¿de quién es el bebé?

39. Feliz cumpleaños.

A los días, Álvaro estaba apoyando en la cuna de Camilo. 

La habitación del niño disponía de todos los muebles, cuna, cambiador, sillón. Fernando la había mandado a preparar al igual que la habitación que les dio a ellos. 

Álvaro miró su teléfono móvil viendo que solo quedaban unos minutos para ser las doce de la noche, quería ser el primero en felicitar a Rubén por su cumpleaños. 

— Cami, duérmete a dormir para que pueda ir a felicitar a tu papi. — Le pidió al niño y apoyó la frente en su brazo mirando hacia su habitación. Camilo balbuceó divertido y Álvaro lo miró. — ¿No tienes sueño? La abuela Lucy no debió dejarte dormir tanta siesta. — Camilo se agarró los pies sin dejar de mirar a su padre con los ojos bien despiertos. — Eres un conquistador. — Le dijo Álvaro cuando se le cayó la baba con él. 

El niño se rió y Álvaro se incorporó, llamando a Rubén con un grito. 

— ¿Qué? — Le preguntó Rubén desde la habitación. 

— Tu hijo no quiere dormir. — Le dijo. 

— Déjalo solo. Verás como se duerme. 

— No. Se echará a llorar si me voy. ¿Puede venir? — Rubén no respondió y Álvaro se quedó mirando hacia la habitación. 

Su móvil le vibró varias veces en la mano y lo miró descubriendo que sus amigos estaban felicitando a Rubén por el chat grupal que compartían. 

— ¿Qué? — Le preguntó Rubén entrando en la habitación de Camilo y Álvaro lo miró. 

— Felíz cumpleaños. — Lo felicitó. 

Rubén sonrió. 

— ¿Me has llamado para felicitarme? — Se acercó a él, mirando a Camilo despierto. 

— Quería ser el primero. — Respondió Álvaro y le enseñó las notificaciones de su teléfono. — Todos te están felicitando, casi no logro ser el primero. Felicidades, que sigas cumpliendo muchos más. 

— Eso está bien, pero ¿y mi regalo? 

— No tengo un regalo. — Álvaro bajó el teléfono y le dijo. — Conformate con que no me he olvidado. 

Rubén le puso cara seria y Álvaro se rió. 

— Es broma. Lo tengo en la habitación escondido en el armario. Ayúdame a dormir a Camilo y te lo doy. 

— Un beso primero. — Se inclinó Rubén para recibirlo y Álvaro lo besó brevemente. — Me sabe a poco. — Álvaro le pasó entonces los brazos por encima de los hombros y le dio un beso completo, tan largo y apasionado que les faltó el aire. — Rico. — Se lo gozó Rubén. 

Álvaro se rió y le dio otro breve beso. 

— Feliz veintitrés años… 

— El mejor de todos mis cumpleaños.

Álvaro le agarró la cara por la mandíbula y se la agitó. 

— El primero juntos. ¿Lo celebramos mañana? 

— De eso te quería hablar, cuando he recogido hoy a Camilo mi madre me ha dicho que nos espera mañana para cenar. — Álvaro lo soltó pensando en sus padres. — Le he dicho que sí porque hasta el fin de semana no lo vamos a celebrar con los chicos. — Le dijo Rubén. 

— Está bien. Tu madre quiere tenerte en casa por tu cumpleaños. Vayamos. — Asintió Álvaro y Rubén sonrió. 

Al día siguiente, los dos se encontraron después del trabajo y fueron juntos a la casa de los padres de Rubén. Camilo estaba allí con mamá Lucy desde por la mañana y en brazos de Dalton lloró por querer irse con Álvaro. 

— Os ha salido con papitis. — Se rió Óscar. 

Álvaro sonrió cargando con Camilo. 

— Mi niño. — Lo llamó mientras lo abrazaba y vio a su hermana Sara salir de la cocina. — ¿Qué haces aquí? 

— Yo le he dicho que venga. — Habló mamá Lucy que salió también de la cocina y sonrió al ver a Camilo en brazos de Álvaro. — Mírate, ya estás contento. — Le dijo al niño. 

— ¿Y papá y mamá? — Preguntó Álvaro a su hermana. 

— Tía Lucy los ha invitado pero mamá no ha querido venir. — Le contó Sara. — Está muy irritable estos días. 

— Lleva eso a la mesa. — Le ordenó Lucy por la bandeja que Sara cargaba y le dijo luego a Álvaro. — Se le pasará. 

Álvaro asintió y miró a Rubén que entró en la casa. 

— ¿Qué hacías ahí fuera? — Le preguntó su padre. 

— Una llamada. — Contestó Rubén mostrando su teléfono móvil y recibió un abrazo y un par de besos de su madre. 

— Felicitando mi vida. — Lo felicitó mamá Lucy. 

— Gracias, mamá. — Respondió Rubén y recibió también las felicitaciones de su padre y de su hermano pequeño. 

Dalton lo abrazó y Rubén le acarició el cabello. 

Álvaro sonrió gustándole la unión de Rubén con su familia y no pudo evitar mirar por la puerta abierta la casa de sus padres al otro lado de la calle. Solo reaccionó cuando Rubén lo agarró, poniéndole una mano en la cabeza y agitando su cabello.

Toda su familia había pasado al salón. 

— Estoy bien. — Le dijo Álvaro. 

— A mí no me puedes engañar. 

— De verdad estoy bien. 

Rubén bajó su mano hasta el cuello de Álvaro y los dos se asustaron cuando fueron iluminados por un flash. 

Sara sonrió detrás de su teléfono. 

— Buah, vale la pena sacrificar mi amor por esto. — Habló Sara. 

Rubén sonrió viéndolo como una chiquillada, pero Álvaro miró serio a su hermana. 

— Borra eso. — Le ordenó al tiempo que hacía a Rubén cargar con Camilo. 

— No. 

Sara corrió al salón y Álvaro la persiguió hasta que oyó la voz de su padre. 

— Sentimos llegar tarde. 

Álvaro se detuvo viendo a sus padres entrar por la puerta y como Rubén que estaba allí, los saludó. 

— Han venido. — Dijo Sara, que paró al lado de su hermano. 

— Borra eso. — Le dijo Álvaro y caminó hasta sus padres. 

— Hijo. — Lo saludó su padre yendo dentro. 

— Hola, papá. — Sonrió Álvaro y miró a su madre que se acercó a él. — Hola, mamá. 

— Hola, hijo. — Mamá Margaret le acarició el brazo al pasar por su lado de camino al salón. 

— No te olvides de respirar. — Bromeó Rubén, que se acercó a Álvaro y lo vio retener todas las emociones que sentía. — Son tus padres, actúa normal. — Colocó una mano en el pecho de Camilo que se lanzó para irse con Álvaro. 



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En el texto hay: romance, drama, gay

Editado: 17.05.2024

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