De Peón a Capo

Capítulo 1 : Nadie recuerda a un Peón

Antes de que todos aprendieran mi nombre yo era solo Alessio Conti.

Un chico más en Bellamonte. Uno de esos a los que nadie presta atención, aunque pase todos los días por la misma calle. Durante mucho tiempo pensé que la pobreza era lo peor que podía pasarle a una persona. Creía que el dinero era la respuesta para todo y que, si algún día lograba tener suficiente, el resto de los problemas desaparecerían por sí solos.

Con los años entendí que el dinero no era el verdadero problema. El problema era todo lo que estaba dispuesto a hacer para conseguirlo.

Aquella mañana me desperté antes de que sonara la alarma. Había aprendido a hacerlo después de tantos meses buscando trabajo. Supongo que, cuando llevas demasiado tiempo esperando una oportunidad, el cuerpo deja de dormir tranquilo.

Me senté al borde de la cama y miré la camisa blanca que había dejado doblada sobre la silla la noche anterior. Era la misma que había usado en las últimas entrevistas. La planché tantas veces que ya empezaba a perder el color, pero seguía siendo la más presentable que tenía.

Mientras terminaba de abotonármela, repasé mentalmente el nombre de la empresa. No quería olvidar ningún detalle. Esa entrevista tenía que salir bien. Me lo repetía todas las mañanas, aunque al final casi siempre regresara a casa con las manos vacías.

Entré a la cocina guiado por el olor a café recién hecho. Mi madre ya estaba de pie frente a la estufa, como todas las mañanas. No importaba si había dormido cuatro horas o si el cansancio apenas la dejaba mantenerse despierta; siempre encontraba la forma de levantarse antes que yo.

—Buenos días, ma.

Se giró al escucharme y sonrió.

—Buenos días, hijo. Siéntate, que el desayuno ya está listo.

Obedecí sin discutir. Mientras servía el café, dejó un plato frente a mí con un par de tostadas y unos huevos. No era un desayuno abundante, pero ella tenía el don de hacer que cualquier comida pareciera suficiente.

—¿La entrevista es a las nueve, verdad?

Asentí mientras daba el primer sorbo al café.

—Sí. Si todo sale bien, podría empezar la semana que viene.

—Y va a salir bien.

Sonreí sin mucho entusiasmo.

—Eso mismo dijimos de las últimas tres.

Mi madre negó con la cabeza.

—No hables así. Cada entrevista es una oportunidad distinta.

Me quedé unos segundos en silencio. Había perdido la cuenta de cuántas veces había escuchado la frase «te llamaremos». Al principio la esperaba con ilusión; después empecé a odiarla.

—Ya aparecerá algo, Alessio. Solo no dejes de intentarlo.

La miré. No sé de dónde sacaba tanta fe. Tal vez las madres nacían con una reserva infinita de esperanza o tal vez fingían mejor que el resto. Nunca se lo pregunté.

Terminé el desayuno, me puse de pie y tomé mi chaqueta.

—Bueno... deséame suerte.

—Ven acá.

Di un paso hacia ella.

Frunció el ceño por un instante y levantó las manos hasta el cuello de mi camisa. Lo acomodó con la misma delicadeza de siempre, aunque estaba perfectamente bien.

—Listo.

Solté una pequeña risa.

—Siempre haces eso.

—Y siempre lo voy a hacer.

Negué con la cabeza, divertido.

—¿Ahora sí?

—Ahora sí.

Me dio un beso en la frente y, como cada mañana, hizo la señal de la cruz.

—Que Dios te bendiga y te acompañe.

—Amén.

Abrí la puerta y salí del apartamento con una sonrisa que desapareció apenas puse un pie en la calle. Tenía una entrevista, tres monedas en el bolsillo y la esperanza de que, por una vez, la vida decidiera darme una oportunidad.



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En el texto hay: accion, triller, capo de narcotrafico

Editado: 10.07.2026

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