¿de quién es el bebé?

18. Hasta el último cartucho.

Los dos ocuparon el sofá y se quedaron en silencio mirando el sobre encima de la mesa. 

— Deberías abrirlo tú. — Habló Álvaro. — Yo ya sé que Camilo no es hijo mío. 

— ¿Crees que aún podemos fingir que nada ha sucedido? — Preguntó Rubén sin apartar la mirada del sobre. 

— Es difícil fingir que Camilo no ha sucedido. 

Álvaro lo miró cuando notó que Rubén lo hizo. 

— No hablo de Camilo. 

— ¿Quieres fingir que no tienes sentimientos por mí y que no estás celoso por verme con una mujer? ¿Crees que puedas hacer eso? 

Rubén negó y lo dejó de mirar. 

— No, no puedo. 

Llamaron al timbre del telefonillo y Rubén se levantó para ir a abrir a su madre, quién suponía que era en esa ocasión. 

Álvaro agarró el sobre y lo llevó a su habitación, metiéndolo en un cajón de la mesa de noche y regresando al salón. 

Rubén esperaba a su madre con la puerta abierta y lo miró. 

— He guardado el sobre en un cajón de mi mesilla, lo abriremos cuando estemos mejor. — Le dijo Álvaro, que se acercó a él y lo golpeó en el abdomen con un puño. — Cambia esa cara, tía Lucy se va a dar cuenta de que te pasa algo. 

Escucharon en el pasillo la puerta del ascensor abrirse y Álvaro caminó hasta allí al ver salir a mamá Lucy con Camilo en brazos. 

— Hola. — Lo saludó Lucy. Camilo se echó a llorar queriendo ser cargado por Álvaro y él lo hizo. — Ya estás con papá. — Le pareció a Lucy adorable y le preguntó a Álvaro. — ¿Dónde está el otro papá? 

Álvaro miró a su tía al oírla referirse a los dos como los papás de Camilo. 

— Dentro. — Dijo y la ayudó con la bolsa de Camilo que llevaba. — ¿Quieres un café? — Le ofreció mientras caminaron hasta el piso. 

— No, gracias. — Lo rechazó Lucy. 

Entraron en el piso y Álvaro notó que Rubén no estaba en el salón. La puerta de las habitaciones estaban abiertas, solamente la del baño se hallaba cerrada. 

— ¡Rubén, tu madre está aquí! — Gritó y dejó la bolsa en el suelo junto al sofá. 

— No voy a quedarme mucho rato. — Habló Lucy y Álvaro la miró. — El padre de Rubén ha prometido que iremos a comer fuera. 

Álvaro sonrió y pensó en sus padres, en si ellos podían darse el gusto de salir a comer un día fuera de casa. 

Rubén salió del baño y se acercó a Álvaro quitándole a Camilo de los brazos, luego caminó hasta el sofá. 

— Saluda a tu madre por lo menos. — Le dijo Álvaro serio. 

— Ya he hablado con ella por teléfono. — Respondió Rubén. 

Lucy le ofreció a Álvaro otra bolsa que traía y él la agarró extraño. 

— He notado que la ropa se le está quedando pequeña a Camilo y le he comprado un par de cosas. — Habló Lucy. 

— No tenías que hacerlo. — Se sintió Álvaro mal. 

— Sea de quien sea, este niño será mi nieto. — Le sonrió Lucy. 

Álvaro le devolvió la sonrisa a su tía y Lucy miró a su hijo. 

— Me voy, hijo. 

Rubén asintió sin más y Álvaro se lanzó a hablar para camuflar la rara actitud de Rubén. 

— Te acompaño al ascensor, tía. — Le dijo y soltó la bolsa en el suelo para agarrarla del brazo. 

— No hace falta. — Le dijo Lucy y se soltó de él. — Nos vemos. Adiós, Camilo, la abuela se va. 

Mamá Lucy se fue entonces y Álvaro cerró la puerta tras verla subirse en el ascensor. 

— Has sido muy maleducado con tu madre después de que ha traído a Camilo todo el camino en brazos. — Lo regañó Álvaro y cuando Rubén levantó la mirada, se percató de que sus ojos se habían enrojecido. — ¿Estabas llorando en el baño? 

— Estaba lavándome la cara. — Lo corrigió. 

Álvaro se acercó y se sentó a su lado. Camilo se tiró hacia él enseguida y Álvaro lo cargó sentándolo en su regazo. 

— ¿Nos has echado de menos? — Le preguntó al niño, sosteniendo su espalda y mirando después preocupado a Rubén. — Papá sí te ha extrañado… 

— Deja de mirarme así. 

— Pues cambia la cara. Me haces sentir mal y responsable. — Le gruñó Álvaro. — No sé ni porqué… Has quedado con una chica esta noche… — Se indignó y lo golpeó en el brazo con el codo. 

— Anulo la cita si tú anulas la tuya con Irati. 

Rubén le devolvió el golpe y Álvaro se rió. 

— ¿Has quedado con una chica solo por qué me escuchaste quedar con Irati? 

— Sí. — Rubén se echó casi encima de él, acercando su rostro al cuello de Álvaro y aferrándose con las manos a su cuerpo. — Vamos a quedarnos los dos esta noche en casa con Camilo.

— Para. Rubén. 

Álvaro se encogió para escapar de sus manos que lo agarraba por todos lados, pero Rubén lo aferró y lo pegó a su cuerpo aún más. 

— Dijiste que lo ibas a intentar y aún no lo has hecho… — Musitó Rubén y Álvaro lo miró serio. 

— Vas a salir herido si seguimos así. Eres mi mejor amigo, no quiero que estés mal por mi culpa. 

Rubén se echó atrás y lo miró también. 

— Ya estoy herido, así que al menos quiero quemar hasta mi último cartucho. — Lo agarró de la mandíbula y lo besó brevemente en la boca, luego pegó sus frentes. — Hagamos pirotecnia juntos, ¿sí? 

— Eres muy intenso. — Le dijo Álvaro y miró a Camilo cuando sus balbuceos llamó la atención de los dos. — ¿Podemos esperar unos días más antes de abrir la carta? Necesito hacerme a la idea de que no es hijo mío. — Le pidió a Rubén y él asintió. 

— No te hagas el tonto y respondeme. 

— Haré pirotecnia contigo. Pero bajaré a disculparme con Irati por no quedar con ella. 

— No puedes solo llamarla o enviar un mensaje. 

— No. — Álvaro se levantó con Camilo y lo miró. — Me llevo a Camilo. 

— No dejes que coja a mi hijo. 

Rubén puso cara seria y Álvaro negó por lo infantil que resultaba a veces. 

— Si no tienes nada que hacer ponte a limpiar o algo. Estoy harto de limpiar siempre yo. 

Álvaro arrugó la cara y caminó con Camilo hasta la puerta. 



#791 en Novela romántica
#295 en Chick lit

En el texto hay: romance, drama, gay

Editado: 17.05.2024

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.