¿de quién es el bebé?

24. Jugando como adultos.

Álvaro pasó con Camilo por el gimnasio en el que Rubén trabajaba, era cerca de su hora de salida y lo buscó sin moverse de la misma puerta. 

— ¿Dónde está papá? — Preguntó a Camilo y lo encontró. 

Rubén estaba corrigiendo la postura de una chica que hacía sentadillas con peso. Álvaro no perdió detalle de donde o como Rubén ponía sus manos en el cuerpo de la chica. 

— Álvaro. — Lo llamó Quero, el dueño del gimnasio, que se acercó al verlo en la puerta parado. — Oh, ¿él debe ser Camilo? — Se refirió al niño y Álvaro le asintió. — ¿Vienes buscando a Rubén? 

— Solo pasaba por la puerta y entré a saludar. — Respondió Álvaro. 

— Si decides apuntarte te haré descuento por socio habitual. — Le ofreció Quero. — No creo que a Rosy le parezca mal. 

Quero no tenía más de treinta y cinco años, estaba casado y su mujer manejaba las cuentas del gimnasio. 

— Lo pensaré. La verdad es que no me vendría mal, pero acabo de empezar a trabajar y no tengo mucho tiempo. 

— El que no se cuida es porque no quiere. — Habló Rosy, que se acercó con una tablet en las manos y sonrió a Álvaro. — ¿Pero y está cosita? — Se acercó aún más a Álvaro para ver a Camilo. 

— Camilo. — Lo presentó Álvaro.

— Hola, Camilo. Yo soy Rosy. — Le habló Rosy con voz dulce y Quero miró extrañado a su esposa. 

— ¿Por qué pones esa voz? — Le preguntó Quero. 

— Tonto. A los bebés se les habla así. 

— ¿Cómo tontos? — Rosy se molestó y se alejó de inmediato. — Hoy duermo en el sofá. 

Álvaro sonrió cuando Quero se marchó también y él volvió a buscar a Rubén. Seguía en el mismo lugar, con la misma chica, pero lo miraba a él pese a las sentadillas que la chica hacía. 

— Puede que me apunte al gimnasio cuando Camilo se vaya. — Habló Álvaro, mientras caminaban hacia casa. Rubén, que cargaba con el niño, lo miró. — Así no notaré tanto que no está, porque llegaré a casa más tarde y cansado y me vendrá bien para bajar los kilos que he cogido en verano. 

— ¿Y cuándo nos veremos? — Le pareció mal a Rubén que no habría tiempo para ellos. 

Álvaro lo miró serio. 

— No tengo que pensar en eso. 

— Insensible. 

— He visto cómo manoseabas a esa chica. Que poco profesional. 

— Retira eso, no hago ningún tocamiento que no sea estrictamente profesional y respetuoso. 

— Tengo ojos, imbécil. Reconoce que te gusta y que por eso la estabas ayudando con tanto empeño. 

— Te pasas. — Se molestó Rubén.

— Pero no miento. 

— ¿Vas a seguir? — Se detuvo Rubén y Álvaro se rió parándose más adelante. 

— Hagámoslo esta noche hasta el final después de acostar a Camilo. — Le propuso. 

— ¿Qué váis a hacer? ¿Me puedo unir? — Les preguntó por sorpresa Diego, y los dos lo miraron acercarse vestido con ropa cómoda y chanclas. 

— No. — Álvaro y Rubén le contestaron a la vez y con el mismo tono serio. 

— Tampoco quería. — Dijo Diego y siguió caminando hacia un supermercado. 

Tras darse una ducha, Rubén se asomó a la habitación de Álvaro y lo vio acercarse a él habiendo dejado a Camilo en la cuna. 

— No hagas ruido. — Le prohibió Álvaro y lo empujó fuera, cerrando la puerta de la habitación. 

— He terminado en el baño. — Lo avisó Rubén. 

— ¿Te has lavado bien? 

Álvaro sonó y sonrió pícaro. 

— Me intimidas. — Dijo Rubén y lo agarró de la barbilla acercando sus caras. — Estoy limpio para ti. 

Álvaro lo agarró de la muñeca y se soltó de la barbilla. 

— Me doy una ducha rápida, esperame en tu habitación. 

Rubén sonrió cuando Álvaro se dirigió al baño. 

— Estoy nervioso y todo. — Se reconoció Rubén y fue a su habitación, donde se tiró en la cama a esperarlo. 

Había esperado mucho para ese momento, aunque siempre creyó que sería él el activo. No serlo no le importaba, pero añadía un plus de miedo a sus nervios. 

Álvaro se lavó el cuerpo y salió del baño solo con una toalla alrededor de las caderas. 

Rubén se incorporó en la cama al verlo entrar. 

— Vas rápido. — Le dijo por verlo sin ropa. 

— Para lo que va a durar puesta. — Habló Álvaro, subiéndose encima de las piernas de Rubén y pasándole los brazos por lo alto de los hombros. — Juguemos como en los viejos tiempos. — Quiso lanzarse a besarlo, pero Rubén apartó la cara. 

— ¿Serás cuidadoso con esa zona? — Le preguntó preocupado. 

— Claro. — Sonrió Álvaro. — Recuerda que de los dos, era yo quien siempre cuidaba sus juguetes. ¿Podemos empezar ya? 

— Sí. — Rubén sonrió y lo despojó de la toalla. — No lo vas a necesitar a partir de aquí. 

Álvaro miró hacia abajo y Rubén lo besó en la boca, tumbándolo en la cama con él encima. 

Sin aliento y sudado, Álvaro se hizo a un lado en la cama y sonrió con la mirada en el techo, no era su primer anal, aunque si haciéndolo con un hombre y le había gustado. Miró a Rubén que intentaba respirar con normalidad y se tumbó hacia él besándolo en los labios de forma suave. 

— Con esto se acabó nuestra sana amistad… — Le comentó Álvaro y lo rodeó con un brazo para quedarse apoyado con la cabeza en su hombro. 

— Hace tiempo que se acabó. — Respondió Rubén, acariciándole el brazo y mirándolo a los ojos. — Salgamos juntos a partir de ahora. 

— Rubén. — Álvaro no quiso ir tan rápido. — Solo lo hemos hecho una vez, tomemoslo con calma. 

— De acuerdo. Pero luego no te molestes si soy amable con las socias del club. 

Álvaro lo golpeó a puño cerrado en el costado y Rubén se quejó y encogió. 

— Miserable. — Se incorporó Álvaro bajando los pies de la cama y Rubén se tiró sobre su espalda. — Suéltame, Rubén. No seas pegajoso. 

— No quiero. — Rubén apoyó su cabeza en la cabeza de él. — No sabía que lo hacías tan bien... 

Álvaro se rió. 

— Tú tampoco lo has hecho mal. 



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En el texto hay: romance, drama, gay

Editado: 17.05.2024

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