mi autorización directa. Absolutamente todo.
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Editado: 01.10.2026