De Peón a Capo

Capítulo 2

No conseguí el trabajo.

Ni siquiera tuve que esperar a que me llamaran para saberlo. Bastó con ver la expresión del hombre que me entrevistó cuando cerró la carpeta donde estaba mi currículum.

—Buscamos a alguien con más experiencia.

La misma respuesta de siempre.

Le di las gracias, estreché su mano y salí del edificio con una sonrisa educada. Aprendí hacía tiempo que discutir no cambiaba nada.

En cuanto la puerta se cerró detrás de mí, la sonrisa desapareció.

Metí las manos en los bolsillos de la chaqueta y empecé a caminar sin un rumbo fijo. No tenía prisa por volver a casa. Mi madre iba a preguntarme cómo había ido la entrevista y, aunque nunca me presionaba, odiaba verla intentar ocultar su decepción para no hacerme sentir peor.

Miré las tres monedas que llevaba en el bolsillo y las hice sonar entre los dedos.

No alcanzaban para mucho.

Suspiré y seguí caminando hasta que las calles elegantes fueron desapareciendo poco a poco. Los edificios altos dieron paso a fachadas descuidadas, negocios pequeños y aceras rotas. Estaba de vuelta en Bellamonte.

Fue entonces cuando escuché los gritos.

Al principio pensé que era otra discusión entre vecinos. En mi barrio eso no era raro. Pero, al doblar la esquina, vi a tres hombres rodeando a uno de los tenderos de la zona.

Nadie intervenía.

Algunas personas miraban de reojo antes de seguir su camino. Otras bajaban la cabeza, como si no hubieran visto nada.

Eso fue lo que más me llamó la atención.

El miedo.

—Te dimos una semana —dijo uno de los hombres con absoluta calma—. La semana terminó ayer.

—Denme un par de días más, por favor... Solo un par de días.

—Las deudas no esperan.

El hombre tragó saliva. Parecía estar a punto de arrodillarse.

Miré a mi alrededor esperando que alguien dijera algo.

Nadie lo hizo.

Di un paso al frente.

—Déjenlo tranquilo.

Los tres se giraron al mismo tiempo.

Uno de ellos me observó de arriba abajo sin decir una palabra.

—¿Y tú quién eres?

Antes de que pudiera responder, el hombre al que acababa de intentar ayudar levantó la cabeza.

—Déjalo. Solo es otro perdedor del barrio.

Lo miré unos segundos.

No esperaba que me diera las gracias, pero tampoco aquello.

Solté una risa corta y negué con la cabeza.

—Que te jodan.

Me di media vuelta y seguí caminando.

Había dado apenas unos pasos cuando escuché una voz detrás de mí.

—Eh.

No respondí.

—Oye.

Esta vez me detuve.

Me giré despacio y vi que uno de los tres hombres se había separado del grupo. Caminó hasta quedar frente a mí.

Me sostuvo la mirada durante unos segundos.

—¿Cómo te llamas?

—Alessio.

Asintió lentamente, como si quisiera memorizar el nombre.

Luego sonrió apenas.

—Dime una cosa, Alessio...

Hizo una breve pausa.

—¿Te gustaría ganar buen denaro?



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En el texto hay: accion, triller, capo de narcotrafico

Editado: 10.07.2026

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